Rivadavia: del Real Camino del Oeste a la avenida más larga del mundo

En 1586, cuando el gobernador interino del Río de la Plata y del Paraguay, Rodrigo Ortiz de Zárate, “descubrió” un vado usado por los querandíes para cruzar el río de las Conchas (Reconquista) –a la altura de lo que hoy es la localidad de Paso del Rey–, imaginó que de allí podía surgir una senda que uniese la flamante ciudad de La Trinidad (Buenos Aires) con los pagos del oeste. Claro que lo que seguramente ni en sueños se le pasó por la cabeza fue que esta que iba a terminar siendo una de las avenidas más importantes de la futura capital argentina.A lo largo del siglo XVII, aquella senda fue prosperando como un camino que partía de la ciudad hacia el oeste, no sin antes bordear el arroyo Maldonado –que hoy corre por debajo de la av. Juan B. Justo y nace en San Justo– hacia su naciente. Y esto ocurría al mismo tiempo que los pantanos del río Reconquista comenzaban a complicar cada vez más el traslado de carretas por el camino que salía del bajo porteño (Las Heras, Luis M. Campos, Libertador) hacia lo que hoy es San Isidro y que en el Paso Morales seguía rumbo al norte. A esa altura del partido, Buenos Aires ya era un puerto de contrabandistas que se iba a terminar consolidando como el centro de un circuito ilegal de comercio que llegó a abarcar buena parte del continente sudamericano. Por eso, la Corona necesitaba de un “camino real” oficial, en el que la guardia de los blandengues controlase el ingreso de las mercaderías legales que venían desde el Alto Perú. Por eso, también, el gobernador José Martínez de Salazar cerró el camino que originalmente iba hacia el norte y consolidó la senda descubierta por Ortiz de Zárate, más segura y transitable, por lo firme del terreno.En 1663, Salazar estableció finalmente que aquel camino iba a ser el “único y preciso para las caravanas que vienen de los Reynos de Arriba”. Y efectivamente así lo fue: por allí entraban todas las carretas que traían los productos que España consideraba legales. Saliendo de Buenos Aires, por esa ruta “única” se llegaba a Córdoba, desde donde tomaba un curso similar a la actual RN 9 y luego seguía a Salta, a la actual Bolivia e incluso hasta Lima; de hecho, era conocida como “Camino Real al Perú”. Además, tenía dos desvíos importantes: a la altura de Córdoba (Capilla de Dolores), el primero llevaba a Cuyo y a Chile (lo que hoy es la RN 7) y el segundo, tras cruzar el río Reconquista, bordeaba el Paraná rumbo a Santa Fe, Corrientes y Asunción. En Buenos Aires, a este camino que se había “descubierto” en 1586 y ahora llevaba hasta Perú, se lo empezó a conocer como “Real del Oeste”, ya que era la salida de la urbe hacia el occidente. ¿Y era tan importante? Sí, tanto que, con el correr del tiempo, se fue consolidando como la principal vía terrestre usada por los porteños. ¿Cómo se accedía a ella? Desde una de las calles de la ciudad que partían de la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo) y que a comienzos del siglo XVIII fue bautizada “Las Torres”. ¿Por qué? Porque a su vera estaba la Catedral Metropolitana, cuyo edificio anterior al actual –inaugurado en 1791–, tenía dos torres que se destacaban por sobre todas las otras construcciones. Esa calle es, en efecto, Rivadavia.Desde el siglo XVII, todos los Caminos Reales tenían postas para relevar caballos y atender a los viajeros cada 50 o 100 kilómetros. La primera del Camino Real del Oeste era la Cañada de Morón, con una villa nacida espontáneamente, que hoy es Morón y que se fue consolidando como un centro frutihortícola que abastecía a Buenos Aires. Incluso, en 1785 fue nombrado cabecera de partido, con un alcalde de Santa Hermandad nombrado por el Cabildo porteño. El Palacio Videla Dorna fue sede de la Escuela Naval Militar entre 1899 y 1909, y albergó luego al colegio Susini hasta que fue demolido en la década de 1920.Más importante que Morón era la siguiente parada, Merlo, pueblo fundado en 1755 y con origen en el oratorio que Francisco de Merlo tenía sobre el Camino Real del Oeste. Desde allí, el objetivo de cualquier viajero era cruzar el río Reconquista. Y en este sentido, fue clave que en 1773 el vecino Pedro Márquez financiara la construcción de un puente de madera (Puente de Márquez), que dejó de lado el vado original que cruzaba el río a la altura de Paso del Rey. El asunto era que el Puente de Márquez no estaba a la vera de la actual Rivadavia, sino cerca de lo que hoy es el cruce del Acceso Oeste con el Camino del Buen Ayre, a la altura de otro camino vecinal, denominado “de Gauna”, porque partía desde las tierras de Pedro Ruiz de Gaona –que también tenía terrenos en Morón y quería unir sus propiedades– en lo que hoy es Parque Centenario. A partir de ese momento, esta ruta se convirtió en un camino muy importante, que, al ir por un terreno más alto, muchas veces se prefería a la actual Rivadavia, tanto como para que el historiador Julio A. Luqui Lagleyze afirme que era el verdadero “camino real”, en contraposición a Rivadavia, que, según su investigación, era una ruta que terminaba en Morón.Desde el Puente de Márquez, el Camino Real del Oeste seguía rumbo a la villa de Luján, cabecera de partido desde 1755 y principal centro religioso de la región. Esto era así desde que, en 1671, una imagen milagrosa de la Inmaculada Concepción había sido trasladada desde la actual Zelaya (partido de Pilar) a la estancia de Ana de Matos, en lo que en el presente es Luján. Para entonces, la popularidad de la devoción de la Virgen ya era imparable. ¿Y el Camino del Oeste? Seguía hacia los pueblos de Exaltación de la Cruz (Capilla del Señor) y San Antonio de Areco para tomar una senda similar a la actual RN 8.Correos y mataderosA comienzos del siglo XVIII, el Camino Real del Oeste era también la ruta de los chasquis que llevaban y traían el correo. Ya en 1715 se expidió un primer bando estableciendo las normas del servicio, con las postas y las etapas del camino, que, para entonces, estaba atestado por el tráfico de carretas que abastecían a la ciudad no solo de mercaderías provenientes del interior, sino también de cereales, frutas y verduras provenientes de la gran cantidad de quintas que había en la zona. Casi todas estas tenían origen en las suertes (mercedes de tierra) del Pago de Matanza, que junto con los de Magdalena y Monte Grande o La Costa, era uno de los tres establecidos desde los tiempos de la fundación de Buenos Aires. No casualmente, cuando en 1775 el gobernador Juan José de Vértiz y Salcedo reglamentó el régimen de mataderos, a la vera del Camino Real del Oeste surgió el Matadero del Oeste, aproximadamente limitado por las actuales calles Sarmiento, Paso-Saavedra, Hipólito Yrigoyen y 24 de Noviembre-Anchorena, es decir, más o menos la actual Plaza Miserere y su entorno. ¿Y de dónde viene el nombre “Miserere”? Precisamente, de aquellos corrales y mataderos, que tomaron el apodo de Antonio González Varela. Sobrino de Antonio González Uría, uno de los primeros pobladores del paraje, González Varela vivía en una quinta situada en torno de la actual Rivadavia y Azcuénaga, donde tenía una pulpería y una cuadra de panadería. Por sus obras de caridad, los vecinos lo llamaban “Miserere”, voz latina que puede traducirse como “ten piedad” o “ten compasión”. Al morir, en 1801, el apodo ya identificaba a la quinta y terminaría dando nombre a toda la zona. En 1797 donó, entre otras cosas, un terreno de su propiedad, para que allí fuera instalado un hospicio destinado al alojamiento de los misioneros franciscanos que viajaban al norte del virreinato. En 1799, Fray Damián Pérez recibió el predio y en la actual esquina noroeste de Bartolomé Mitre y Azcuénaga levantó el hospicio y una capilla adjunta dedicada a Nuestra Señora de Balvanera.La Plaza Once fue mercado y plaza de carretas, sede de la Exposición Continental Sudamericana en 1882, y, finalmente, Plaza Miserere.Entre otras cosas, durante la Segunda Invasión Inglesa de 1807 los Corrales de Miserere fueron escenario del acampe de las tropas británicas. Allí, en un combate a campo abierto, consiguieron derrotar a las tropas de Liniers y liberar el ingreso a la ciudad, que terminó con la heroica defensa del pueblo porteño. ¿Y el predio? Siguió siendo un matadero hasta la década de 1820, cuando se estableció ahí un mercado de carretas de frutos de campaña y cueros traídos de la Pampa, al que se llamó “Del Oeste”. El pueblo de San José de FloresTanto el Camino Real del Oeste, que como ya dijimos, llevaba casi a todos lados y el matadero, luego mercado, condicionaron el crecimiento urbano de Buenos Aires, que desde fines del siglo XVIII se expandía con una forma de pirámide hacia el oeste. Por ese entonces, una de las suertes del Pago de Matanza, que originalmente había pertenecido a Mateo Leal de Ayala y que en 1776 había sido comprada por Juan Diego Flores, pasó a manos de su viuda Antonia Fuentes y su hijo adoptivo Ramón. ¿Qué podían hacer en ese extenso terreno? Como este era atravesado por el Camino Real del Oeste, una clara posibilidad era fundar un pueblo que llevara el apellido de Juan Diego y que sirviera como punto de concentración de los productos que venían de diversos puntos del país. Y así fue, nomás. Acto de fundación del pueblo de Flores no hubo, pero el 31 de mayo de 1806 ocurrió algo muy importante. Por impulso del obispo Benito de Lué y Riega, ese día fue creado el curato, al que se puso bajo la advocación de San José (de Flores). ¿Y el pueblo pasó a ser cabecera de partido? Sí, las primeras menciones al partido de San José de Flores datan de 1810, ya que ese año se designaron los alcaldes de Santa Hermandad del Cabildo porteño para el año siguiente. Esto ocurría mientras el pueblo crecía y se consolidaba como un nuevo núcleo de producción cerealero y frutihortícola que básicamente se encargaba de abastecer a Buenos Aires. De la esquina del Caballito al Ferrocarril del OesteCuando en 1821 el genovés Nicolás Vila adquirió una quinta en lo que hoy es la esquina sudoeste de Rivadavia y Emilio Mitre, la idea era poner una pulpería, aprovec

Fuente: La Nación