Milei vs. Milei

Los expertos en marketing político, que proveen a los gobiernos y candidatos de instrumentos técnicos para mantenerse en el candelero y comunicarse con la opinión pública, sostienen que no hay momento que no esté atravesado por las campañas electorales. Más aún cuando se está en el poder. Todo el tiempo la política está en campaña. Siempre el dirigente político está pensando en la última razón de ser de su oficio: conseguir votos. Cuando se está en el gobierno, la campaña se hace a través de la gestión. Es muy difícil para un oficialismo generar una imagen de sí mismo o comunicar algo distinto a lo que expresan sus medidas. Menos aún cuando se trata de política económica. Por eso el presidente Javier Milei, sabiamente, al ser consultado por la disputa política alega ser su propio rival. Debe competir contra su propia administración y sus propias dificultades. Milei vs. Milei; el editorial de Carlos Pagni en Odisea Argentina (14/09/2026)El Presidente pudo mostrar la semana pasada un éxito relativo para la Argentina: alcanzar una inflación de 1,7% en un mes. Si bien a escala internacional este número sería visto como un escándalo, para lo que es la tradición reciente de nuestro país en materia económica, alcanzar esta cifra es motivo de celebración. Aún cuando ese 1,7% desmiente los pronósticos del propio Milei. Para el núcleo del poder, bajar la inflación sigue siendo el único objetivo, lo cual también puede ser leído como una estrategia de campaña. Los expertos en esta materia suelen recomendar algo difícil de practicar: jamás desviarse del objetivo explícito con el que empezó una política. El logro es, asimismo, un drama para Milei. La baja de la inflación se produce dentro de una lógica económica y con un programa que genera recesión, que no despierta a los sectores que tienen mayor impacto popular. Al mismo tiempo que el Indec mostraba un descenso de la inflación para el mes de agosto, consignaba que la industria y la construcción cayeron un 5% y un 4,6% respectivamente. Se trata de dos sectores muy ligados al empleo, al dinamismo general de la economía y a la percepción de si un modelo funciona o no.El empeoramiento de ciertos indicadores tiene un nexo político: hace pensar a una gran parte del electorado sobre la posibilidad de un reflujo “populista” hacia posiciones económicas distintas de las de este Gobierno. Un trabajo de Mora Jozami para Casa Tres, que se pregunta “¿El kirchnerismo está terminado?”, logra graficar la nueva tendencia. En enero de 2026, el 48% de los encuestados creía que no. Siete meses después, esa cifra trepó al 55%. En el mismo sentido, quienes opinaban por la positiva pasaron de representar el 41% de la muestra a caer al 32%. No se trata de una impresión que responda a un rejuvenecimiento de ese movimiento, a nuevas propuestas por parte de sus líderes o a una renovación de sus dirigentes. Las fluctuaciones en el pensamiento de la gente están ligadas a la suposición de que el clima aletargado en la construcción, industria y comercio le dan un argumento al kirchnerismo para pensar en un regreso.En la realidad actual tanto del peronismo como del kirchnerismo, estas cifras se vuelven, sin embargo, dudosas. No hay un panorama claro. Su principal líder, Cristina Kirchner, no puede ser candidata. En consecuencia, tampoco puede disciplinar la interna al amenazar con presentarse. Además, le apareció una disidencia donde menos pensaba que le iba a aparecer: en Axel Kicillof, con quien no tiene diferencias importantes en materia ideológica. Y esa disidencia ocurre en la principal plataforma territorial de poder del kirchnerismo, que es el conurbano bonaerense. Allí se libra la batalla. Esas disidencias alimentan las fantasías de Sergio Massa, que registra pésimos números en las encuestas. Pero él pretende, de todas maneras, ofrecerse a la expresidenta como quien puede zurcir la unidad del movimiento y dar garantías a ella de volver al poder. Para ciertos dirigentes peronistas, la pugna con Kicillof resultó en un milagro: que la expresidenta piense en depositar cierta confianza en Massa, alguien que siempre ha sido poco confiable para ella. Esta es la realidad actual de un movimiento que intenta renovarse en distintos lugares del país como la Capital Federal, por medio de Juan Manuel Olmos, en la provincia de Buenos Aires con Victoria Tolosa Paz, y en Entre Ríos, mediante Guillermo Mitchell, pero que todavía no logra consolidar un candidato. Este panorama se despliega en un contexto internacional que, desde el punto de vista económico, es adverso para el Gobierno. Existe una incertidumbre en los mercados del mundo que no cesa, y que tiene como principal agente a Donald Trump. La falta de certezas se inspira en un conflicto de Medio Oriente sin solución a la vista. La globalización del enfrentamiento se produce a través del encarecimiento del precio de los combustibles, produciendo en Estados Unidos números de inflación inconvenientes y anticipando una suba de la tasa de interés. Sin ir más lejos, la tasa del bono de 10 años del Tesoro de EE.UU. llegó al 5%.Este panorama incierto es motivo de preocupación tanto para Milei como para el titular del Palacio de Hacienda, Luis “Toto” Caputo, debido a que la Argentina no solo tiene vencimientos importantes en el año electoral. Además, en el equipo económico crece la idea de emitir un bono para vender en el mercado internacional, algo que ocurriría por primera vez en muchos años. Sin embargo, en el clima mundial actual, emitir dicho bono para financiar al Tesoro argentino con dólares se torna complicado justamente por la suba de la tasa de interés. Milei es especialmente sensible a no pagar más de lo que él cree razonable. La política comercial, económica y bélica de Trump complican a un Milei que considera al presidente de los Estados Unidos como un gran aliado personal. Se desprende aquí una segunda cara de cómo le está jugando el mundo al líder de La Libertad Avanza. Se ha configurado alrededor de la situación en Medio Oriente un tipo de alineamiento internacional que hace que algunas potencias como el Reino Unido, Canadá o Francia se enfrenten cada vez más con Israel. La semana pasada estuvo dominada por condenas del Reino Unido por la ocupación de colonos israelíes sobre la región de Cisjordania, reclamada como propia por Palestina. La derecha israelí ofreció respuesta a Londres con un argumento que toca una fibra sensible de la Argentina: el Reino Unido no tiene derecho a hablar sobre ocupación de territorios cuando están ocupando Malvinas. Estas declaraciones derivaron en un debate parlamentario y permitieron a Milei dar cuenta de que tenía en Israel y Benjamin Netanyahu otro aliado en la materia. La discusión intencional en torno a la soberanía de Malvinas permite al Gobierno también recomponer el vínculo con una opinión pública que, por razones económicas, lo miraba cada vez con mayor antipatía.De acuerdo con un estudio, el impacto de la cadena nacional por Malvinas en las redes sociales, llevado a cabo por Natalia Arruguete, se realizaron al menos 453.839 publicaciones en Twitter (X) al respecto. El 83% de quienes intervinieron en el debate en las redes creen que es un reclamo importante. Por último, el 40,6% sostiene que el posicionamiento de Milei en esta temática mejora su imagen. Arruguete suele seguir de cerca la discusión en las redes. Ella enseña esa disciplina en el CIAS, del jesuita Rodrigo Zarazaga. El CIAS, que es un instituto de capacitación para el liderazgo, está inscribiendo a los alumnos a partir del viernes.La “malvinización” fue aprovechada por el oficialismo como una posibilidad para recuperar el consenso social, operación impulsada por el “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo. Hoy el Gobierno apunta a recalibrar. Existió cierto atolondramiento con la causa, que hizo que algunos funcionarios dijeran que todo aquel que haga negocios con los kelpers sería sancionado e impedido de hacer negocios con la Argentina, sobre todo en el rubro petrolero. Existe un proyecto que viene desarrollándose desde hace años bajo el nombre de Sea Lion, desplegado en aguas argentinas, que extrae petróleo por medio de licencias otorgadas por el gobierno griego. El Gobierno denuncia aquella actividad como ilegal, adelanta demandas penales y promete castigos. A medida que se fue avanzando en esta agresiva estrategia, el ministro de Economía, Luis Caputo, empezó a prestarle especial atención. Se estableció entonces un filtro razonable sobre las denuncias, teniendo en cuenta los bancos que están detrás tanto de Sea Lion, Navitas y Rockhopper, algunos de los cuales cuentan con negocios en el país y que financian proyectos. Entre las demandadas iba a estar la empresa Bluewater, nada menos que la encargada de poner el barco que va a permitir la extracción y almacenamiento del petróleo que se extrae en aguas alrededor del Malvinas. Al mismo tiempo, es la compañía encargada de hacer las boyas donde se sostendrá el oleoducto del que se sacará petróleo en Vaca Muerta. Por ende, aquella denuncia se detuvo hasta el próximo aviso. No es una novedad que, en el negocio petrolero, no son tantos los actores, y todo están conectados en distinta medida. Es lógico, porque en el negocio petrolero no son tantos los actores y están todos más o menos conectados. Es muy probable que una empresa como Bluewater, que realiza extracciones de petróleo en aguas profundas -como en Malvinas- tenga una gran conexión con Vaca Muerta que es una gran formación que atrae a todo el mundo.Las empresas que comercian petróleo en todo el mundo son solo cuatro, que si no operan en la Argentina, lo van a hacer en un futuro. Entonces, empezó una moderación en esta embestida o arrebato que obliga a ver hasta dónde la cuestión Malvinas, con toda la legitimidad que tiene, no complica propósitos más inmediatos del Gobierno que tienen que ver con la minería, la financiación de proyectos productivos y Vaca Muerta. Esto llevó a la intervención de Luis Caputo, que se convirtió en una especie de contr

Fuente: La Nación