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La frontera más chica del mundo: 85 metros de arena y una gastada cuerda azul en una zona caliente
Una cuerda azul sobre la arena, una caseta que parece improvisada, con mesa y sillas de plástico bajo una sombrilla, y ahí, sentados, dos o tres militares. Eso es todo lo que marca la frontera más chica del mundo: separa Marruecos de España, mide apenas 85 metros y, si no fuera por esa especie de garita, sería muy fácil de cruzar, ya que solo la demarca esa soga, “una simple cuerda, desteñida por el sol y algo desgastada”, como describió la National Geographic (NG). Pero nadie puede hacerlo. En concreto, la línea divide el Peñón de Vélez de la Gomera, una especie de fortaleza española, de África, aunque el peñón se ubica en el norte de ese continente, a unos 150 kilómetros al este de Tetuán, la ciudad marroquí. Es una “mole” de 19.000 metros cuadrados, con 87 metros de alto y entre 15 y 100 de ancho.Una escalera tallada en la piedra, un helipuerto sobre el peñón mismo (y otro marcado apenas con una H de piedras, sobre la arena), una iglesia, una desalinizadora (antes llevaban agua potable desde Málaga, a 185 kilómetros), un cementerio ya destruido, del que tuvieron que sacar los restos y trasladarlos o a Ceuta o a Melilla, que quedan a una distancia de entre 117 y 126 kilómetros en línea recta. Todo lo que hay hoy es dependencia militar.Al otro lado, Marruecos: la costa y la aldea de Badis, una pequeña comunidad pesquera que da al Mediterráneo, llena de botes, de familias que se bañan en el mar. A nadie le interesaría cruzar (o saltar apenas) esa soga: para los marroquíes, el otro lado es solo un montón de rocas, ese peñón militar que antes, hasta hace menos de un siglo, era una isla.La conquista del peñónEse pedazo de tierra se convirtió en frontera hace relativamente poco, cuando quedó unido al continente africano por un “tómbolo de arena”, como describe el medio español ABC. Antes de ser tierra continental era una isla fortificada que servía de refugio para los piratas. En 1508, el recién nombrado capitán general de la armada, Pedro Navarro, lo tomó para España por orden de los Reyes Católicos, que buscaban conquistar varios reductos en el norte de África para frustrar los ataques de los corsarios, que representaban un problema para el tráfico marítimo. Por eso empezaron a bloquearles los posibles escondites, como el peñón cuando era una isla. Antes, y por las mismas razones, habían conquistado Melilla (en 1497) y otros parajes. Navarro llegó a Vélez de la Gomera el 23 de julio de ese año y conquistó el islote. Enseguida mandó a fortificarlo y dejó a varios hombres para que lo custoridaran. Pero duró poco en manos españolas: en 1522 llegaron otros piratas, que contaban con el apoyo del sultanato wattásida, una dinastía que gobernó parte del norte de Marruecos durante los siglos XV y XVI. Era diciembre, el jefe que había quedado a cargo, Juan de Villalobos, vio que se acercaba una flota desde Andalucía. Les abrió la puerta sin dudarlo: creía que eran refuerzos desde España. Los piratas mataron a todos. Por supuesto, después de ese hecho intentaron recuperar el territorio en más de una ocasión. Hasta que en 1564, Felipe II, que gobernó desde 1556 hasta 1598, mandó a reconquistarlo con una armada enorme: 93 galeras y 60 buques menores. Lo lograron el 6 de septiembre de ese año, pero no solo gracias a esa flota, sino también al financiamiento del Papa, los Doria (familia noble de Génova), Malta y Toscana. Desde entonces, el peñón no volvió a cambiar de soberanía. Una lengua arenosaSiglos después de la conquista, se llevó a cabo la guerra del Rif, un conflicto colonial y anticolonial, entre 1909 y 1927, que se desarrolló sobre todo en la región montañosa del norte de Marruecos: las tribus se rebelaron contra la dominación de España y de Francia. España entonces reforzó su presencia en el peñón, pero en 1922 decidieron evacuar a la población civil, como cuenta el diario peninsular La Razón, y, por la mayor fuerza bélica, lograron que los marroquíes se fueran del lugar.Apenas unos años más tarde, se unió con el continente: “Que no se tenga certeza de cómo cambió el peñón su estatus de accidente geográfico es explicativo de la pérdida de relevancia a la que le condenó el paso de los años. Un terremoto, o quizá una tormenta, entre 1930 y 1934, provocó un desplazamiento de rocas, tierra y arena que creó un istmo entre el Peñón de Vélez y la costa del norte de África”.Por su parte, National Geographic elige la opción del terremoto y explica: en 1930, un sismo de siete puntos de magnitud “hizo emerger sedimentos del mar, de modo que la isla fortificada y el territorio continental quedaron unidos por una pequeña lengua arenosa”. Sea como sea, ese vínculo terrestre, que acercó a dos países, tuvo que separarse de alguna forma: la soga azul. La Vanguardia, además, recupera algunos datos poblacionales: en la década de 1950 el Peñón de Vélez de la Gomera estaba habitado, según el censo, por 24 varones y nueve mujeres (entre 1910 y 1920, antes de aquella guerra del Rif, se hablaba de cerca de 400 habitantes). Para 1956 la población volvió a aumentar. Fue el período en que España se retiró del Protectorado de Marruecos, y ya para 1960 había llegado a tener 152 habitantes, gracias al reacuartelamiento en los territorios españoles del norte de África. Hoy es exclusivamente un enclave militar, en la costa entre Ceuta y Melilla, que depende de la Capitanía Marítima de Melilla. Y no cualquiera puede entrar, por supuesto, aunque fuera fácil, como se dijo, pasar por encima de esa soga. Quienes quieran visitarlo deberán llegar por agua y hacer sellar el pasaporte.En 2012, unos activistas del Comité de Coordinación para la Liberación de Ceuta y Melilla subieron al peñón y colocaron banderas marroquíes en la cima. Claro, al tratarse de una base militar, enseguida detuvieron a algunos miembros de ese grupo, aunque otros corrieron y lograron escapar pasando por encima de esa pobre línea azul, la soga que separa una país del otro, un continente del otro.
Fuente: La Nación