Nicolás Goldschmidt: debutó en un film a los 10 años con Norma Aleandro y fue el hijo de Darín en Chiquititas, ¿qué es de su vida?

Entró al mundo de la actuación por la puerta grande: a los 10 años Eduardo Mignona lo dirigió en Sol de Otoño, con Norma Aleandro y Federico Luppi. Un año más tarde, fue uno de los protagonistas de Chiquititas: un nene que soñaba con ser aviador como su papá, que resultó ser nada más ni nada menos que Ricardo Darín. En diálogo con LA NACION, Nicolás Goldschmidt repasó cómo fueron aquellos años de exposición y fama siendo niño y por qué decidió casi una década más tarde decirle “no” a una convocatoria de Polka para asistir al conservatorio y volver a conectarse con la pasión de actuar.A punto de estrenar dos obras como director, Todo Arder y 1%, habló de su faceta como director en el circuito independiente y de la película que está a punto de filmar en el doble rol, ya que estará detrás de cámara, pero también será el protagonista junto a Inés Estévez y Cristina Banegas. Además, recordó cómo fue ponerse en la piel de un joven Diego para la serie Maradona, sueño bendito: “Durante la época de rodaje no podía dormir, soñaba con él porque había algo de su magia presente en el set”.“Cuando la fama aparece, uno puede perderse”—Entraste por la puerta grande; lo primero que hiciste fue Sol de otoño con Federico Luppi y Norma Aleandro y con dirección de Eduardo Mignona), ¿cómo llegaste a esta oportunidad? ¿Estabas en algún taller de teatro?—No, mi vieja daba clases y la directora del lugar era amiga de la directora de casting y me vieron; era un poco más bajito que ahora [risas], no era histriónico, pero sí curioso y era de llamar la atención. No tenía registro de lo que fue eso, había algo, todos éramos familia aunque recién nos conocíamos y eso me copó. —Y un año después, hiciste Chiquititas. ¿Te dabas cuenta de lo que estabas haciendo? ¿De la fama y la repercusión que tenías al estar en esa producción?—No tenía noción de la fama; estaba más en contacto con mi yo interno; algo de la exposición terminó alentando a mi parte interna, tal vez como mecanismo defensivo de aquellas cosas. Hoy soy amigo de los mismos que a los 8 años; nunca me alejé de las cosas que hacía y mi familia siempre fue muy presente. Hay cosas que se abren cuando la fama aparece y uno puede perderse, pero pude mantener la cercanía con la gente y las cosas que quiero; siempre se valoró la educación en mi casa.—¿Y en la calle cómo era la repercusión?—Estaba esa cosa distinta de que me veía todo el mundo, pero lo entiendo más ahora.—Hace un tiempo algunos actores de elencos infantiles hablaron de momentos incómodos, gritos... ¿Sentiste eso?— No, tuve suerte, trabajé con gente muy grosa y nunca tuve problemas; me gusta trabajar en buenos ambientes; no me meto en ambientes que no me gustan.—¿Se habla de una vuelta de Chiquititas con Facundo Arana y Agustina Cherri, ¿estás?—Todos los años se habla de una vuelta; hay algo ahí. Yo, ahora, estoy contento con lo que hago y dejo que la vida sorprenda; es hermoso no saber qué viene. A su vez, está bueno volver a conectar con algo de la ficción y hay algo de nostalgia; al público le gusta la ficción y hay que prestar atención a eso.—¿Hay más artistas en tu familia?—Sí, mis hermanos, uno de ellos está estrenando documental, mi madre pinta, mi viejo es médico, pero hacía teatro en paralelo.—¿Así nació el amor por la actuación?—Yo veía películas todo el tiempo; recuerdo ver una de Almodóvar siendo muy chico, con todo lo que eso puede traer, y hay algo de ese interés por lo que solo puede pasar en ese lugar, y el juego; eso de pensar historias e imaginarme en otras situaciones.“La pasión por actuar”—Correrte del plano comercial, ¿fue una decisión tuya?—Fue algo completamente necesario, son muchos años en lo alternativo y hoy en día es la forma para mí, es un lugar donde necesariamente me voy a mover, quiero hacer obras a otras escalas, pero el espacio independiente siempre va a ser parte de mí porque es algo particular, sigo aprendiendo y es devolver algo del aprendizaje que tuve.—Y el día después de semejante exposición... —Laburé mucho hasta los 18, 20 años, lo último en Media falta y recuerdo que hablaba mucho con Andrea Pietra porque estaba conflictuado con la pasión de actuar, porque no sentía nada y ahí entré al conservatorio y conocí a Cristina Banegas. Me llamaron para un capítulo de Mujeres Asesinas con Dolores Fonzi y tenía que decidir: podía seguir y estaba buenísimo, pero dije que no. En las clases de teatro me iba pésimo y me encontré con todo lo desconocido. Con lo cual, era necesario el conservatorio. Recuerdo las primeras devoluciones de Cristina y me mataba; yo pensaba que sabía actuar, así que mi objetivo fue lograr eso.—Habrá sido difícil la decisión, ¿no? No pensaste: “¿Y si después no me vuelve a sonar el teléfono?"—Si me llaman para algo, ¡estoy! Pero, además, estoy tranquilo porque el camino me agarra preparado y sé qué hacer.—¿Se puede vivir del off?—Todas las personas con las que trabajo hacen otra cosa. Mi carrera se bifurca, no cambia de dirección, pero tiene nuevas aristas y me interesa trabajar de director a la par de la actuación. Este año para mí fue una puesta; estrenar dos obras tiene algo de eso; entran muchas fuerzas en juego. Una de las actrices, Cecilia que está en las dos obras, trabaja todos los días, sale de su trabajo y en media hora ya está ensayando, es un ejemplo de todos. Es un espacio de resguardo, donde momentáneamente no importa lo que sucede afuera; todos nos ocupamos de esto. Yo digo que tiene algo de imbécil, porque hay un optimismo imbécil, en donde conviven la ternura y la locura.—Volvamos a las dos obras que estás por estrenar, Todo Arder y 1%, en el Espacio Callejón... —No lo puedo creer, bastante es entrenar una obra y estreno dos. Todo arder es un grupo que se junta en un sótano, aunque sus ideas sean diferentes, en pos de lograr un cometido: evitar que exista internet o cualquier comunicación tecnológica.—En la propuesta esta, ¿hay algo de nostalgia con el pasado?—No sé si nostalgia porque no es tan atrás, sino más cansancio y enojo con el presente. También quería explorar qué pasaba con la bronca y eso se refleja en 1%, la bronca hacia la acumulación exagerada de dinero. —Están relacionadas las temáticas de las obras entonces, en las redes se presume todo el tiempo el tener cosas.—Sí, está la idea de que el dinero de por sí está buenísimo. Y en las obras, me interesaría ver los diferentes registros. En un seminario trabajamos la violencia y vinieron todas mujeres, me pareció interesante el cruce. Hay mucho cuidado en esos terrenos y pospandemia; había cierto límite complicado de correr que es necesario que se corra en la acción teatral.La “magia” maradoniana—Hace unos años volviste a lo comercial con Maradona: sueño bendito, ¿para el papel pudiste hablar con Diego o su familia?—Con él no pude hablar, tampoco me interesaba porque sentía que lo que mejor podía hacer era estar lejos de lo que significaba porque tenía que interpretar a un pibe, dentro de los parámetros de imaginar un Maradona posible. Tenía que hacer de una persona muy buena en lo que amaba hacer. Me crucé con las hermanas en el rodaje y me dijeron que era jodón, entonces dije: “Listo, no voy a parar”, había algo en el set que contagiaba mucho amor, veo lo que pasaba con la gente alrededor mientras yo hacía de él, había una magia que se contagiaba momentáneamente. Por otro lado, fue la posibilidad de jugar a gran escala, salir en el mundo, viajar, estar mano a mano con (Leo) Sbaraglia o (Mercedes) Morán. —¿Abrió puertas?—Sí, pude estar en contacto con otra gente. Estuve cerca de hacer El beso de la mujer araña, filmé en España y sigue siendo un lugar de referencia en mi carrera. Durante el rodaje, no podía dormir; soñaba con él.—Y también tenés una película, Boy, ¿en qué estado está?—Estamos por filmar; fue la primera vez que participé directamente del guion con Nacho Sesma. El proyecto primero fue una serie, después un corto que lo presentamos en el Bafici y nos invitaron al ABC que es una tutoría de guiones de largometraje, y ahí lo pudimos hacer. Están Cristina Banegas, que hace de mi madre y tiene un estado de demencia y por momentos cree que soy un novio y en otros un enfermero, e Inés Estévez, que es mi mayor clienta con la que hay un vínculo erótico laboral. Combina matices y es un desafío que me encuentra en un momento de juego y madurez. Cristina es la persona que me abrió la cabeza en relación al teatro y por eso lo siento como el cierre de un círculo.—¿Cómo sigue tu año?—La idea es estrenar y hacer funciones hasta fin de año y proyectar para el año que viene, que hay dos obras más para elegir y escribir. Tengo un plan a diez años de diez obras y algunas cosas para filmar, más desde el lado del director. Encontré algo que no pensé que me iba a apasionar más que la actuación, y me gusta ver el mayor potencial posible de las personas.Para agendarTodo Arder estrena mañana, jueves 17 de septiembre, y tendrá funciones el 24 de este mes y los jueves 1°, 8 y 15 de octubre, a las 20, en el Espacio Callejón (Humahuaca 3759). Entradas: $28.000. 1% también estrena mañana, pero a las 22. Y después tendrá funciones el 24 de este mes y los jueves 1°, 8 y 15 de octubre, a las 22, en el Espacio Callejón (Humahuaca 3759). Entradas: $28.000.

Fuente: La Nación