Economía
Santiago Tejedor: “No necesitamos operadores tecnológicos, necesitamos periodistas”
En un mundo envuelto -y revuelto- por el celofán de la inteligencia artificial, los algoritmos y la transformación de las plataformas, Santiago Tejedor propone volver a una cuestión esencial: el significado de formarse y ejercer como periodista. Para el catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona, el error es reducir esa construcción de conocimiento a un enfoque instrumental o técnico. Las herramientas cambian, las plataformas desaparecen y los modelos de negocio se transforman; por eso, sostiene, siguen siendo fundamentales capacidades humanas como observar, escuchar, formular buenas preguntas, verificar, interpretar contextos, conectar datos y distinguir lo importante de lo simplemente llamativo. Y, por encima de ellas, cultivar una voz propia para contar el mundo desde la persona.Esa mirada atraviesa también su posición frente a la IA. Tejedor plantea que debe entenderse como una aliada capaz de mejorar el trabajo periodístico, siempre desde un uso crítico, ético y transparente. A medida que la tecnología gane terreno en diferentes fases del proceso, considera que el criterio, la responsabilidad y la mirada deben seguir siendo del periodista. Las nuevas tecnologías pueden detectar patrones, traducir documentos o analizar grandes volúmenes de datos, pero la responsabilidad última sobre una historia no puede delegarse. El desafío alcanza de lleno a las universidades y a las redacciones de los medios. En diálogo con LA NACION, Tejedor cuestiona una enseñanza que persigue herramientas que pueden desaparecer antes de que se aprueben los planes de estudio y propone un aprendizaje que combine “humanidades, tecnología y calle”, con menos fronteras entre asignaturas y más proyectos reales. También advierte sobre el riesgo de que las métricas se conviertan en el criterio principal de las decisiones editoriales y reivindica una innovación que dialogue con la tradición periodística en lugar de sustituirla. - Enseñar periodismo siempre implicó preparar a los estudiantes para enfrentar nuevos desafíos. ¿Qué capacidades cree que hoy deberían aprender en la universidad y que probablemente seguirán siendo valiosas dentro de diez años aunque cambien el negocio, la tecnología y otros factores que no dominamos?- El error es pensar en un enfoque estrictamente instrumental o técnico. Las herramientas son importantes, pero la clave es entender los procesos, los porqués y los caminos. Por ello, la universidad no debería formar periodistas para manejar las herramientas. Al menos, no solo eso. Necesitamos enseñar a comprender críticamente las herramientas de mañana y, por ende, los algoritmos. Antaño, enseñábamos a manejar instrumentos y plataformas. Hoy el desafío es aprender a conversar con ellas. Las aplicaciones cambian. Las plataformas desaparecen. Los modelos de negocio se transforman. Hay capacidades clave. Algunas las demanda la nueva coyuntura. Otras siempre han existido, pero ahora se redefinen. Entre ellas, son y serán clave educar la mirada, aprender a escuchar de manera activa, saber observar, formular buenas preguntas, verificar, interpretar contextos, conectar datos aparentemente dispersos y distinguir lo importante de lo simplemente llamativo. Y, por encima, cultivar una voz propia para contar: contar el mundo desde lo humano. También será fundamental aprender a convivir con la incertidumbre. Necesitamos periodistas versátiles y preparados para desenvolverse en contextos en permanente transformación. Esto es: trabajar con tecnologías que todavía no conocemos. Para ello, será crucial un aprendizaje perenne y un reciclaje formativo continuado. No hablo de competencias exclusivamente técnicas. Aludo a la importancia de fomentar la curiosidad, el pensamiento crítico, la creatividad, la ética, la deontología y la cultura general para edificar contextos. Añadiría otra competencia decisiva: saber escuchar. En un ecosistema saturado de voces, los periodistas capaces de escuchar con atención serán muy valiosos.- ¿Sigue teniendo sentido hablar sobre periodismo digital o llegó el momento de hablar simplemente de buen periodismo en un ecosistema digital?- Durante muchos años, hablamos, escribimos e incluso identificamos un periodismo digital frente a otros que denominamos analógicos. Con el tiempo, fue una diferenciación innecesaria. Hoy todo el periodismo es digital. La aparición de internet, la hipertextualidad, la multimedia, la interactividad, la actualización permanente y la participación de las audiencias son elementos presentes en cualquier escenario periodístico. Durante un tiempo tuvimos y fue útil y necesario estudiar ese cambio, definir sus características y formar profesionales capaces de desenvolverse en un nuevo entorno. Actualmente, sería redundante. Es decir, todo el periodismo se produce, circula o se transforma dentro de un ecosistema digital. Incluso, cuando el entregable final sea un soporte físico. Detrás de esa historia, existe un trabajo previo derivado de bases de datos, buscadores, redes y, en definitiva, herramientas digitales. Considero que lo digital ya no es una categoría que diferencia. No obstante, eliminar el adjetivo no significa olvidar sus implicaciones. El periodismo hoy se desarrolla en entornos dominados por plataformas, algoritmos, métricas… El reto ya no es digitalizar el periodismo. El desafío es entender su esencia y preservarlo dentro de un ecosistema digital que tiende a homogeneizar voces y amplificar el ruido versus la melodía informativa. Cada año mi esfuerzo no se centra únicamente en enseñar herramientas en las aulas de mis clases del grado de Periodismo sino en recordar, sensibilizar y formar al alumnado en el sentido y la función del periodismo. La educación del futuro recupera los valores como baluartes de un mejor periodismo y de una mejor sociedad.La revolución del periodismo exige un cambio en la forma de enseñarlo. Hemos de invitar a los futuros profesionales a salir del aula, conversar con las fuentes, enfrentarse a la necesidad de verificar y a generar sus propias historias.- ¿Qué error observa con mayor frecuencia en las facultades cuando intentan adaptar sus programas a la velocidad con la que cambia la industria?- Los errores son muchos y diversos. Queremos adaptarnos a una coyuntura profesional cambiante, pero no tenemos la capacidad administrativa de hacerlo. Queremos formar a profesionales para un sector con el que “dialogamos” poco y mal. Queremos inculcar la semilla y la vocación del periodismo con un profesorado que enseña periodismo sin ser ni haber ejercido el periodismo. Queremos ser innovadores y confundimos la innovación con incorporación de herramientas recientes y novedosas. El desafío no es crear asignaturas específicas sino elaborar itinerarios formativos que, desde lo transversal, trabajen lo específico. Cambiamos los planes de estudio siguiendo el rastro de herramientas o plataformas que ya han desaparecido antes de que el plan de estudios haya terminado de aprobarse. La clave es identificar y analizar las transformaciones que experimenta el sector, que la academia contribuya a solucionar problemas existentes en la industria. Pero me encantaría que también anticipara propuestas, propusiera sin esperar una demanda y se adelantara desde la experimentación y el uso disruptivo. Esto demanda de un modelo formativo diferente que no es lineal sino multidireccional y colaborativo. Las herramientas nos acercan a una necesidad coyuntural; las preguntas nos aproximan a los desafíos estructurales. Por ello, más allá de renovar los nombres de las asignaturas, necesitamos apostar por nuevas metodologías. Hablamos mucho de innovación, transmedia o IA, pero ¿de qué sirve si nuestro alumnado sigue sentado escuchando como alguien lee una presentación durante horas para luego repetir conceptos en un examen? La revolución del periodismo exige un cambio en la forma de enseñarlo. Hemos de invitar a los futuros profesionales a salir del aula, conversar con las fuentes, enfrentarse a la necesidad de verificar, y a generar sus propias historias.- La IA ya puede redactar, traducir, resumir e incluso investigar. ¿Qué debería seguir siendo exclusivamente humano en el trabajo periodístico?- La IA nos acompaña desde hace años. Ahora está más presente, es más factible su uso y el impacto es exponencial. Hemos de entenderla como un complemento que mejora. El planteamiento no es dicotómico. Hemos de concebirla como una aliada que nos puede hacer mejores, siempre desde un uso crítico, ético y transparente. Las tareas exclusivamente humanas se han reducido, pero el criterio, el cierre, la responsabilidad y la mirada siguen siendo del periodista. El término Human-In-The-Loop (HITL) alude a procesos o sistemas donde una persona participa activamente en supervisar y validar decisiones dentro de un flujo de trabajo. Es un planteamiento interesante. Progresivamente, la IA ganará terreno en muchas fases del trabajo periodístico, pero esto no significa que pueda asumir la responsabilidad última sobre una historia. Hay una palabra que se recupera y enfatiza: criterio. El criterio editorial del periodista y, por extensión, de un medio ha de salir fortalecido de una nueva coyuntura. ¿Quién decide qué cosas merecen ser contadas? El humano. ¿Quién justifica por qué han de ser contadas? El humano. ¿Quién mira a los ojos a las fuentes? Nosotros. ¿Quién las escucha? Otra vez: el periodista. La confianza, el dolor, el miedo, la vulnerabilidad o el conflicto son situaciones y escenarios que necesitan de periodistas humanos. ¿Puede una máquina transcribir un testimonio? Sí. ¿Puede asumir moralmente el impacto que tendrá publicarlo? No. La responsabilidad, el juicio, la empatía o la conciencia ética son territorios que corresponden a los periodistas. La IA aporta aspectos claves y de gran utilidad. La detección de patrones, las tendencias de búsqueda, la traducción de documentos, la exploración y el análisis de grandes volúmenes de datos son ejemplos de tareas y procesos donde la IA será clave y
Fuente: La Nación