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“No se protege lo que no se conoce”: la historia detrás del programa que enseña a los chicos a cuidar los glaciares
EL CALAFATE.- La oficina de Flavia Raffo está desbordada de papeles, mapas, escenografías; títeres gigantes en papel maché de huemules, cóndores y pingüinos; dibujos de niños, disfraces y libros: así es el lugar donde late el corazón del plan ambiental que en la última década ya llevó a más de 5000 niños y adolescentes a navegar entre témpanos a uno de los sectores más exclusivos del Parque Nacional Los Glaciares (PNLG).Raffo, guía de turismo y con un fuerte compromiso con la naturaleza, creó y dirige el Plan Integral de Educación Ambiental del PNLG que ya cumplió una década y del cual cada año se nutren cientos de estudiantes de El Calafate, El Chaltén y Tres Lagos, las tres localidades cercanas. “Lo que yo propongo son planes como mínimo a diez años, y a partir de ahí darles continuidad”, sostiene en diálogo con LA NACION quien es una de las caras más conocidas de la ciudad. Pero antes de que existiera un plan, una oficina y un equipo, hubo una intuición que ella sostuvo por dos décadas en tres pueblos distintos de la Patagonia: “No se protege lo que no se conoce”, repite. Esta historia nació en el parque nacional Bosques Petrificados, donde Raffo vivió cinco años junto a su esposo, el guardaparques Carlos Zoratti; al mudarse a la ciudad de Caleta Olivia, a 220 kilómetros al norte, descubrieron que la comunidad no se identificaba con los bosques. Así empezó con las charlas por las escuelas.Detrás de esa convicción, que Raffo mantiene intacta hasta hoy, había una certeza: si las comunidades vecinas no valoran ni conocen un área protegida, hay menos posibilidades que la cuiden. Con su formación como guía, su amor por la naturaleza y su gran capacidad autodidacta aprendió a despertar la curiosidad en los niños. Una docente, Jorgelina Carrizo, le enseñó algo clave: a leer el diseño curricular de cada escuela y así preparar material acorde para cada nivel.Pero fue en El Chaltén, siguiente destino de la familia Raffo-Zoratti, donde hizo el piloto del actual plan de educación ambiental. Armó un sistema de charlas, encuentros y actividades con el jardín de infantes y la escuela primaria que hasta el día de hoy se sostienen. “En la primaria y en el nivel inicial es donde se asientan los valores de los chicos, por eso es tan importante la llegada a las escuelas”, advierte.Así nació el Plan de Educación Ambiental Integral, el documento que hoy ordena todo el trabajo de un área enorme, que en 2015 presentó ante la intendencia del PN Los Glaciares y que en 2016 –con otra mudanza familiar– empezó a implementar formalmente en El Calafate.El plan no se limita a las visitas escolares; tiene varios pilares: desde juegos para los jardines de infantes hasta información ambiental, charlas puntuales y capacitación sobre flora, fauna, glaciaciones, geología e incluso cambio climático. Toda la información es brindada desde jardín de infantes hasta séptimo grado a todas las escuelas que reciben materiales adaptados por cada maestro de grado, incluso llegan a proyectos que se exponen en las ferias de ciencia escolares. Maestros consultados para esta nota destacaron la valiosa y precisa información sobre la región que aporta el programa y que no suele figurar en los manuales escolares, razón por la cual desde las instituciones lo hacen propio. Con fluctuaciones, el plan ha alcanzado hasta 10.000 chicos por año entre El Calafate, Tres Lagos y El Chaltén; el número fluctúa ya que los paros docentes suelen afectar las actividades. Durante la pandemia, Raffo ideó un teatro de títeres con los animales y preparó divertidos y didácticos videos que las escuelas enviaban a los estudiantes. A fines de 2021 se sumó Paula Lui, la segunda integrante del equipo.Todo el proceso de aprendizaje culmina con el programa de navegaciones educativas al PN Los Glaciares para los séptimos grados a partir de viajes que los concesionarios ceden a la intendencia en cumplimiento de los pliegos licitatorios. Desde que se inició el programa, más de 5000 estudiantes de las tres localidades realizaron gratuitamente una excursión que hoy a precio de venta ronda los $250.000 por persona. El recorrido es el mismo que miles de turistas hacen cada año: parten en una embarcación desde el Puerto Punta Bandera, navegan por el Lago Argentino hacia los témpanos del glaciar Upsala y el imponente Glaciar Spegazzini; allí tienen un almuerzo en el Refugio Spegazzini, con vista a tres glaciares. Los niños viven también la experiencia de sentirse turistas por un día en su propia tierra.“Quizás para muchos chicos sea la única vez que puedan subirse a un barco y hacer una excursión de este tipo, y eso tiene mucho valor. Es darles la posibilidad de que, desde una salida educativa, aprendan en vivo y en directo visitando y viviendo el lugar”, cuenta a LA NACION Pablo Lofredo, vicedirector de la Escuela Laboral Joven Labrador, de El Calafate. Además de los alumnos de séptimo grado de todas las escuelas, este año también pudieron invitar al nivel secundario, como fue el caso de los alumnos de tercero y cuarto año del Joven Labrador. “No es una excursión para cumplir, se trabaja con tiempo, comparten momentos previos con la gente de Parques, y chicos y chicas se enganchan mucho con la actividad. Es un paseo educativo muy esperado”, afirma Lofredo. Y agrega: “Nosotros vivimos en esta hermosura de geografía y que ellos lo puedan ver de cerca es muy importante, que no solo quede en un video que ven en la escuela”. Laura Iriarte es profesora de inglés en la Escuela Provincial de Jóvenes y Adultos N° 19 de El Chaltén, en la zona norte del PNLG y a 230 km de El Calafate, y esta vez viajó con sus alumnos que van de 22 a 65 años. Destaca la importancia de darles esta oportunidad: “Poder desarrollar ese apego por el lugar y el cuidado, que lo puedas cuidar porque sentís como propio, tiene que ver con una mirada social en cuanto a lo ambiental”, expresó a LA NACION.La navegación de su turno fue los primeros días de septiembre y resaltó cómo los alumnos más chicos llegan con información, lenguaje apropiado y mucho entusiasmo. “Eran un montón de personas, jóvenes, niños, todo tan aceitado, en un ámbito relajado, pero de conexión; pedagógicamente hablando me pareció impecable, de estudio y también de mucho disfrute”, describió.Flavia Raffo admite que no hay una manera sistemática de medir el impacto del plan que escribió desde cero, pero sí dice que tiene señales sueltas: desde aquellos primeros alumnos que conoció en las escuelas y ahora trabajan en agencias de turismo o el niño de 11 años que, en uno de los viajes, le contó que pese a haber nacido acá, no conocía el glaciar. Ese horizonte, que empezó a trazar en Caleta Olivia hace más de dos décadas, es hoy la explicación más simple de por qué varias generaciones de chicos crecieron y la conocen como “Flavia de Parques”. Para ella, su mejor galardón.
Fuente: La Nación