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“Mirá que nadie es inmortal”: el extraño diálogo entre Sebastián Marset y un agente de la DEA que le seguía sus pasos en Colombia
En medio del bullicio y el ir y venir de centenares de viajeros que reinan en el aeropuerto El Dorado, de Bogotá, Michael Greisen sabía a quién buscaba. Se acercó a una venezolana y no tuvo necesidad de confirmar su nombre; tenía claro que se llamaba Susana Castaño Ríos y que era la novia de uno de los narcos más buscados en el mundo: el uruguayo Sebastián Marset, que en ese momento, marzo de 2025, era considerado por la DEA como el “nuevo Pablo Escobar”. Un año después, el hombre considerado uno de los “alfiles” de la logística del tráfico de drogas a través de la hidrovía Paraná-Paraguay está preso en los Estados Unidos. El veterano agente de la DEA no dio vueltas y le entregó a la mujer su tarjeta personal; le propuso hablar sobre su nueva pareja, que en ese momento estaba prófugo, pero seguía moviendo cargamentos en Sudamérica, entre ellos, uno que fue secuestrado en mayo pasado en la localidad de Vera, en el norte de Santa Fe, donde la Policía Federal incautó 442 kilos de droga provenientes de Bolivia.Por lealtad a su narconovio, Castaño Ríos rechazó la invitación que le hizo el agente antidrogas norteamericano en medio del ruido del aeropuerto bogotano. Los investigadores estadounidenses sabían que “Susana” sabía dónde se escondía el dealer. Según medios bolivianos, ella había conocido a Marset en su mansión de Santa Cruz de la Sierra por su trabajo como empleada doméstica, y luego nació el amor.La esposa de Marset, Gianina García Troche, estaba en ese momento en Madrid; la habían detenido en el aeropuerto de Barajas —aunque todo hace suponer que se entregó a Interpol— y en mayo de 2025 fue extraditada a Paraguay.Greisen no se resignó tras el rechazo de la novia del narcotraficante; unos días más tarde —según el documento de la Justicia estadounidense al que tuvo acceso LA NACION—insistió con un mensaje al celular de la joven venezolana, que tampoco respondió. Lo extraño de la trama, que se cuenta en detalle en el proceso judicial, es que el agente de la DEA probó esa misma noche de marzo de 2025 mandarle un WhatsApp al propio Marset.“Este acercamiento se realizó para alentar al demandado a entregarse, una práctica común en las investigaciones de la DEA”, señala el documento judicial. El texto que le envió el agente norteamericano fue escrito en español. Sin vueltas, la propuesta fue clara y directa al proponerle a Marset que se entregara. Greisen estaba por esos días en Bogotá y el capo narco uruguayo seguía escondido con paradero desconocido. Se desprende de la conversación y de la presencia de Susana Castaño Ríos en Bogotá que la DEA sospechaba que Marset podría estar en Colombia en ese momento.“Sebastián, mi nombre es Mike Greisen y soy agente de la DEA. Hemos intentado dos veces darte la oportunidad de establecer comunicación directa conmigo y con mi equipo. Parecería que has rechazado ambas oportunidades. Queríamos informarte y explicarte cómo podrías resolver tus problemas con los Estados Unidos de manera discreta y profesional, reconociendo tus preocupaciones por tus hijos y otros seres queridos”, le explicó de forma didáctica el agente.El texto seguía con una advertencia: “Me gustaría explicarte cómo abordar esas preocupaciones mientras resuelves tus problemas con los Estados Unidos, problemas que no van a desaparecer. Tienes la oportunidad de hacer las cosas bien. De lo contrario, simplemente estás esperando el día de tu inminente captura”.Greisen decidió en ese momento recordarle al líder del Primer Comando Uruguayo (PCU) algunos logros de la agencia norteamericana en la detención de narcos de peso. Era una manera de insinuarle que tarde o temprano lo iban a detener. “La Justicia de Estados Unidos tiene un brazo, vastos recursos y paciencia. Mantendremos la presión hasta capturarte, tal como lo hicimos con El Chapo, el Mayo, Caro Quintero, Otoniel y muchos otros. La decisión es tuya”. El agente hacía referencia a Joaquín “El Chapo” Guzmán, del cartel de Sinaloa, detenido hace una década; a Ismael “El Mayo” Zambada, del mismo grupo narco, capturado en 2024; a Rafael Caro Quintero, referente del cartel de Guadalajara, extraditado a los Estados Unidos el año pasado, y y Dairo Antonio Úsuga David “Otoniel”, jefe del cartel del Golfo, de Colombia, arrestado en 2021.Inesperado chateo Lo raro de esta trama entre el agente de la DEA y el jefe narco es que Marset decidió responderle. No es extraña esa reacción debido al perfil histriónico de este narcotraficante, que jugaba con la camiseta número 10 en los equipos de fútbol que financiaba en Paraguay y Bolivia, y grababa videos para difundirlos en los medios mientras estaba prófugo. Un personaje que, a la par de esa vida marcada por el crimen organizado y el narcotráfico, que le había dado fortunas, era sanguinario, como lo muestran las investigaciones judiciales en Paraguay, en las que se relata cómo asesinó con sus propias manos a su primo hermano Diego Olivera Cabrera y lo tiró de su camioneta Mercedes-Benz en la ciudad paraguaya de Mariano Roque Alonso, en 2020.“Momentos después, el demandado respondió con una serie de mensajes indicando que nunca sería capturado, que sus únicos problemas legales eran con Paraguay y que resolvería esos problemas con dinero”, señala el documento judicial.En el intercambio de mensajes, Marset fue más escueto que el agente de la DEA. “No me van a capturar nunca” y “La justicia no existe”, escribió. Greisen respondió, según el documento, con otra advertencia más formal: señaló que la ley de conspiración de los Estados Unidos es un asunto complejo y le aconsejó hablar con un abogado defensor en su país. Pero Greisen buscó además tocar la fibra que más afectaba al narco: sus cuatro hijos, uno con una relación anterior, que tiene 11 años, y tres con García Troche. Los niños viven actualmente en Madrid con sus abuelos maternos.El agente de la DEA advirtió que los familiares, incluidos los hijos de los narcotraficantes, a menudo corren peligro debido a la violencia inherente al tráfico de drogas. Y le repitió que la única salida de este estilo de vida violento es entregarse o ser arrestado. “Entiendo tu posición y las complejidades involucradas. Pero como profesional, voy a seguir haciendo mi trabajo, hermano. Me comuniqué personalmente para enviarte este mensaje directamente. Realmente aprecio tu franqueza. Simplemente estoy tratando de ofrecerte una salida y salvar la vida de tus hijos”, apuntó Greisen. Marset tenía en su foto de perfil de WhatsApp una imagen de sus hijos.Marset volvió a responder con una serie de mensajes. Afirmó que sus hijos estaban vivos y preguntó: “¿Los van a matar o qué?” Sin esperar respuesta, agregó: “Yo soy mucho más inteligente que toda la DEA junta”. “Estás acostumbrado a los sapos que tienen por tu país”, escribió el capo narco, y subió el tono de sus amenazas contra el agente de la DEA: “Mirá que nadie es inmortal. Hijo de puta. Vos debes de ser un sapo más. Convertido en DEA”.Enojado y fuera de sí, Marset decidió llamar a Greisen por WhatsApp, en una conversación que duró unos dos minutos. Greisen grabó esa charla. “Llevo tres años huyendo y seguiré huyendo toda mi vida si es necesario. Nunca me van a atrapar. Deja en paz a mi novia porque las cosas se van a poner feas. Mirá, no tengo miedo de eso, ni de la DEA, ni de nadie. No le tengo miedo a nadie. Todos somos mortales”. El agente le respondió que los cargos no iban a desaparecer, a lo que el uruguayo contestó: “No me interesan los cargos. Soy un criminal; seré un criminal toda mi vida, venga quien venga a buscarme”, y cortó la llamada.La DEA inició, a partir de ese momento, una cacería contra Marset que terminó, como le había anticipado Greinsen, con su detención. Al cabo de tres meses de investigación, un grupo de élite ejecutó el operativo del viernes 13 de marzo de 2026 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Según reconstruyó la policía boliviana, el operativo se realizó alrededor de las 3 de la madrugada en dos casas ubicadas a ocho minutos de distancia: en una estaba el grupo de seguridad del uruguayo —cuatro personas detenidas— y en la otra, una residencia del barrio Las Palmas, fue atrapado Marset.Marset fue expulsado a los Estados Unidos el mismo día de su detención. Tras su arresto fue entregado en el aeropuerto local a agentes de la DEA, que lo trasladaron en un avión. El presidente boliviano Rodrigo Paz calificó la operación como un “hecho histórico para la región y la humanidad”, mientras que Washington la enmarcó como resultado de su iniciativa regional Escudo de las Américas.La DEA, que había hostigado a Marset con la insistencia que reflejan los mensajes de Greisen, cerró así una persecución que se remontaba a 2023, cuando el uruguayo había logrado escapar de un operativo en esa misma ciudad boliviana. El Departamento de Justicia estadounidense ofrecía una recompensa de 2 millones de dólares por información sobre él, acusado de haber movido al menos 16 toneladas de cocaína.En los allanamientos posteriores, la policía boliviana incautó bienes valuados en 15 millones de dólares: cinco viviendas, una decena de vehículos de alta gama, 21 armas de fuego, tres fusiles de guerra AK-47, más de 600 municiones y 16 aviones que, se presume, formaban parte de la estructura de tráfico de drogas.En los Estados Unidos, el escenario judicial se agravó con rapidez para Marset. La acusación original, presentada en 2024, contemplaba un único cargo: conspiración para lavar dinero. El viernes 26 de junio de 2026, el equipo del fiscal federal adjunto Anthony T. Aminoff presentó ante el Tribunal de Distrito del Este de Virginia una nueva acusación que sumó tres cargos más, entre ellos, el de “conspiración narcoterrorista”.El giro confirmó que las negociaciones por un acuerdo de culpabilidad, que habían llevado a sucesivas postergaciones de la audiencia, habían naufragado. Los cuatro delitos que enfrenta son conspiración para el narcoterrorismo —el más grave, con una pena máxima de cadena perpetua—, conspiración para poseer con fines de distribuc
Fuente: La Nación