Enfrentó una grave enfermedad, pasó de médico a paciente y aprendió una lección de vida: “Te saca la coraza”

“Desde chico, cuando iba a los controles con mi pediatra, me llamaba mucho la atención la forma en que me examinaba, cómo observaba cada detalle y trataba de entender qué me pasaba. En ese momento quizás no sabía que aquello iba a marcar mi futuro, pero esa curiosidad quedó en mí. En mi familia no había ningún médico y muchas veces me decían que Medicina era una carrera muy larga, exigente y difícil. Pero las ganas y la vocación fueron más fuertes”.Cuando llegó la hora de definir su destino, Ezequiel Ferreira sintió la certeza íntima de que ese era el camino que debía recorrer e inició sus estudios en la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló con la convicción intacta. Con el correr de los años y el contacto humano, comprendió la raíz profunda de esa vocación: más allá del rigor científico, lo que verdaderamente encendía su pasión era la posibilidad de tender una mano, sostener a los pacientes en sus horas más vulnerables y marcar una diferencia real en sus vidas, encontrando allí el sentido auténtico y transformador de su profesión.“La carrera no solo me enseñó medicina, también aprendí a gestionar la incertidumbre, a trabajar bajo presión y desarrollar aún más la empatía. No es un camino fácil y exige renunciar a muchas cosas -como no salir los fines de semana-, pero la satisfacción de ver el impacto en los pacientes hace que cada minuto de estudio haya valido la pena”, dice. ​Esa repercusión me hizo entender que la gente no solo busca información técnica; necesita empatía, esperanza y a alguien que entienda exactamente por lo que están pasando. Me llegan mensajes a diario de pacientes y familiares que me dicen que mis palabras les dan fuerzas para enfrentar su propia quimio o sus diagnósticos, y ahí supe que este era el verdadero propósito de mi vida. ¿Qué significa para vos ser voluntario de la Asociación Civil Linfomas Argentina?La Asociación Civil Linfomas Argentina cumple un rol fundamental en la contención, la información y la concientización sobre esta enfermedad. ​Como voluntario, aportar desde mi doble mirada —como médico y como sobreviviente — me permite tender puentes reales con la gente. Es un honor enorme. El 17 de julio Ezequiel completó la última sesión de quimioterapia y el estudio del 11 de agosto trajo noticias sumamente esperanzadoras: no se detectaron células activas y desaparecieron por completo las masas ganglionares por encima y por debajo del diafragma, así como las lesiones en el hígado y en el pulmón. Hoy transita una etapa de seguimiento cercano y riguroso. Ante la presencia de unos ganglios milimétricos en la ingle, su oncóloga optó por la cautela antes de decretar la remisión completa, a la espera de un nuevo control en noviembre. Ezequiel abraza esta pausa con serenidad y una fe inquebrantable, convencido de que ver su cuerpo limpio de la enfermedad es la señal más clara de que avanza con paso firme hacia la recuperación definitiva.Radicado en Barcelona y bajo la supervisión médica del Hospital Clínic, dio recientemente el paso de reincorporarse a su actividad laboral, consciente de que retomar la rutina y reconectar con su profesión resulta indispensable para su bienestar integral y anímico. “De la enfermedad aprendí a estar presente. A veces vivimos tan acelerados que nos olvidamos de disfrutar de la familia, de los afectos o del simple placer de un café tranquilo. El cáncer me enseñó a no dar por sentado el tiempo ni los pequeños detalles de la vida cotidiana. La enfermedad te frena de golpe y te enseña a habitar el hoy”. Y para quienes se encuentran recibiendo un diagnóstico similar al suyo, Ezequiel es claro: “Ponete el chip de la recuperación desde el primer día: alimentate bien, movete aunque sea un poco y buscá momentos de paz. Se puede atravesar este desierto y salir fortalecido, renovado y con un propósito de vida hermoso del otro lado. No aflojes”.

Fuente: La Nación