Deportes
Rodolfo Arruabarrena, 11 años después: otro estilo de conducción para un Boca que necesita éxitos
El dato pasó casi inadvertido: Rodolfo Arruabarrena nunca fue presentado oficialmente como técnico de Boca. No hubo conferencia de prensa ni esos videos que suelen publicar los clubes cuando llega un refuerzo o un entrenador. Apenas una foto del Vasco firmando su contrato y un mensaje corto en las redes oficiales: “¡Bienvenido, Vasco!”. Recién 20 días más tarde, tras el amistoso ante Athletico Paranaense en Salta, habló por primera vez como DT. La idea parecía ser otra: hablar poco y empezar a trabajar.Arruabarrena volvió a Boca 11 años más tarde y también volvió distinto. En 2014 había asumido con 39 años recién cumplidos, menos de cuatro desde su retiro como futbolista y apenas tres años y medio desde el inicio de su carrera como técnico en Tigre.También era mucho más cercano al jugador. Compartía algunos ejercicios, se prendía a algún picado y tenía una relación casi de compañero con varios futbolistas. En las conferencias los llamaba por el nombre o por el apodo y solía apoyarse mucho más en ese humor tan suyo, con respuestas cortas y algunas salidas que muchas veces terminaban siendo lo más comentado de sus ruedas de prensa.Ahora tiene 51 y bastante más recorrido. Incluso es dos años mayor de lo que era Carlos Bianchi cuando asumió por primera vez en Boca. Entre una etapa y otra dirigió en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Egipto y Arabia Saudita, además de pasar por la selección emiratí. No regresó con grandes títulos bajo el brazo ni con pasos por Europa, pero sí con muchos más partidos y bastante más experiencia.Y también con una idea bastante clara sobre cómo afrontar este regreso. Apenas consumada la clasificación en Brasil ante San Pablo, avisó: “Festejaremos, pero cuando estemos en el avión hay que pensar en San Lorenzo”. La intención es poner lo mejor también en el torneo local, pese a que Boca tendrá actividad durante la fecha FIFA ante Racing, por la Copa Argentina. Salvo Leandro Paredes o algún jugador que llegue muy exigido, piensa utilizar a todos.En lo futbolístico también se nota una diferencia. En su primera etapa apostaba por un equipo más vertical y ofensivo y modificaba bastante menos de un encuentro a otro. Muchas veces, además, le costaba cambiar sobre la marcha. Ahora parece bastante más flexible: cambia nombres, esquema y postura de acuerdo al rival y al momento del partido.El Boca actual tampoco juega siempre bien. Tuvo partidos flojos y otros en los que sufrió más de la cuenta. Pero encontró distintas formas de resolver los partidos. A veces con más tenencia, otras con presión alta y en algunos casos incluso esperando unos metros más atrás.Hay cosas que no cambiaron. Arruabarrena sigue gritando los goles como cuando jugaba. Alguna vez contó que le costaba tanto convertir que por eso los festejaba de esa manera: terminó su carrera con 34 en 594 partidos, aproximadamente uno cada 18 encuentros.También tiene motivos para gritarlos. Boca lleva tres años sin títulos y está obligado a volver a ganar. Sigue con vida en todos los frentes: llegó a las semifinales de la Copa Sudamericana y de la Copa Argentina y está en zona de playoffs en el Clausura.Este domingo, además, visitará a San Lorenzo, un rival que le trae malos recuerdos. Perdió los tres partidos que dirigió contra el Ciclón durante su primera etapa y el último fue aquel 0-4 por la Supercopa Argentina de 2016 que prácticamente terminó de definir su salida pocas semanas más tarde."AHORA CON LAS REDES SOCIALES LA VERDAD QUE ROMPEN LAS BOLAS TODOS... UNA COSA DE LOCOS" 🗣️😅Arruabarrena destacó el nivel de Jagger Herrera y recordó la "cagada a pedos" para Flores por el tatuaje hace algunas semanas atrás. pic.twitter.com/aLJUA6nNat— TyC Sports (@TyCSports) September 9, 2026Esa madurez también se nota en el manejo del plantel. Si en su primera etapa tenía una relación más de compinche con los jugadores, ahora parece acompañarlos más en sus procesos, aunque sin dejar de marcarles lo que cree que deben corregir. Con Alan Velasco, por ejemplo, tuvo paciencia. Lo respaldó cuando todavía no lograba afirmarse, le fue dando cada vez más minutos y terminó encontrándole un lugar importante en el equipo.Al mismo tiempo, no tuvo problemas en tomar decisiones fuertes. Leonel Flores atravesaba uno de sus mejores momentos cuando se tatuó dos ángeles que le ocupan prácticamente todo el pecho y mostró el resultado en sus redes sociales. Poco más tarde salió del equipo. Arruabarrena deslizó en una conferencia, entre risas, que el tatuaje había influido.Con los juveniles también fue encontrando un equilibrio. Les dio lugar cuando los necesitó y mantuvo a varios cuando respondieron, pero tampoco dudó en sacarlos cuando entendió que debía cambiar.Los resultados, claro, ayudaron. Boca mejoró y también tuvo su cuota de suerte. Contra Vélez, por la Copa Argentina, estuvo muy cerca de quedar eliminado: el rival falló un penal en el final y el equipo de Arruabarrena terminó clasificándose justamente desde los 12 pasos.Pero el cambio de clima va más allá de los resultados. El Vasco consiguió algo que parecía difícil: hoy recibe elogios incluso desde sectores muy críticos de Juan Román Riquelme. Y su regreso fue una apuesta prácticamente personal del presidente.Porque Arruabarrena no era, en principio, el técnico que más entusiasmo generaba entre los hinchas. Llevaba varios años lejos del fútbol de primer nivel y además existía otro antecedente: Riquelme había sido muy crítico del Boca de su primera etapa.También varió su manera de hablar. Tanto en la única derrota del proceso, el 0-3 ante Riestra, como en triunfos o empates, mantuvo una postura bastante similar: reconoció errores, evitó apuntar contra los jugadores y casi nunca se amparó en el resultado para analizar un partido.Tras eliminar a O’Higgins admitió que el rival había sido superior y que no estaba conforme con la actuación. Luego del 1-0 ante Lanús fue todavía más directo: “No merecimos ganar, ellos fueron superiores”. Y tras golear a Recoleta buscó bajar rápidamente la euforia: recordó que Boca todavía no había ganado nada y pidió no dejarse llevar por los elogios.También hay una palabra que empezó a evitar: competir. Arruabarrena ya dejó entrever varias veces que no le gusta porque entiende que en Boca no alcanza simplemente con eso, sino que hay que ganar. Justamente, fue un término que Riquelme instaló en los últimos años y que muchas veces le valió críticas.Un técnico distinto al de aquel primer ciclo, pero con la misma obsesión de siempre: volver a sacar a Boca campeón.
Fuente: La Nación Deportes