Cabañas, verduras y artesanías en un mismo circuito: 10 familias se organizaron en El Manso para que el turismo también derrame entre los productores

Casi a mitad de camino entre Bariloche y El Bolsón, en Rio Negro, por la Ruta Nacional 40, se puede acceder al Valle del Río Manso. Allí, el curso fluvial ofrece opciones turísticas de excelencia, con el paisaje cordillerano de fondo, y diversas actividades, como senderismo, kayak, cabalgatas, y claro, la gastronomía local.
En ese valle se destaca también un circuito turístico que combina muchas de las actividades típicas de la zona con agroecología. Sobre las márgenes del Manso, unas 10 familias conformaron un sendero de agroturismo, que ofrecen sus chacras, huertas y corrales para visitarlos, pero también deletitarse con comidas caseras como corderos al asador, panes, dulces, quesos, miel y comidas al horno de barro. También es posible, en este sendero, alojarse en sus dormis, camping o hostel para hacer las caminatas o cabalgatas y disfrutar de la tranquilidad de este valle, en armonía con el silencio, el sonido de las cascadas, los arroyos, las montañas, el Río Manso y los bosques nativos.
Detrás de esa combinación está el Grupo de Agroturismo del Manso, una experiencia que intenta justamente eso, conectar a quienes producen, reciben turistas y trabajan artesanalmente en ese valle rionegrino.

Daniel Verniers es uno de sus integrantes y explicó a Bichos de Campo que la iniciativa comenzó hace unos tres o cuatro años, a partir de una propuesta del INTA en el marco de Cambio Rural.
“Somos un grupo de distintos prestadores y productores locales, cada uno con su emprendimiento. Nos organizamos a partir de una propuesta del INTA para trabajar el tema del turismo, el impacto del turismo en nuestro valle, buscar soluciones y formas de asociación entre nosotros”, contó.

La idea es sencilla, pero apunta a que el visitante que llega hasta El Manso no tenga contacto solamente con el establecimiento donde se aloja. Quien tiene una cabaña puede recomendarle conocer a otro vecino que hace mermeladas, produce quesos, cultiva verduras o fabrica artesanías. “El que tiene cabaña puede enviar gente a los otros productores que hacen mermeladas o producen queso o artesanía”, resumió Verniers.
Con reuniones periódicas, los integrantes fueron dándole forma al grupo. Y esa diversidad que se observaba en el stand de Bariloche refleja bastante bien lo que convive en el territorio.
Mirá la entrevista completa con Daniel Verniers:

Entre los emprendimientos está HUERMA, la Huerta Madre Agroecológica de El Manso, de la que también participa Verniers junto a sus compañeras. Allí producen verduras que luego llegan hasta mercados de Bariloche y El Bolsón.
“Tenemos una huerta agroecológica que produce una gran cantidad de verdura que se envía a Bariloche y El Bolsón todas las semanas”, explicó. Parte de esa producción se comercializa además en la Feria Franca de El Bolsón y la experiencia forma parte de REPACA, la Red de Productores Agroecológicos de la Comarca Andina.

En ese esquema productivo, explicó Verniers, buscan trabajar respetando los ciclos y recursos disponibles en el propio lugar: “El tema es el respeto a la tierra y no usar agrotóxicos. Se abona con bosta de oveja de los corrales y se hace una producción cuidada”, señaló.
Pero el abanico no termina en las verduras. Verniers también es artesano y participa de un emprendimiento dedicado a trabajos en cerámica, tejidos, lana y madera. Para teñir las fibras utilizan tintes naturales.
Esa combinación termina sintetizando el espíritu con el que nació el grupo. En un valle donde conviven quienes reciben visitantes con quienes producen alimentos o trabajan con sus manos, la apuesta fue dejar de funcionar como emprendimientos aislados y comenzar a recomendarse unos a otros.

La oferta del grupo incluye tejidos en lana de oveja teñidos con tintes naturales, elaborados por la artesana Elvia Albornoz, y trabajos de carpintería realizados con maderas de la zona, como coihue, ciprés y oregón. También se destacan las piezas de cerámica que el propio Daniel Verniers modela a mano con arcilla local, mediante técnicas ancestrales y cocción en horno a leña.
A esa producción artesanal se suman distintas variedades de mermeladas caseras, hechas con fruta orgánica cosechada por los propios productores en plantas sin aplicación de agrotóxicos y sujetas a la disponibilidad de cada cosecha. El circuito se completa con cerveza artesanal elaborada con agua de vertiente: un emprendimiento que comenzó hace más de diez años para autoconsumo y que hoy produce cerca de 400 litros anuales en seis variedades.
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Así, el turista que llegó buscando una cabaña puede terminar llevándose verduras producidas en el valle, un queso, una mermelada o alguna artesanía. Y detrás de ese recorrido aparece una estrategia bastante concreta, la de lograr que el turismo que llega a El Manso no se quede en una sola tranquera.

Fuente: Bichos de Campo