Economía
Récord de US$10.000 millones en exportaciones mineras: las lecciones que la Argentina todavía tiene que aprender de Chile y Perú
Un auto eléctrico necesita hasta 10 veces más cobre que uno a combustión. Un centro de datos para inteligencia artificial demanda miles de kilómetros de cables. En este contexto, el metal rojizo se convirtió en uno de los insumos más buscados del mundo, y los países que lo tienen bajo tierra compiten por atraer las inversiones necesarias para extraerlo. En esa carrera, la Argentina corre desde muy atrás.En el país, la actividad todavía se discute. En Chile y en Perú, en cambio, nadie la pone en duda, y los números explican por qué. Mientras que la minería representa el 0,6% del PBI argentino, en Chile llega al 13,1% y en Perú, al 9,1%, según un relevamiento de la consultora Abeceb. La brecha se repite en casi todos los indicadores.En 2025, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron US$6074 millones, el 7% del total, lo que convirtió al sector en el sexto complejo exportador del país. En el primer semestre del año ya sumaron US$4742 millones, un 74,4% más que en igual período de 2025. Abeceb proyecta que pasarán de US$10.000 millones en 2026 a US$18.500 millones en 2030 y a US$35.000 millones en 2035, de la mano del cobre, un metal que la Argentina no produce desde el cierre de Bajo de la Alumbrera, en 2018.En Chile, la escala es otra. El país exportó US$58.000 millones en cobre en 2025 y US$63.000 millones si se suma el resto de la minería, una cifra similar a la que vende al exterior todo el complejo agroindustrial argentino, que ronda entre US$55.000 y US$60.000 millones anuales. La minería representa el 61% de las exportaciones chilenas y el 68% de las peruanas.La diferencia también se ve en las cuentas públicas y en el empleo. La actividad aporta el 0,9% de la recaudación tributaria argentina, frente al 9,6% en Chile y el 14,9% en Perú. Y genera unos 105.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos, cuando en Chile son 1,1 millones y en Perú, 600.000.La ventana de oportunidad está abierta. La minera australiana BHP estima que el mundo necesitará 70% más de cobre hacia 2050, impulsado por la digitalización, la inteligencia artificial, los data centers y la transición energética. China consume entre 10 y 13 kilos por habitante, e India, apenas uno.Chile concentra el 23% de la producción mundial, que el año pasado fue de 23 millones de toneladas. Lo sigue la República Democrática del Congo, con el 14%, que ya desplazó a Perú (12%) del segundo lugar. Más atrás aparecen China (8%), Estados Unidos (4%), India (3%) y Australia (3%).El espejo chilenoEl caso de Escondida, en el norte de Chile, ilustra ese peso. Operada por BHP, es la mina que más cobre produce en el mundo. En 2025 aportó el 25% de todo el cobre chileno, exportó alrededor de US$14.500 millones y pagó más de US$4000 millones en impuestos y regalías. Funciona desde 1991 a 3100 metros de altura, emplea a 4000 trabajadores directos y a otros 6000 a través de contratistas, y la compañía prevé invertir más de US$10.000 millones en la próxima década para sostener su producción. BHP, que en la Argentina es dueña del 50% del proyecto Vicuña, en San Juan, lleva 35 años en el país trasandino.La minería transformó la economía chilena. Entre 1990 y 2004, la producción de cobre se multiplicó por 3,4, al pasar de 1,59 a 5,41 millones de toneladas, y en ese período el PBI per cápita real creció 82%, según datos del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (Cesco), un think tank chileno especializado en el sector. Desde 1990, la actividad aportó al Estado US$154.500 millones, entre Codelco y las principales mineras privadas.El efecto excede a las minas. En 2023, el PBI directo de la minería chilena fue de US$34.700 millones, a los que se sumaron US$15.900 millones en compras a proveedores y US$11.200 millones en inversión. Por cada dólar que genera la actividad, se suman otros US$0,78 en el resto de la economía, estimó Cesco. Los salarios del sector promedian US$1640 mensuales, un 72% por encima de la media nacional, y solo son superados por los del sector financiero.Para el centro de estudios, la geología es una condición necesaria, pero no suficiente. La clave estuvo en la estabilidad de las reglas, con el Código de Minería de 1983 y el decreto ley 600 de 1974, un régimen de garantías para la inversión extranjera similar al RIGI, y en instituciones como Cochilco, Sernageomin y la estatal Enami. Aun así, quedan deudas pendientes. Antofagasta, la región más dependiente de la minería, tiene ingresos entre los más altos del país, pero su calidad de vida sigue por debajo de la de la región Metropolitana. Y Chile exportó en 2024 apenas US$977 millones en bienes y servicios mineros, frente a US$50.900 millones en cobre.En la Argentina, el punto de partida es la exploración. Solo el 20% del territorio con aptitud geológica fue relevado en profundidad, y el país perfora entre 3 y 5 metros por kilómetro cuadrado, contra 15 a 20 en Chile. Como entre el descubrimiento de un yacimiento y el inicio de la producción pueden pasar más de 20 años, lo que no se explore hoy no generará divisas en la próxima década.El RIGI aceleró los tiempos. De los 43 proyectos presentados, 19 son mineros. Los aprobados suman US$40.536 millones y los que están en evaluación, US$119.440 millones. Un diferencial, además de la menor presión tributaria, fue darle la posibilidad a las empresas de que elijan el lugar de litigio en caso de llegar a un conflicto.El próximo desafío llegará entre 2028 y 2032, cuando coincidan en construcción varios grandes proyectos de cobre y se dispare la demanda de talento, infraestructura y proveedores. A diferencia de Chile y Perú, la Argentina tiene un entramado industrial que busca participar de ese proceso, aunque muchas empresas todavía no están en condiciones de abastecer al sector y ese es el mayor desafío.
Fuente: La Nación