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La jequesa de Qatar, por primera vez en la Argentina: “En el arte no hay jerarquía”
“Hoy voy a descubrir el teatro argentino. Es la primera vez que visito el país y tengo mucho que aprender: del cine, de la literatura, de la poesía”, dice a LA NACION en su suite de un hotel céntrico porteño la jequesa Al Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al Thani. Responsible de Qatar Museums y fundadora de la iniciativa Años de Cultura, en la cual participó el año pasado la Argentina, la hermana del emir de Qatar vino ahora por primera vez al país para celebrar los 25 años del Malba. Zadie Smith: “Discutimos si la IA es capaz de escribir poemas mientras sus creadores nos advierten de nuestra extinción”Además de participar del Consejo de Honor de la gala realizada anoche, hoy habló sobre diplomacia cultural en el seminario internacional organizado por el museo. También visitó el Moderno, se reunió con el jefe de gobierno Jorge Macri y esta noche asistirá al Teatro Colón para ver Principio de Éxtasis, inspirada en El Aleph de Jorge Luis Borges.“La cultura es una herramienta poderosa para unir a la gente: es una inversión, no un centro de costos”, dice al explicar que su país apeló a esa herramienta para revertir el “bullying” sufrido tras su nombramiento como sede de la Copa Mundial de Fútbol 2022. “Los seres humanos tenemos que aprender cómo hablar con los demás –agrega-, especialmente en este mundo digital”. Sin embargo, ante la consulta sobre las compras que se le atribuyen de pinturas de Paul Cézanne y Paul Gauguin por cientos de millones de dólares cada una, responde de forma contundente: “No hacemos comentarios sobre nuestras adquisiciones”. “Estuve viajando mucho para anunciar la cuatrienal y la presentación de la nueva obra de Gerhard Richter –aclara esta profesional de 43 años-. Antes de venir aquí fui a Berlín, Brasil y Chile, todo en una semana. Mis hijos necesitan que vuelva a casa: tengo cuatro varones y una nena. Siempre intento hacer viajes cortos, para poder hacer ambas cosas: ser madre y trabajar”.-¿Le gustó el Malba? -Me encantaron el museo y la experiencia. Me hizo feliz ver que Frida Escobedo hará la nueva expansión de Malba. Porque estamos trabajando con ella en la nueva sede del Ministerio de Asuntos Exteriores. Fue un concurso, y Su Majestad la eligió. Muchas de las pinturas que vi ayer, las había visto en el Museo Nacional de Qatar. Porque Malba nos prestó muchas obras maestras para la muestra del año pasado. Fue maravilloso ver esa variedad de artistas latinoamericanos, de diferentes países del continente, mostrados en conjunto por un hombre que decidió centrarse en su cultura y sus artistas. Creo que es muy similar a lo que estamos haciendo nosotros. Nuestra prioridad es apoyar a los artistas árabes y darles una plataforma para mostrar su trabajo. En arte, diseño, fotografía, moda, cine. Es importante para nosotros apoyar las voces de los artistas locales y regionales, para que luego puedan ir a lo global. -A la vez promueven un intercambio con otros países. Usted escribió un libro que se llama El poder de la cultura. ¿Cuál es ese poder? -La cultura es una herramienta poderosa para unir a la gente. Cuando me fui a la universidad, quería ser la primera canciller de mi país. Quería ser diplomática, viajar a diferentes lugares del mundo, vivir en distintos lugares, aprender sobre diversas culturas y muchas lenguas. -También estudió diferentes carreras. -Estudié Ciencias Políticas y Literatura, con especialización en estudios comparados. Me gradué el 15 de mayo de 2005, y el 16 empecé a trabajar con mi padre. Trabajaba en su oficina y en el Ministerio de Relaciones exteriores, porque eso era lo que quería hacer. Pero hubo una transición en nuestro sistema cultural, y mi padre me dijo: “Tenés que resolver el problema del Museo del arte Islámico”. Unos meses después le dije: “Tu visión era tan grande que nadie la entiende”. No se puede transigir en la cultura porque es una inversión, no un centro de costos. Para mi padre la cultura era una inversión en los seres humanos: darles un sentido de orgullo, dignidad, integridad. Era importante para los jóvenes saber que pueden contribuir, que pueden participar en un nivel global con sus propias voces, sus propias historias, su propia cultura. Y no tienen que sacrificar quiénes son para ser reconocidos o valorados. -¿Cuál fue el problema con el museo? -Había un liderazgo y tenían que ser retirados. El líder anterior trabajaba muy cerca de mi padre. Entendía su visión y era un muy buen coleccionista para el país, tenía un gran ojo. Y cuando hubo una transición, la persona que vino después de él no tenía esa visión. Tenés que tener una visión, porque de otra manera sacrificás las cosas que necesitás. Así que mi padre me puso a cargo de resolver este problema. Le dije a mi padre: “Tenés una gran visión y quiero enfocarme en ello”. Porque era un mundo que no había estudiado. Tenía que aprender para poder ofrecer la visión nacional que él quería para la cultura. Así que dejé su oficina para enfocarme en los museos y la estrategia cultural. Ahora tenemos un programa de moda, de cine, fotografía, diseño. Y las instituciones culturales y centros creativas se han unido para crear un ecosistema creativo para la innovación. Hoy, todo el mundo quiere hacer arte en el país, en la región. -¿Apela a la cultura como forma de diplomacia? -El programa Años de Cultura que creamos fue resultado de que fuimos sede del Mundial de Fútbol. Cuando nos eligieron en el 2010, nos atacaron mucho como país porque éramos pequeños, éramos árabes y nadie pensaba que teníamos ese derecho. Mucha gente nos escribía, nos atacaba, nos hacía bullying, pero no nos conocía. Sabíamos que la única forma de que la gente pudiera entender a los demás era la diplomacia, el diálogo, la negociación, la diplomacia en todas sus formas. Así que creamos este programa en el cual intercambiamos con otros países cada año, para presentarles nuestro mundo, y el de ellos a nuestras comunidades. Concebimos la cultura como un estilo de vida. No sólo se trata de arte, de deportes, negocios, comercio, educación, empresas, tecnología. Podemos escribir la historia según cuáles son las prioridades de los países. Empezamos en 2012 con Japón, y seguimos con países que son sede el Mundial: en 2014 fue Brasil; en 2018, Rusia; en 2022, el mundo árabe, y este año, México y Canadá. Con los Estados Unidos no lo hicimos porque tenemos programas todo el tiempo. Siempre intentamos centrarnos en los países que están presentando el Mundial. -¿Y qué pasa durante los años que no hay Mundial?-Cuando no hay mundial, elegimos países que tengan sentido. Tenemos un gran proyecto, el Art Mill, un museo diseñado por el arquitecto chileno Alejandro Aravena. Y Messi había ganado la Copa del Mundo en Qatar. Así que sentimos que podíamos crear una historia entre Qatar, la Argentina y Chile, debido a la importancia de conectarnos con Latinoamérica y las comunidades que están aquí. No queremos que los países sean de los mismos continentes. El año pasado fueron Argentina y Chile; este año, México y Canadá, y el próximo año tendremos a Egipto y Grecia para conectarnos con Alejandro el Grande la civilización romana, y en el 2028 volveremos a Italia, debido al Pabellón Nacional que estamos construyendo en Venecia. Siempre intentamos hacer proyectos que hacen sentido, para unir a la gente y hacer una historia coherente. -¿Cómo fue la experiencia con la Argentina? -Realmente genial. No estaría aquí si no hubiera sido por eso. Y creo que muchos argentinos vinieron por primera vez el año pasado a ver la exhibición en Malba. También tuvimos un programa en la Patagonia para los ciclistas, que exploraron el país, y tenemos muchas compañías argentinas presentes en la exposición de comercio. Hoy tendré una reunión con la ministra de Cultura y el jefe de gobierno de Buenos Aires.-¿Así que esta relación continuará? -No se detiene. Siempre digo: es sólo el comienzo. En algunos países hacemos mucho porque nos conocemos muy bien. En otros países, nos estamos conociendo. Toma tiempo. Cuando el año termine, te da la oportunidad de encontrar otras cosas. Eduardo [Costantini], por ejemplo, estaba muy feliz y quiere hacer más cosas. Hoy también visitaré el Museo de Arte Moderno con Victoria Noorthoorn, que en nuestro Comité Científico para el Art Mill Museum y ha sido una gran colaboradora y amiga. Así que, para nosotros, la cultura es un modo de vida. Y creo que cuando algo empieza, no termina. Nos gusta trabajar en momentos de respeto mutuo, de colaboración. Tratamos de hacer cosa que nos interesen a ambos, no imponer nada.-Una situación en la que todos ganan. -Claro. Hacemos mucho con la cultura culinaria también. Por ejemplo, con México este año invitamos a Elena Reygadas a cocinar para nosotros, para presentar la cocina mexicana. Siempre pienso que cuando presentas tu comida la gente te va a conocer. -El año pasado, en Qatar, cocinó Mauro Colagreco. -Sí. La comida siempre es parte de nuestro programa. También la música, la danza, el teatro. Hoy voy al Teatro Colón. Ayer noté que acá mucha gente va al teatro, así que me gustaría aprender más sobre el teatro argentino y ver si es un área en la que podemos colaborar. También tratamos de promover idiomas, así que en este caso sería el español y el árabe. Así que, como dijiste, la diplomacia cultural es solo el comienzo del Año de la Cultura. Primero nos enfocamos en el país, pero luego buscamos proyectos de legado, en continuamos comprometiéndonos y conectándonos con las comunidades. Y eso tiene sentido. Todo lo que hacemos tiene que tener sentido. No es para el show, no es para la imagen. Tiene que haber (una conexión humana. Porque somos un mundo lleno de personas, y para conectarnos con el mundo tenemos que conectarnos con las personas. Así que encontrar las conexiones y los proyectos correctos es muy importante.-La muestra de Malba fue la primera de arte latinoamericano en la región de Asia occidental y el norte de África. ¿Qué impacto tuvo? -Creo que la gente estaba muy impresionada e inspirada por la varieda
Fuente: La Nación