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Madring: la historia detrás del circuito en el que corre Colapinto este fin de semana
Un circuito construido en apenas dieciséis meses reabre la historia del Gran Premio de España en Madrid, ausente desde 1981. Entre plazas de toros que inspiran curvas peraltadas y túneles que atraviesan Valdebebas, Madring promete escribir sus primeras leyendas este fin de semana de septiembre de 2026. Curvas técnicas, alturas cambiantes y guiños constantes a la ciudad convierten al nuevo trazado en un desafío tan físico como simbólico.El silencio que precede al primer capote posee una textura particular. Miles de personas contienen la respiración, el sol golpea sobre la arena y, durante un instante suspendido, el bullicio entero de Madrid parece disolverse dentro de un círculo perfecto. Las Ventas, la plaza de toros más importante de España, construyó su fama sobre esa combinación entre riesgo, geometría y espectáculo, una fórmula que la ciudad trasladó, casi un siglo más tarde, hacia un terreno completamente distinto: el automovilismo de velocidad. Porque la curva más icónica del nuevo circuito madrileño de Fórmula 1 lleva, precisamente, el mismo apodo que distingue a la catedral taurina española: la Monumental.Aquella coincidencia resume el espíritu con el que fue concebido Madring, el escenario que este fin de semana recibe, por primera vez, a la máxima categoría del automovilismo mundial. Tras cuarenta y cinco años de ausencia, la capital española vuelve a escuchar el rugido de los motores de Fórmula 1 sobre un trazado propio, algo que jamás sucedió desde aquella tarde de junio de 1981 en la que Gilles Villeneuve levantó los brazos en el circuito del Jarama.Desde entonces, el Gran Premio de España deambuló por distintos escenarios, primero Jerez y luego, a partir de 1991, el Circuit de Barcelona Catalunya, sin volver jamás a pisar suelo madrileño. Los intentos por recuperar una fecha en la capital se sucedieron durante décadas, entre proyectos que quedaban archivados y negociaciones que se apagaban antes de concretarse. Recién en 2023 la propuesta cobró forma definitiva, cuando IFEMA Madrid, el gran recinto ferial situado junto al aeropuerto de Barajas, encargó el diseño de un trazado completamente nuevo alrededor de sus pabellones y de la vecina zona de Valdebebas.La tarea recayó en Jarno Zaffelli, arquitecto italiano al frente del estudio Dromo, quien previamente había firmado intervenciones sobre circuitos tan prestigiosos como Zandvoort, Spa Francorchamps, Silverstone, Marina Bay y Mugello. Su proyecto se impuso en un concurso frente al alemán Hermann Tilke, responsable habitual de la mayoría de los trazados modernos del campeonato. Las obras comenzaron el 29 de abril de 2025 y avanzaron a un ritmo vertiginoso, apenas dieciséis meses, hasta completar una inversión cercana a los 83 millones de euros.El resultado terminó siendo un circuito híbrido, mitad permanente y mitad urbano, que combina sectores construidos específicamente para la competencia con tramos de vías públicas habilitadas durante el fin de semana de carrera. Extiende su trazado a lo largo de 5,4 kilómetros distribuidos en veintidós curvas, dos túneles y un desnivel de diez metros que multiplica las dificultades para pilotos e ingenieros. La recta de salida mide poco más de quinientos metros, aunque entre la pole position y la primera curva apenas quedan doscientos cincuenta metros, un tramo corto que convierte esa frenada inicial en el principal punto de adelantamiento durante toda la carrera.El neófitoNingún sector concentra tanta expectativa como la Monumental, la curva peraltada que da nombre e identidad al circuito entero. Su geometría semicircular, inspirada abiertamente en la arquitectura de una plaza de toros, se extiende durante 550 metros con una inclinación del 24 por ciento, la clase de peralte que apenas existe en otros escenarios del calendario. Los monoplazas la recorrerán en poco más de cinco segundos, rozando los 300 kilómetros por hora, frente a unos 45.000 espectadores acomodados en las gradas que la rodean. Superarla exige entrar prácticamente a ciegas, confiando en una trazada que los pilotos apenas terminarán de memorizar durante los entrenamientos libres.El resto del trazado guarda su propia colección de curiosidades. El Bunker conduce hacia una chicana técnica, las curvas diez y once, pensada para reducir drásticamente la velocidad antes del ingreso a la Monumental. Ya en la zona norte aparecen las Enlazadas de Valdebebas, un tramo fluido de curvas rápidas y de gran apoyo situado junto a la Ciudad Deportiva del Real Madrid, otro guiño evidente hacia la identidad futbolística de la ciudad. Tras atravesar el túnel que conecta Valdebebas con el recinto de IFEMA emerge la curva Norte, bautizada así por su cercanía con el Centro de Convenciones homónimo, desde donde los invitados de las zonas VIP disfrutarán de una vista privilegiada sobre el resto del circuito. El tramo final, el más lento de todo el recorrido, culmina en El Parque, dos curvas técnicas escoltadas por muros que bordean los pabellones feriales antes de desembocar nuevamente en la recta principal.Según las estimaciones difundidas antes del debut, la vuelta rápida en clasificación rondará el minuto con treinta y dos segundos, con picos de velocidad cercanos a los 320 kilómetros por hora. La carrera del domingo constará de 57 vueltas, algo más de 308 kilómetros repartidos sobre un trazado que jamás fue probado en competencia real, una rareza absoluta dentro de un deporte que suele apoyarse en datos históricos acumulados durante décadas. Ningún piloto cuenta con referencias previas sobre Madring, una condición que iguala el desafío entre veteranos y debutantes durante ese primer fin de semana.Con capacidad para 110.000 espectadores por jornada, el recinto espera reunir cerca de 350.000 personas entre el viernes y el domingo, cifra que confirma la magnitud del desembarco. La cercanía con el aeropuerto de Barajas, apenas cinco minutos de trayecto, y la integración total dentro del predio ferial de IFEMA multiplican la logística del evento sin exigir traslados extensos hacia el centro urbano. Fuera del circuito, Madrid ofrece su propia versión del espectáculo, entre el Palacio Real, el Museo del Prado, las terrazas de Malasaña y esa energía nocturna que convirtió a la capital española en una de las ciudades más vibrantes de Europa.Trazados como Hungaroring tardaron cuatro décadas en construir su galería de leyendas, desde el sobrepaso imposible de Nelson Piquet hasta la consagración precoz de Fernando Alonso. Madring todavía transita el capítulo cero de esa historia, aquel instante fundacional en el que ningún récord existe todavía y cualquier maniobra puede convertirse en la primera postal inolvidable del trazado. Acaso alguna curva termine bautizada con el apellido de un piloto, tal como sucedió en Hungría con Jean Alesi, o quizás la propia Monumental entregue, desde su primera edición, una escena capaz de resistir el paso del tiempo. Madrid, la ciudad que aprendió a convertir plazas en templos de riesgo y espectáculo, se prepara para descubrir si su nuevo anillo de asfalto sabrá construir, curva tras curva, esa misma clase de leyenda.
Fuente: La Nación