Las nuevas oficinas y qué tienen que tener para que las empresas quieran alquilarlas

Por años discutimos si las oficinas iban a desaparecer. Tal vez la pregunta correcta era otra: qué tipo de oficinas iban a sobrevivir. La pandemia instaló la idea de que el trabajo remoto terminaría por vaciar edificios corporativos y volver obsoleto gran parte del mercado de oficinas. Sin embargo, unos años después, la realidad parece bastante más compleja. Las oficinas no desaparecieron. Cambiaron. Y el cambio más interesante no está ocurriendo en las grandes torres corporativas, sino en un segmento mucho más silencioso: el de los espacios compactos premium.El mercado está mostrando una tendencia cada vez más clara. Según el más reciente informe regional de CBRE, los espacios que hoy muestran una mayor intensidad de uso no son necesariamente las grandes sedes corporativas, sino aquellos orientados al contacto directo con clientes, donde la presencialidad sigue siendo un componente clave para generar valor, fortalecer vínculos y mejorar la experiencia. El estudio también señala que el 96% de las compañías de menos de 500 empleados en América prevé mantener o incluso ampliar sus espacios físicos en los próximos años.Alquileres en zona norte: los barrios que aumentaron más de un 60% en un año¿Qué tipo de oficinas buscan las empresas?De manera que empresas, profesionales y organizaciones ya no buscan más metros cuadrados; buscan mejores metros cuadrados. Prefieren espacios más pequeños, mejor ubicados, tecnológicamente preparados y acompañados por servicios que potencien la experiencia de quienes trabajan y de quienes los visitan. En otras palabras, el valor dejó de estar en el tamaño y pasó a estar en la calidad.Detrás de esta transformación hay una razón evidente: el trabajo híbrido llegó para quedarse. Muchas organizaciones ya no necesitan oficinas capaces de albergar a todo su equipo simultáneamente. Pero sí necesitan lugares donde reunirse con clientes, fortalecer su identidad de marca, recibir pacientes, generar confianza o construir relaciones profesionales.Y ahí aparece una diferencia fundamental que muchas veces pasa desapercibida y es que no todas las actividades pueden virtualizarse por completo. Un abogado puede enviar documentos por correo electrónico, un médico puede realizar seguimientos por telemedicina y un consultor puede coordinar reuniones por videollamada. Sin embargo, cuando la confianza se vuelve un componente central del servicio, la experiencia presencial sigue teniendo un valor difícil de reemplazar.Por eso resulta tan interesante observar cómo comienzan a converger actividades que históricamente parecían pertenecer a mercados distintos. Consultorios médicos, estudios jurídicos, oficinas contables, espacios de bienestar, consultoras, agencias especializadas y pequeñas empresas tecnológicas comparten hoy necesidades muy similares. Todas requieren una presencia física selectiva, eficiente y de alto impacto. Ya no necesitan oficinas gigantes. Necesitan espacios que transmitan profesionalismo.Las plantas que los especialistas dicen que nunca deberías poner en un departamento pequeño¿Qué tienen que tener las plantas?Esta lógica también explica el auge de los edificios con servicios compartidos. Salas de reuniones, recepciones de categoría, lounges, cafeterías, áreas de bienestar y tecnología integrada dejaron de ser amenities accesorios para transformarse en parte central del producto inmobiliario. El edificio comienza a funcionar como una plataforma de servicios y no simplemente como un contenedor de oficinas.La influencia de la hotelería resulta evidente. Los usuarios valoran cada vez más experiencias fluidas, confortables y memorables. La oficina moderna toma elementos del mundo hotelero porque comprende que la experiencia de quien llega al espacio forma parte del valor que allí se genera.También por eso las unidades más demandadas tienden a concentrarse en superficies relativamente reducidas. Espacios de entre 20 y 80 metros cuadrados permiten combinar eficiencia económica, flexibilidad operativa y calidad de ubicación. Son formatos especialmente atractivos para profesionales independientes, estudios especializados, startups y equipos corporativos descentralizados.Pero quizás lo más relevante es que esta tendencia revela algo más profundo sobre la economía que viene. Mientras la inteligencia artificial y la automatización avanzan sobre tareas operativas y repetitivas, las actividades basadas en la confianza, la creatividad, el asesoramiento y el vínculo humano ganan importancia relativa. Y esos servicios siguen necesitando lugares físicos donde las relaciones puedan desarrollarse.Por eso, más que una moda inmobiliaria, el crecimiento de los espacios compactos premium parece ser la manifestación de una transformación estructural. La oficina del futuro probablemente no sea más grande. Será más inteligente, más flexible y más experiencial. Y, sobre todo, estará diseñada para aquello que la tecnología todavía no logró reemplazar: el encuentro entre personas.El autor es director de la desarrolladora Nómada

Fuente: La Nación