Los nuevos vínculos: uno de cada cuatro argentinos valora más su relación con animales o plantas que con personas

Durante décadas hubo una certeza bastante instalada: para sentirse bien había que estar rodeado de otras personas: familia, amigos, pareja, compañeros; cuantos más vínculos, mejor. Pero algo parece estar cambiando. Los argentinos siguen necesitando a otros, pero empiezan a repartir su energía emocional de otra manera. Parte de ese lugar hoy lo ocupan mascotas, plantas y hasta algoritmos. Y, entre los jóvenes, el fenómeno es todavía más marcado.“Los seres humanos ya no somos el único centro de atención. Estamos pasando de vínculos humanos de alta fricción a vínculos artificiales o biológicos de baja fricción”, aseguró Constanza Cilley, directora ejecutiva y cofundadora de Voices! Research & Consultancy, durante su presentación en el summit de Salud de LA NACION.Según contó la especialista, en 2019, el 62% de los argentinos decía otorgarle mucha importancia a su relación con otras personas. Mientras que, en 2025, esa proporción cayó al 47%. “Es una baja de 15 puntos en solamente seis años”, destacó Cilley. Y agregó que no se trata de un fenómeno concentrado en un grupo específico: “Lo interesante es que esto se está dando de manera transversal, en todos los niveles sociodemográficos y socioeconómicos, e incluso es más fuerte entre los jóvenes”.Administrar la energía emocionalUna encuesta realizada en más de 40 países mostró que, tanto en la Argentina como en el resto del mundo, seis de cada diez personas atravesaron durante el último mes alguna experiencia emocional negativa, entre ellas estrés, preocupación extrema, soledad, angustia o dificultades para dormir. “En un contexto emocionalmente tan exigido, la gente empieza a hacer algo muy razonable: guardar su energía emocional y distribuirla para poder sostenerla”, explicó.Cuando preguntaron por qué las personas no socializan más, las explicaciones más conocidas fueron: falta de dinero, falta de tiempo, escasez de espacios públicos o la carga de las tareas de cuidado. Pero entre los jóvenes apareció una respuesta diferente: “La razón más mencionada es la falta de motivación para relacionarse con otros —señaló Cilley—. Claramente, las relaciones con otras personas están perdiendo su prioridad emocional”.Según la especialista, lo que está cambiando es el tipo de compromiso que están dispuestas a asumir para sostenerlos. “Nos estamos moviendo de una era de abundancia relacional, marcada por las redes sociales y la idea de que cuantos más amigos, mejor, hacia una nueva era que podemos llamar de sostenibilidad emocional”, explicó.Relaciones con “cláusula de salida“Se busca el calor de la compañía, pero se evita el peso de las obligaciones futuras”, resumió Cilley. Según explicó, aparecen vínculos con mayor flexibilidad y una suerte de “cláusula de salida” permanente. “Cuando la gente entra a una relación, muchas veces lo primero que hace es identificar rápidamente por dónde está la salida”, afirmó.Y, según pudo verificar, “en muchos países alrededor del mundo los jóvenes están teniendo una iniciación sexual cada vez más tardía, menor frecuencia y mucha más cautela a la hora de interactuar sexualmente con otros”, señaló.Esto, sumado a los factores mencionados, como la incertidumbre económica o las dudas respecto del futuro, se suma la baja de la natalidad. “Los jóvenes nos hablan de la pérdida percibida de libertad personal y del miedo a la responsabilidad”, explicó.Detrás de ese comportamiento identifica varios motores: “La individualidad, la saturación digital, la polarización, la incertidumbre económica y el malestar psicológico están haciendo que la gente administre de forma diferente sus relaciones”.Mascotas, plantas y algoritmos“Por supuesto que en esta nueva arquitectura del bienestar emocional seguimos estando los humanos, pero estamos perdiendo el centro. Empiezan a aparecer plantas, algoritmos y mascotas”, planteó Cilley. Y las mascotas son probablemente la expresión más visible de esta transformación. “Casi no hay diferencia entre la importancia que les estamos asignando a nuestras relaciones con otras personas y a la que les damos a los animales”, afirmó. Es más, uno de cada cuatro argentinos valora más su relación con animales y/o plantas que con otros seres humanos. Entre los jóvenes, esa proporción llega a uno de cada tres.En 2018, alrededor del 60% de las personas convivía con una mascota en su hogar. En 2026, esa cifra alcanzó el 84%, según los datos presentados por Cilley. “Virtualmente todas las personas que tienen mascotas hablan de ellas como un miembro de la familia”, señaló. Y agregó otro dato: “Tres cuartas partes sostienen que su mascota es como un hijo”.De ahí surgieron fenómenos ya incorporados al lenguaje cotidiano: “perrhijos”, “mamás de gatos”, mascotas con sus propias redes sociales o celebridades cuyos animales llegan a ser casi tan famosos como ellas. “Tenemos spas para mascotas, hoteles, supermercados que las aceptan y animales arriba de los aviones”, describió.En tanto, el 84% de los argentinos tiene plantas y alrededor del 80% realiza acciones de cuidado hacia ellas, según los datos presentados. “No interactuamos con las plantas, pero nos regulan”, explicó Cilley.Cerca de la mitad de las personas consultadas asegura incluso que estar rodeada de plantas le genera una sensación de compañía que influye sobre su percepción de soledad. “Observarlas crecer, regarlas, moverlas hacia un lugar con más o menos luz nos estructura el tiempo y la atención”, describió, y agregó: “Las plantas nos dan calma, sensación de arraigo y continuidad. Es una relación que pide muy poco a cambio”.El tercer actor del nuevo ecosistema emocional es quizás el más disruptivo: la tecnología. “La primera reacción cuando se les preguntó a los argentinos qué hacen cuando se sienten solos no es recurrir a otras personas, sino a la tecnología”, reveló Cilley.Un 64% dijo que suele ingresar a redes sociales, jugar un videojuego o mirar contenido en alguna plataforma. Es más, uno de cada tres argentinos ya utiliza IA con fines emocionales, ya sea para descargarse, ordenar pensamientos, buscar contención o regular sus emociones. Entre los jóvenes, el número se dispara a un 61% que la utiliza de esa manera.La mayoría señala que la inteligencia artificial complementa, y no sustituye, las relaciones personales. Sin embargo, el 13% afirma que directamente las reemplaza.¿Quiénes recurren con mayor frecuencia a estos sistemas? “Aquellos que están insatisfechos con sus vínculos con otras personas”, aseguró Cilley. Y, entre los jóvenes, la relación alcanza niveles impensados: “Uno de cada cuatro dice que le resulta más fácil hablar con una inteligencia artificial que con un amigo”, reveló.“Una minoría, pero significativa, le pone un nombre a la inteligencia artificial”, contó. Y aportó uno de los datos más disruptivos de la presentación: “Uno de cada diez se anima a reconocer en una encuesta que puede sentirse sexualmente excitado con una IA”.Seres humanos“Los vínculos humanos generan fricción. Uno tiene que esperar, mirar a los ojos, negociar, perdonar, ceder, estar atento a los tiempos y a la agenda del otro”, sostuvo la experta.“La idea no es decir si está bien o mal que los humanos nos relacionemos de manera creciente con mascotas, plantas y algoritmos”, aclaró. El desafío es otro: cómo integrar esas relaciones sin abandonar la capacidad de sostener vínculos humanos satisfactorios.Y cerró con una definición que resume el dilema que viene: “El futuro de la conexión depende de cómo reconstruyamos nuestra capacidad relacional e integremos a estos nuevos actores sin perder lo más importante, que es el vínculo con otras personas”.

Fuente: La Nación