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Jamiroquai: nació en Manchester, esquivó el britpop, se convirtió en un ícono musical y sexual y en un excéntrico bon vivant
Mucho antes de la llegada de los europeos al continente americano, en lo que hoy se conoce como el noreste de los Estados Unidos y el sudeste de Canadá (provincias como Nueva York y Ontario, respectivamente) vivían una confederación de cinco tribus de pueblos originarios conocidas como iroqueses. Desde el siglo XVIII comenzaron a usarse distintos nombres para llamarlos, especialmente por la influencia fonética de las lenguas que hablaban. Una de ellas fue irok-ois. Para comienzos de la década del ochenta del siglo pasado vivía al otro lado del Océano Atlántico un adolescente británico soñador que había abierto su cabeza al mundo cuando viajo con su padre a Tailandia. No fueron unas breves vacaciones. Estuvo allí seis meses, comenzó a jugar con una batería programable y a crear canciones. Pensó que podría ser una buena idea juntar la palabra jam con la fonética de aquella confederación de tribus del norte de América. Así surgió Jamiroquai. Podía funcionar. En realidad, no funcionó en los primeros años, pero a partir de 1991 y con un contrato de ocho álbumes con una compañía discográfica internacional, Jay Kay tenía tiempo de sobra para crear canciones, grabarlas y publicarlas. Y sigue funcionando. Para quienes eligen ver para creer, tienen una nueva oportunidad de verlo y escucharlo en directo, este jueves 17 de septiembre, en el Hipódromo de San Isidro.Se espera un repertorio de canciones nuevas que formarían parte de un próximo álbum (el último es Automaton, de 2017) y los clásicos que lo hicieron famoso, gracias al groove tan distintivo de la banda. Porque también habrá que decir que habiendo nacido en Manchester en 1969, Jay Kay era candidato seguro para formar parte de esa camada que durante la década del noventa llevó el britpop al resto del mundo. Pero no fue su caso. Siempre se movió por otro andarivel. Lo suyo estuvo más relacionado con el funk y, quizás, con un sonido menos inglés (más internacional), que coqueteó con otra etiqueta de aquellos años, con rasgos menos definidos, llamada acid jazz, volcada hacia la música bailable. De hecho, la perseverancia del muchacho le permitió cultivar la paciencia hasta encontrar su momento. “When You Gonna Learn?” fue un tema que grabó en 1989 pero recién dio a conocer con su primer álbum, Emergency On Planet Earth, y se convirtió en el verdadero mascarón de proa de todo lo que vino después, con su pulso de música disco, con sus ribetes funky y con aquel didgeridoo, que se hizo famoso en la intro del tema (instrumento tradicional australiano, similar al erque andino).Su “blue-eyed soul” británico y finisecular, con gestos funk y pinceladas disco y del jazz, tomó rápidamente un carácter propio, personal, en el buen groove de una banda afilada. Aunque la formación fundadora duró apenas unos años y Jay Kay sostuvo el proyecto prácticamente como solista, hasta la actualidad.Después de todo, el nombre y las canciones (muchas firmadas con el tecladista Toby Smith) le pertenecían. Incluso el toque más distintivo sobre el escenario, que fueron sus sombreros. Primero el de búfalo, que terminó como logo de la banda e imagen de aquel primer álbum (y el que utilizó de principio a fin en su primera actuación en Buenos Aires, cuando dio en octubre de 1997 un concierto en Ferro). Luego, el tocado de plumas que hacía referencia a los iroqueses, con sus diferentes versiones. Los característicos sombreros Los sombreros que tanto caracterizaron la carrera de Jay sobre los escenarios no solo mostraron matices estéticos, también representan una evolución de diseño que en más de dos décadas muestra el origen de su inspiración, las plumas y la sofisticación tecnológica que acompañó su último lanzamiento discográfico. Hay al menos cuatro generaciones. El original que fue el que utilizó para transitar la mayor parte de la década del noventa, para las giras de sus discos The Return of the Space Cowboy y Travelling Without Moving. Llevaba plumas largas en blanco, negro y marrón, con bordados de mostacillas sobre la frente, diseñados por su madre, Karen Kay. Más tarde utilizó algunos de finas plumas blancas y con el inicio del nuevo siglo comenzó con las versiones de materiales sintéticos, espejados, luminosos, en forma de pequeñas lanzas.Por último, el mayor salto evolutivo, que fue el que estrenó para el lanzamiento de su álbum Automaton. Y para hacer honor al nombre, recurrió a un diseño futurista y automatizado, que se movía para simular estímulos sensoriales de movimiento y luz. Fue diseñado en impresión 3D por Moritz Waldemeyer y estuvo inspirado en las escamas de un pangolín. Tuvo dos versiones. La primera con aspas cortas de iluminación LED y rutinas secuenciales y audiorrítmicas, y una segunda, más en forma de lanzas y con movimientos.Ferrari y problemas¿Acaso esa pasión encuentre un correlato con el diseño automotriz? Es probable, aunque el hobby de coleccionar autos lujosos no responde a evoluciones estéticas sino al simple placer por los autos. Ya a finales de los noventa, conducir su Ferrari F40 a casi 180 kilómetros por una ruta al norte de Londres le valió una multa de varios cientos de libras. Algo similar sucedió en Escocia, seis años después, cuando directamente le retuvieron la licencia para conducir durante seis meses.Eso no le impidió convertirse en un buen coleccionista de autos de lujo; hasta tuvo algunos modelos únicos, que finalmente terminó vendiendo. Entre regalías discográficas y derechos autorales seguramente ha podido darse estos gustos de magnate.“Me crie en la parte trasera de un auto”, dijo en 2001, durante una entrevista con Esquire. “De hecho, creo que fui concebido en uno. Desde muy pequeño sabía identificar cualquier coche que veía por la ruta”. Ese mismo año, para otra entrevista con Touch Magazine, cuando le preguntaron qué era lo más ilegal que había hecho con su último Ferrari, su respuesta fue: “Manejar a 150 millas por hora (unos 240 kilómetros)”. Fueron varios los videoclips donde incluyó algunas de sus joyas automotrices. “Cosmic Girl”, de 1996, es directamente un derroche de potencia sobre el asfalto, con un Lamborghini Diablo y dos Ferrari. Tres años después, para “Alright” armó un breve desfile de sus coches veloces. Y en 2017 sacó a relucir su Ferrari 275 y un Mercedes 280 de principios de lo setenta para el vídeo de “Cloud 9″ que coprotagoniza con la actriz española Mónica Cruz.Jay Kay no es un hombre del jet set, aunque tampoco se ha caracterizado por los romances de barrio. En diferentes épocas se lo ha vinculado con grandes figuras de la música, la actuación, el modelaje y la televisión, como Winona Ryder, Denise Van Outen, Heidi Klum y Kylie Minogue.En los últimos años ha repartido tiempo entre giras (aunque de manera mucho menos intensa que en los inicios de su carrera), actividades filantrópicas y la vida familiar, junto a sus hijas Carla y Tallulah. La pospandemia representó una reinserción en el circuito de conciertos muy gradual para la banda. Recién en 2025, con The Heels of Steel Tour, volvió a tomar ritmo. Y ahora emprende el segmento que simplemente llama Latin America Tour, con ocho conciertos en ciudades de Brasil, Colombia, Chile, México y la Argentina, en apenas 16 días. Mientras se espera la salida de un nuevo álbum, que podría ser para finales de este año, la banda pone a consideración de su público canciones como “Disco Stays the Same”, “Queen Machine” y “Shadow of the Night”. Esta gira que emprendió por varios países sudamericanos la novedad se alterna con clásicos como “Space Cowboy”, “Alright”, “Cosmic Girl” y “Virtual Insanity”, del que se cumplieron 30 años de su publicación y tiene una reciente remake en video. View this post on Instagram Con este repertorio, y su sonido siempre cool y discotequero, Jamiroquai garantiza la fiesta en este nuevo tour, que representa la séptima visita a la Argentina, a casi diez de su última actuación.
Fuente: La Nación