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Cecilia Ce: “La sexualidad mejora con el paso del tiempo”
Psicóloga, sexóloga, escritora y divulgadora, convirtió temas históricamente incómodos en charlas cercanas y accesibles. En esta entrevista en Conversaciones, recorre también una preocupación que excede la sexualidad: vivimos hiperconectados y, paradójicamente, cada vez parece más difícil encontrarnos con el otro.“Nuestro cerebro está diseñado para la conexión”, sostiene. Frente a una vida dominada por la productividad, las pantallas y el aislamiento, propone recuperar el encuentro y entender que “las relaciones personales, los vínculos, son la calidad de nuestra vida”.-¿Cómo decidiste enfocarte profesionalmente en la intimidad, la sexualidad, el deseo y el placer?-Siempre fue un tema del que me resultó cómodo hablar con los pacientes. Y cuando pasé a hacerlo de manera más masiva nunca perdí esa sensación de tener un paciente al lado. En mis redes hablaba como si le estuviera hablando a un paciente y me encontré con una enorme necesidad de información. Creo que fue más fuerte la motivación de querer ayudar y de que las personas pudieran acceder a esa información que el miedo al qué dirán.-La sexualidad sigue siendo un territorio de mucha vergüenza y vulnerabilidad. ¿Por qué?-Porque la vergüenza se sostiene en el silencio. Es un tema del que no se habló durante siglos. Hoy se habla mucho más y por eso celebramos estos espacios, pero no tenemos demasiados lugares donde aprender a hablar de sexualidad ni muchas referencias.-¿Es diferente para hombres y mujeres?-El varón tiene más habilitados el placer y el diálogo sobre el sexo, pero menos habilitada su vulnerabilidad. Para el varón sigue siendo tabú hablar de sus dificultades sexuales. Para nosotras casi todo suele ser un desafío, aunque por suerte eso está cambiando y las mujeres empiezan a tener más espacios.-Una cosa es poder hablar públicamente de sexualidad y otra decirle a una pareja qué queremos, qué nos gusta o qué no queremos.-Exactamente. Y para poder decirlo primero tenés que conocerte. Hay mujeres que, cuando se encuentran a solas con su cuerpo, sienten rechazo. Puede tener que ver con cuestiones religiosas, con la presión sobre la imagen corporal o con la asociación de nuestros genitales con algo sucio o feo. Hay muchas cuestiones culturales. Primero hay un trabajo interno para habilitarse y conocerse. Después hay que poder comunicarlo. Y del otro lado tiene que haber apertura para escuchar sin ponerse a la defensiva.-¿Cómo se construye entonces una buena intimidad?-No alcanza solamente con el amor propio o con conocerse. También nos impacta el feedback del otro. Tenemos que ser muy cuidadosos con lo que decimos porque un comentario negativo en la cama puede quedar grabado para siempre. Es un momento de enorme vulnerabilidad. Tengo pacientes que llegan con una frase que alguien les dijo durante sus primeras experiencias sexuales y que los marcó.-Tu último libro se llama Deseo. ¿Qué es el deseo?-Es el tema que más me convoca porque abarca toda la dimensión humana. Habla de cómo fuimos queridos, de cómo fuimos tratados, de nuestra relación con el cuerpo. A veces pensamos que el deseo es simplemente tener ganas y es mucho más profundo. Cuando lo trabajás se produce una transformación muy interesante y sanadora. Los problemas con el deseo generan muchísimo malestar individual y en las parejas.-¿Estamos atravesando una crisis del deseo?-Creo que el deber, la productividad y el poco ocio atentan contra el deseo. Tenemos todas las variables en contra: perdimos el espacio libre, el hacer cosas sin un objetivo. Incorporamos la productividad a todo. Hasta el sexo se vuelve productivo: “Hay que tener sexo determinada cantidad de veces”. Entonces hay que liberar, desenredar, habilitar, dar permiso, aflojar. Si no, el sexo se convierte en un mandato más.-Cuando alguien dice “tengo ganas de tener sexo”, ¿también está diciendo “tengo ganas de vincularme”?-Creo que sí. Se habla mucho de una pérdida del deseo, pero sabemos que también hay una pérdida de los vínculos, porque el deseo sigue existiendo y puede resolverse a solas. La dificultad aparece a la hora de vincularse. Hay cierto miedo a entender que incluso algo casual implica un vínculo. No estoy hablando de amor ni de toda la vida. Pero aunque sea casual, te estás relacionando con otra persona.-¿Separamos demasiado el sexo de las emociones?-Sí. En el último tiempo hemos separado mucho la emoción y el trato del sexo. Hay algo muy ligado a la performance y a copiar un modelo pornográfico en situaciones reales. Después la gente se siente mal, vacía, se aburre. Hay mucho destrato. Aunque sea un encuentro momentáneo, está bueno poder vivirlo de una manera más humana.-Y al mismo tiempo estamos más conectados que nunca.-Pero estamos conectados a una pantalla, no necesariamente a otras personas. Lo que más mirás durante el día es tu teléfono. Es una trampa: nos hablan de conexión pero estamos todo el tiempo frente a una pantalla. No hay que perder de vista que el sentido es conectar con otras personas.-Las redes también permitieron que información que antes era inaccesible llegara a millones de personas. ¿Cómo distinguimos el contenido serio del que no lo es?-Creo que tendría que existir alguna manera de acreditar tu título y tu aval para comunicar desde determinado lugar. Porque hoy cada persona tiene que construir su propio criterio y en sexualidad, como en otros temas, no es tan sencillo. -La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria, pero también hay personas que la consultan por cuestiones emocionales o psicológicas.-Y eso me preocupa. Sabemos que el cerebro no responde de la misma manera al contacto virtual que al contacto real. Un psicólogo, que es una persona, produce otro efecto en nuestro sistema nervioso. Si generamos una sociedad que avanza hacia el aislamiento, cuando ya conocemos el impacto que tiene sobre la salud mental, tenemos un problema. Hay que empezar a generar una contraola.-¿Cómo?-Fomentando los encuentros. Trato de promover los encuentros presenciales todo lo que puedo. Cada uno, desde su lugar, tiene que convocar a lo real, al cuerpo, a estar presente. Si podés atender a un paciente presencialmente, dar una clase presencial o encontrarte con alguien en un parque, hacerlo. Tenemos que recuperar esos espacios.-Después de los 50 también puede comenzar una vida nueva. ¿Qué pasa con el deseo y la sexualidad en esa segunda mitad de la vida?-Hay un gran mito, todavía muy instalado, de que el paso del tiempo significa el final del deseo y de la sexualidad. Y no es real. De hecho, sabemos que la sexualidad mejora muchísimo con el paso del tiempo. Uno está más tranquilo, se conoce más, deja de hacer cosas que no quiere y decide con mayor conciencia. Todo eso mejora muchísimo el disfrute. Hay mayor satisfacción sexual con el paso del tiempo.-Entonces, ¿es un mito que el mejor sexo ocurre en la juventud?-Sí. Sos joven, estás ansioso, no entendés nada. Después sos más grande, te conocés, elegís de otra manera, ya sufriste y estás más tranquilo.-¿Qué necesitamos cuidar para mantener una buena sexualidad con el paso de los años?-Los hábitos saludables son fundamentales porque la respuesta sexual tiene un gran componente físico. Dormir bien, alimentarse bien, hacer ejercicios de fuerza. Las mujeres necesitamos desarrollar músculo y en los hombres también es importante. Además están los ejercicios de suelo pélvico, que ayudan con la excitación genital, la lubricación y la erección. También es importante mantenerse físicamente activo, no fumar y moderar el alcohol.-¿Qué cambia físicamente con la edad?-Principalmente hay un enlentecimiento de la respuesta sexual. Tardás más en excitarte. En la mujer puede verse afectada la lubricación vaginal y en el varón, la erección. Es lógico y esperable. El problema es que pensamos que el cuerpo tiene que seguir respondiendo de la misma manera simplemente porque tenemos ganas. Y no necesariamente ocurre así.-En las parejas de muchos años aparece una frase muy común: “Nos queremos, somos compañeros, pero se murió el deseo”. ¿Se puede recuperar?-Primero tenemos que decir que no necesariamente hay que recuperarlo. Hay personas que en algún momento se retiran de su vida sexual y eso no representa un problema para ellas. No instalemos un problema donde no existe una búsqueda genuina de modificarlo. Ahora, si queremos cultivar el deseo, tenemos que entender que hay que dedicarle tiempo y energía.-¿El deseo se trabaja?-Claro. Pensamos que el sexo debería surgir naturalmente, pero no hay prácticamente nada importante en nuestra vida que funcione solo. A todo le ponemos tiempo, cabeza, energía, dinero, horas. Al sexo también. Si querés que aparezca el deseo, tenés que empezar a traerlo a tu cabeza. Hay personas que lo tienen presente porque lo cultivaron toda la vida: se masturban, fantasean, conectan, lo buscan. Y hay otras que, con la carga mental, el estrés y las obligaciones, lo fueron dejando en otro lugar. Se trata de recuperarlo con acción e intención. Es una gimnasia del deseo.-Después de tantos años trabajando sobre estos temas, ¿qué aprendiste sobre vos misma?-Aprendí que durante mucho tiempo puse más energía en lo laboral. El estrés, el cansancio y el modo automático te desconectan. Y una de las cosas que más aprendí en el último tiempo es que las relaciones personales, los vínculos, son la calidad de nuestra vida. Es lo más importante.-¿Más que la carrera?-Las cosas que más me impactaron personalmente fueron mis vínculos, mucho más que la carrera. Los mayores impactos en mi vida, en mi estado de ánimo y en cómo me siento dependieron del estado de mis vínculos-En un momento hiciste pública una experiencia personal de abuso emocional. Y hay algo muy fuerte en tu historia: aun siendo psicóloga, hubo señales que no pudiste ver.-Sí, pero quiero hacer una aclaración. La psicología es como la medicina: tiene muchas especialidades. Yo nunca me especialicé en abuso emocional. Pasé por muchas terapias hasta que encontré a un especialista y no fue lo mismo
Fuente: La Nación