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Antoni Bolinches, psicólogo y sexólogo: “Solo el 10% de las relaciones que comienzan a los 20 llega a celebrar las bodas de oro”
Celebrar cincuenta años de amor ininterrumpido es todo un logro. Sin embargo, las cifras oficiales demuestran que es un caso excepcional. En España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúa la duración media de los matrimonios que terminan en divorcio en 16,4 años: un dato que deja ver la gran brecha que hay entre el día a día de las rupturas y el clásico sueño de llegar a las bodas de oro.Para Antoni Bolinches, reconocido psicólogo clínico, sexólogo y terapeuta de pareja, la clave de la longevidad afectiva se encuentra fundamentalmente en el momento vital en el que se inicia la relación. Durante una entrevista en El matí de Ràdio 4, el especialista advirtió: “Solo el 10% de las relaciones que comienzan a los 20 llega a celebrar las bodas de oro. Una de cada diez”.El desafío de crecer a la parIniciar un proyecto de vida en la juventud implica transitar un camino largo y complejo marcado por profundas transformaciones personales, laborales y sociales. En esa etapa formativa, los individuos todavía están terminando de definir sus identidades, sus metas profesionales y sus expectativas vitales. Por este motivo, el verdadero reto no consiste únicamente en sostener el vínculo a flote, sino en conseguir que ambos miembros evolucionen de manera armónica y compatible a lo largo de las décadas.En contraste, las uniones que se gestan en etapas posteriores operan bajo una lógica completamente diferente. Tal como sostuvo el experto al referirse a este fenómeno, “las relaciones de segunda o tercera generación pueden durar toda la vida, pero ya es media vida, porque estas relaciones las comienzas entre los 40 y los 50”, cuando la personalidad de cada uno ya se encuentra consolidada.Del enamoramiento al desgaste cotidianoTal como explicó el especialista, el enamoramiento inicial, cuya fase de máxima pasión suele extenderse entre los dos y tres años, constituye tan solo el punto de partida de cualquier vínculo. Superado ese tramo de alta intensidad emocional, se abre una etapa decisiva donde la relación se debilita de forma paulatina o se fortalece de manera definitiva frente a los problemas. El gran obstáculo surge con el paso del tiempo y la consolidación de la rutina. Según Bolinches, la convivencia actúa a menudo como enemiga de sí misma al activar el principio de habituación sobre los aspectos positivos del otro. Con los años, aquello que al principio resultaba simpático o atractivo puede volverse un motivo constante de fricción, dado que la tolerancia humana no crece de la misma manera frente a los pequeños defectos que incomodan.En ese sentido, ejemplificó: “Tú eres muy simpático, pero tu mujer dentro de diez años te dirá que eres un poco alocado o un superficial”. En cambio, según explicó, la tolerancia no acostumbra a crecer de la misma manera ante aquello que incomoda: “A las cosas malas, la pareja no se habitúa”. Es decir, aquello que al principio se pasa por alto puede convertirse con los años en una fuente de conflicto.A pesar de la dureza de los datos estadísticos, el psicólogo concluyó que las parejas jóvenes no están condenadas al fracaso absoluto; su éxito dependerá de la capacidad mutua para reinventarse, superar las crisis y transitar los cambios sin perder el afecto original.
Fuente: La Nación