“Los chicos mandan señales”. Cómo acercarse a un hijo adolescente y qué indicios deben preocuparnos

—¿Qué te pasa?—Nada.La escena probablemente resulte familiar para muchos padres y madres de adolescentes. Una puerta que se cierra, respuestas cada vez más cortas, mayor tiempo en soledad, conversaciones que antes surgían naturalmente y que ahora parecen imposibles. En esa etapa en la que los hijos empiezan a pedir más “espacio”, aparece un desafío difícil: respetar su intimidad sin dejarlos solos.“¿Estará deprimido o será algo típico de la edad?” “¿Cuándo debería consultar a un profesional?”, son algunas de las preguntas que se repiten entre las familias.“Ese ‘nada’, en general, es un montón de cosas”, planteó Matías Muñoz, psicólogo especialista en vínculos, durante “Estamos a tiempo. Cómo cuidar y acompañar la salud mental de niños, niñas y adolescentes frente a los desafíos de hoy”, un encuentro organizado por Fundación LA NACION con el apoyo de Unicef Argentina.Durante el evento conducido por José Del Rio y María Ayuso, Muñoz subrayó que la adolescencia es, por definición, una etapa de profundos movimientos emocionales. Por primera vez aparecen con fuerza algunas de las grandes preguntas de la vida: “¿Quién soy? ¿Quién me gusta? ¿Qué me interesa? ¿Cuánto valgo?”. Es esperable, entonces, que existan altibajos: tristeza, entusiasmo, curiosidad, dolor frente a un desengaño amoroso o una mala nota. La clave, explicó, está en observar cuánto dura ese estado y cuánto de la vida del adolescente empieza a abarcar.La tristeza esperable puede ir y venir. El adolescente está mal por algo, pero luego vuelve a encontrarse con amigos, disfruta de una actividad o recupera el entusiasmo. Cuando el malestar se instala y empieza a impedirle continuar con su vida habitual, el escenario cambia.“Los chicos no van a decir ‘estoy sufriendo’: van a mandar mensajes, van a mandar señales”, advirtió Muñoz. Pueden aparecer cambios repentinos en la alimentación, como dejar de comer o tener atracones; problemas para dormir; frases como “me gustaría desaparecer”, o autolesiones. Suicidio: señales de alerta y dónde pedir ayudaFrente a esas situaciones, sostuvo, no hay que esperar: “La consulta es hoy, no es mañana”. La primera puerta, sugirió, puede ser el pediatra o un profesional de la salud. ¿Qué hacer frente al portazo?Las situaciones cotidianas suelen ser difíciles de interpretar. Los adolescentes necesitan privacidad, se encierran en su cuarto, encuentran refugio en sus amigos y no necesariamente quieren contarles todo a sus padres. ¿Hasta dónde preguntar? ¿Cómo evitar que la preocupación se convierta en invasión?Muñoz propone reemplazar el interrogatorio por otro tipo de acercamiento: “Quiero entenderte. Estoy disponible. No me cuentes todo ahora. Pero estoy acá para entenderte todo el tiempo”.¿Y si los padres sienten que se adelantaron? “Se puede volver atrás”, respondió. Eso no necesariamente significa quitar el teléfono de un día para otro. Se pueden revisar acuerdos, limitar momentos y lugares de uso, chequear los controles parentales cuando corresponda o establecer que durante un período el celular se utilice solamente en casa.Frente al debate sobre prohibir las redes sociales hasta determinada edad, Bortnik prefiere hablar de “demorar”: retrasar su llegada mientras los adultos trabajan para que los chicos desarrollen autonomía y autorregulación. Para las familias dejó tres claves concretas: priorizar la calidad de los usos, revisar el propio ejemplo y conversar mucho. “El primer paso es mejorar el uso de la tecnología en la adultez. Lo que ven es lo que van a aprender”, sostuvo. Y sobre el último punto fue especialmente enfático: “Mucho diálogo, mucho, pero mucho diálogo”, sobre todo entre los 6 y los 12 años, antes de la adolescencia.En ese punto, las pautas de Bortnik vuelven a encontrarse con las de Muñoz: el vínculo que un padre espera tener cuando su hijo tiene 14 o 15 años no empieza a construirse el día en que aparece un problema. Tampoco la conversación sobre pantallas comienza cuando llega el primer celular.Estar disponibles, poner límites y sostener conversaciones incluso cuando parecen no tener un efecto inmediato son formas de construir ese vínculo desde edades tempranas.Hablemos de TodoEsta nota forma parte de Hablemos de Todo, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca cuidar y acompañar la salud mental de los niños y adolescentes. El proyecto ofrece herramientas, visibiliza historias en primera persona y acerca recomendaciones de especialistas.

Fuente: La Nación