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El impacto laboral de la IA. La revolución más profunda golpea a las puertas de la Argentina
De todas las áreas impactadas por la rápida evolución de la Inteligencia Artificial (IA) una de las que más se ha estudiado es la relacionada con sus efectos sobre el mundo del trabajo. Sin embargo, pese al volumen de informes acumulados, también es de las más inciertas, porque es muy difícil determinar los alcances de un proceso que está en progreso y que, además, no solo afecta la tarea laboral en sí, sino que también influye indirectamente al modificar los modos de producción, de distribución y de consumo. Por primera vez los expertos corren detrás de las evidencias porque la velocidad de propagación supera la posibilidad de análisis. Y peor aún, los creadores de la IA dan señales de que la criatura se les escapa de las manos y que no pueden controlar sus efectos. La gobernanza y la seguridad se volvieron prioridades absolutas.En este contexto vertiginoso, lo único seguro es que la IA tiene un efecto arrollador también en el mundo laboral, y que se acelerará en el corto plazo. Para los tecno-optimistas en términos de potenciar la productividad; para los tecno-pesimistas, como vector de reemplazo de las tareas humanas. Para unos, se trata de una oportunidad; para otros, de una amenaza. En el medio, los escépticos y los expectantes.La otra certeza es que esta revolución tiene un impacto disímil en los distintos países, dependiendo de su mercado laboral, su desarrollo tecnológico y el nivel de su educación y su capacitación. Si bien el proceso es inevitablemente global, tiene una permeabilidad diferente que requiere de enfoques particulares.En el caso de la Argentina, quizá con algún retraso, el análisis escaló con mayor intensidad en los últimos tiempos, a partir de los primeros efectos tangibles en el mundo del trabajo. En el universo sindical hay una preocupación palpable porque esta problemática se suma a las urgencias derivadas de la pérdida de puestos laborales por la falta de reactivación económica. La CGT, que viene estudiando el tema desde hace un tiempo, tuvo una reunión hace algunas semanas en la que le presentaron un informe elaborado por el Consejo Económico y Social de la ciudad de Buenos Aires. Allí se desglosó el nivel de exposición a la IA que tendrá cada una de las actividades más habituales en el radio porteño, y el resultado es considerable. El promedio está en línea con otros países, pero hay rubros potencialmente muy afectados, como la administración pública, las finanzas, los servicios profesionales y el comercio, todos mano de obra intensiva. Al mismo tiempo hay otros que lucen menos amenazados, como entretenimiento, construcción y servicio doméstico. En esa reunión, donde estuvo el triunvirato de conducción y algunos de los principales referentes sindicales, se respiró la inquietud gremial por este nuevo frente de turbulencia.En la vereda empresarial también se están moviendo en busca de orientación y de una hoja de ruta. La Unión Industrial Argentina (UIA) elaboró junto con Accenture un estudio de diagnóstico que tituló Reinventarse con Inteligencia, en el que se señala que la IA podría elevar la productividad laboral en 1,2 puntos por año y transformar hasta el 38% del tiempo de trabajo en las fábricas. Pero también subraya que la Argentina captó solo el 2% de la inversión vinculada a la IA en América latina, y advierte que “en términos de adopción empresaria el rezago es aún más evidente” porque “solo una de cada tres empresas industriales invierte en IA” (9% invierte regularmente, 23% lo hace en pruebas piloto y 68% no invierte todavía). Los datos hacen juego con el último trabajo de Visual Capitalist, en base a información de Microsoft, según el cual la Argentina tiene un rango de adopción de IA en línea con la región pero lejos de los países más avanzados.En las filiales industriales del interior del país la atención a este terremoto tecnológico queda eclipsado muchas veces por la inquietud ante la falta de reactivación y la caída del consumo. “Cada empresa, cada sector aplica la IA como puede, todo bastante anárquico. Sabemos que va a haber un impacto laboral importante, pero no podemos cuantificarlo”, resume un empresario de relieve. El cuadro es mucho más complejo entre las compañías tecnológicas, algunas de las cuales tuvieron que hacer despidos amplios. También hay bancos y firmas financieras que tomaron medidas.El gobierno nacional se ubica dentro de la mirada tecno-optimista, al considerar que “las ocupaciones que más crecen en la Argentina son, en promedio, las más expuestas a la IA. Esto confirma nuestra visión: la IA no reemplaza puestos, los complementa y transforma su contenido”. Por ahora se ha limitado a actualizar su oferta de capacitación del Portal Empleo y a tecnificar procedimientos estatales, pero no ha avanzado en la instrumentación de políticas públicas específicas. El último informe del Ministerio de Trabajo sobre el tema es de mediados de 2023, cuando se concluyó que “el 54% del empleo formal en el sector privado, equivalente a aproximadamente 3,01 millones de empleos, se encuentra en ocupaciones donde al menos la mitad de sus tareas podrían ser ejecutadas por IA generativa”. Pero después el diagnóstico no se actualizó.Si bien la gestión de Javier Milei es la más permeable a las innovaciones tecnológicas, a través de proyectos como la de empresas no humanas o el RIGI II, no parece igualmente activa en términos de coordinar acciones concretas con los sectores productivos, educativos y de salud. Su orientación apunta a la desregulación económica del sector tecnológico y a la atracción de inversiones. Prima la lógica general de que la reconversión es responsabilidad de los privados.“En la Argentina se están solapando muchos cambios. Algunos que son derivados del ciclo económico, y otros que son más estructurales. Entonces es más difícil evaluar el impacto real de la IA”, señala Tomás Castagnino, economista jefe y director ejecutivo de Accenture Research y autor del informe junto a la UIA. La ilusión es que la aceleración tecnológica potencie la productividad y estimule la reactivación. Sería la dinámica virtuosa. El riesgo es que la coyuntura económica dilate un abordaje proactivo del cambio tecnológico, y la Argentina quede otra vez rezagada en las dinámicas globales. El fatídico círculo vicioso.Promptear el futuroDetrás de la gran dispersión de los estudios académicos e institucionales, hay algunas coincidencias preliminares al evaluar los primeros impactos globales de la IA. Uno de los ejes más abordados es el que analiza los rubros laborales más y menos expuestos. Y lo curioso es que se ha producido un cambio en los últimos tiempos en este abordaje. Hasta hace algunos años se pensaba que los trabajos que quedarían más afectados por la evolución tecnológica serían los que requieren menos capacitación, y por eso estudios como los del Banco Mundial hacían advertencias a los países subdesarrollados. Pero la tendencia cambió cuando la IA empezó a desplegar su potencial.Primero se pasó a un esquema en forma de U, donde los trabajos de mayor calificación como los gerenciales, y los de menor calificación, como los de cuidados personales u oficios, estarían más resguardados; y todas las tareas intermedias, como las de un administrativo o un programador, serían severamente impactadas. Ahora se pasó a una planteo de plano inclinado, porque la evolución de la IA generativa también empezó a desarrollar capacidades propias de los roles jerárquicos.En el fondo parece haber una diferenciación entre las tareas físicas, propias del mundo offline, el de los átomos, que por ahora no requieren nuevas habilidades; y el mundo online, el cognitivo relacionado con la virtualidad de los bytes, que demanda una adaptación veloz. Las primeras parecen más resguardadas hoy, pero las segundas tienen mayor potencial si logran una mayor complementariedad con las nuevas tecnologías. De un lado están los plomeros y las enfermeras; del otro, los directores de finanzas y los gerentes de compras. En el medio están los que se llevan la peor parte, que según el informe de Anthropic de marzo pasado titulado “Impacto en el mercado laboral de la IA”, lo encabezan los programadores, los servicios de atención al cliente y los data entry (todas malas noticias para países como India).El segundo eje de evaluación es el etario, y allí parece haber coincidencia en que si bien la tendencia natural lleva a pensar que los jóvenes llevan una ventaja en términos de adopción de la IA, los estudios demuestran que también pueden enfrentar mayores dificultades para su primera inserción laboral. Esto es consecuencia de que muchas de las tareas habitualmente básicas que desarrolla un principiante son las que las empresas más rápido tienden a reemplazar por los nuevos desarrollos tecnológicos. El informe de Anthropic dice que “los trabajadores en las profesiones más expuestas es más probable que sean de adultos, mujeres, con mayor educación y mejores pagos”, pero al mismo tiempo advierte que han encontrado “evidencia de que la contratación de trabajadores jóvenes se volvió más lenta en ocupaciones expuestas”. Bruno Muñoz retoma este punto en un artículo publicado por Cippec y remarca la disonancia entre el mercado laboral y la demanda de carreras universitarias en la Argentina, donde algunas de las más requeridas, como informática, economía y administración, figuran entre las más expuestas a la IA. La adaptación de la currícula y de los modelos educativos a esta nueva realidad emerge como la urgencia más acuciante.Y la tercera trayectoria que parece arrojar confluencia entre los estudios es que el ingreso laboral general va a caer en el futuro, porque su intervención en los procesos productivos se reducirá y habrá menos horas de trabajo remuneradas. De allí la discusión que ya se empezó a dar en torno de cómo reemplazar el volumen de salario que se perderá. Si el mundo de las próximas décadas tendrá mayor productividad, pero con trabajadores menos atareados y menos remunerados, ¿quién pagará por los bienes y servici
Fuente: La Nación