General
No estuvieron, pero viven sus consecuencias: cómo se enseña el atentado del 11-S en las escuelas de EE.UU.
Cuando, cada 11 de septiembre, Thomas Hughson veía los mismos documentales, oía los mismos recuerdos y recibía las mismas enseñanzas sobre los hechos que sacudieron su país en 2001, el tono que se le presentaba “no era solamente triste y solemne, sino también ominoso y atemorizante, como si las personas que habían cometido los atentados tuvieran más planes y sus ataques pudieran volver a ocurrir algún día”.Esto se debía, en gran parte, a que las enseñanzas que Thomas recibía sobre los ataques organizados por Osama ben Laden y perpetrados por Al–Qaeda en distintos puntos de Estados Unidos –el más impactante, el derribo de las Torres Gemelas de Nueva York– eran, en primer lugar, una transmisión de la propia experiencia de quienes habían vivido aquel momento y se habían visto afectados directa o indirectamente.“La mayor parte de la enseñanza se daba a través de historias contadas por profesores y otros miembros del personal de la escuela que tenían recuerdos de ese día”, dijo a LA NACION el joven que ahora tiene 23 años y se crio en Carolina del Sur.Un cuarto de siglo después de los eventos que dejaron casi 3000 muertos y marcaron a fuego su historia, Estados Unidos enfrenta ahora la compleja tarea de enseñar a las nuevas generaciones qué pasó en el día más trascendental de la geopolítica de este siglo, con hechos que moldearon vidas incluso antes de que empezaran.Según una reciente encuesta del Pew Research Center, cerca del 60% de los jóvenes adultos norteamericanos nacidos después de 2000 afirma que la primera vez que escuchó hablar del 11-S fue en la escuela.Sin embargo, no existe una currícula unificada que dicte qué material debe darse en las aulas y, de hecho, cada estado norteamericano tiene normativas diferentes respecto al contenido y a la obligatoriedad de tratar el tema.Por eso, muchos jóvenes siguen recibiendo su formación sobre uno de los eventos bisagra más importantes de su país únicamente a través de historias personales de familiares, amigos, vecinos o docentes, todos intentando transmitir una experiencia que, para quienes no habían nacido en 2001, resulta muy difícil de comprender.Cómo se enseña en las escuelasEn Estados Unidos, la enseñanza sobre lo que pasó el 11 de Septiembre se divide en dos categorías. Algunos estados lo consideran obligatoria en sus currículas, aunque no necesariamente aclaran el modo en que debe abordarse. Otros sólo la sugieren, sin tampoco dar lineamientos claros en cuanto al contenido.De acuerdo con una reciente investigación de la agencia de noticias AP, de los 50 estados norteamericanos, solo 25 cuentan con leyes específicas o estándares educativos que exijan a las escuelas públicas impartir contenidos sobre lo ocurrido el 11-S. Otros 13 estados, en cambio, contemplan menciones optativas de los hechos.Varios estados más tienen leyes que recomiendan o exigen la realización de actos conmemorativos, sumando un total de 40 estados que tienen algún tipo de normativa sobre la enseñanza de los atentados. En muchos de estos casos, sin embargo, no existen leyes o estándares específicos sobre cómo tratar la temática, por lo que las escuelas y los docentes son quienes terminan decidiendo por su cuenta cómo abordarla.“Sinceramente, no recuerdo que se haya enseñado en la escuela. Recuerdo que se hablaba del tema, pero nunca profundizamos demasiado en detalle. Se daba por sentado que todos sabíamos lo que había ocurrido, creo que porque todos habíamos nacido alrededor de 2000 y 2001”, dijo a LA NACION Danah A., de 25 años, criada en Virginia. Danah pidió mantener su apellido en el anonimato.Según recuerda, la que le explicó lo sucedido fue su familia, de religión musulmana, que “puso especial énfasis en diferenciar el tipo de comprensión religiosa del islam que teníamos nosotros de las formas extremistas y tergiversadas de la religión que motivaron los atentados del 11–S”.La formación de Danah no es una anomalía. En su página web, el Departamento de Educación de Estados Unidos solo ofrece una serie de recomendaciones y materiales para abordar la enseñanza del 11-S que, aclara, fueron elaborados diez años después de los atentados, es decir, hace 15 años.“El Departamento de Educación no controla ni garantiza la exactitud, pertinencia, actualidad o integridad de estos materiales. Asimismo, la inclusión de enlaces a estos materiales no implica que el Departamento respalde dichos materiales”, advierte sin embargo la página.Además de los dos únicos links que ofrece el Departamento –uno sobre la generación de un entorno “positivo” en las escuelas al momento de tratar los hechos y otro respecto a la relación de lo ocurrido con la Constitución norteamericana–, la página facilita enlaces a materiales provistos por instituciones ajenas al Estado nacional.La última vez que la página del Departamento fue revisada, se aclara, fue el 14 de febrero de 2025.El auge de la islamofobia y la “guerra contra el terrorismo”“No tengo demasiados recuerdos de esa época, pero sí recuerdo que mis padres se sentían más cohibidos por ser inmigrantes de Medio Oriente. A menudo hablan de amigos suyos que fueron víctimas de perfilamiento racial por su apariencia o por sus apellidos, algo que mi papá experimentó personalmente. Quizás ese clima fue, en parte, la razón por la que ambos se fueron de Estados Unidos a principios de la década de 2000”, continuó Danah.La historia de su familia es la de muchos musulmanes en Estados Unidos, en un momento en el que el terror provocado por los atentados se correspondió con un pico de islamofobia en el país.Sin embargo, la relación del grupo terrorista Al–Qaeda con el Islam motivó no sólo la discriminación de la comunidad musulmana en el país, sino que también alimentó la perspectiva que dirigiría las siguientes décadas de política exterior norteamericana bajo el paraguas de la “guerra contra el terrorismo”.En un intento de controlar el pánico y fomentar un sentimiento de unidad en la sociedad, así como de dejar al mundo en claro que Estados Unidos respondería a los ataques, el entonces presidente George W. Bush lanzó una costosa, extensa y, según algunos expertos, sobredimensionada ofensiva que empezó con bombardeos contra células terroristas y culminó con las invasiones de Irak y Afganistán.Unos 7000 militares estadounidenses murieron en el transcurso de las guerras, además de unos 8000 contratistas externos al Ejército, según diferentes estimaciones. Al menos 200.000 iraquíes murieron en los enfrentamientos, al igual que decenas de miles de afganos.Las posteriores revelaciones sobre la manipulación de información de inteligencia por parte del gobierno norteamericano y las acusaciones de uso sistemático de la tortura y de violaciones a las leyes nacionales e internacionales significaron además un duro golpe para la reputación internacional de Washington y para la confianza de los ciudadanos en su gobierno.No obstante, ni la currícula actual de la enseñanza pública de Estados Unidos ni los materiales previstos para abordar la temática de los atentados del 11 de Septiembre incluyen una referencia directa y exhaustiva de la “guerra contra el terrorismo”.En el único documento que provee el Departamento de Educación sobre la creación de un entorno positivo a la hora de abordar la temática del 11-S solo se hace referencia a que “los estudiantes de determinadas comunidades étnicas y religiosas minoritarias pueden sentirse especialmente vulnerables” al momento de tratar los hechos. Ningún material dice, sin embargo, cómo tratar a los estudiantes en tal caso.La pregunta por la memoria colectiva“La memoria colectiva de un determinado acontecimiento en la historia de una nación se mantiene mediante lo que se conoce como el desarrollo de una memoria cultural. En el caso de los países, esto hace referencia a que una nación ha desarrollado, alrededor de cierto acontecimiento, un conjunto de artefactos culturales –fechas conmemorativas, feriados, monumentos, manuales de historia, documentales– orientados a estabilizar los recuerdos para que perduren en el tiempo”, explicó a LA NACION Felipe Muller, psicólogo del CONICET, especialista en memoria colectiva.Como en el caso norteamericano, “cuando esa producción de dispositivos no existe, la memoria de un evento se transmite simplemente de boca en boca”, continuó el experto. “El problema es que esta última tiene una vida limitada”, aclaró Muller. Así, la enseñanza de lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001, que se basa primordialmente en la experiencia personal de quienes lo vivieron, abre la posibilidad de que la comprensión y el recuerdo norteamericano sobre los hechos se pierdan en el camino. Abre, también, la posibilidad de que el sentimiento sobre lo ocurrido mute con los años.“En la escuela nos enseñaban que había sido un trauma colectivo muy intenso para nuestro país, producto de un ataque que, aunque se concentró principalmente en unos pocos lugares, sobre todo en Nueva York, estaba dirigido contra Estados Unidos y contra la identidad estadounidense en un sentido más amplio”, dijo Thomas recordando su primera aproximación al tema.“Sentía una especie de unidad con Estados Unidos a través de ese trauma y, cuando hablaba con mis padres, que habían vivido los atentados, ellos compartían esa misma sensación de unidad asociada con aquella experiencia”, narró el joven, intentando explicar el sentimiento de comunidad que experimentó en aquel momento.En ambos casos, tanto en la escuela como en su casa, la comprensión de Thomas del 11 de Septiembre estuvo mediada por el recuerdo de los contemporáneos a los atentados. Pero pronto ese clima de unión comunitaria empezó a desvanecerse para él a partir de conocer las acciones militares norteamericanas en Medio Oriente, tanto previas como posteriores a los atentados. El joven estudiante empezó a ver la narrativa que recibía en torno al 11-S como excesivamente unilateral y demasiado conveniente para los intereses de su país en territorios extranjeros.“Con el tiempo, mi sensación de unidad prácticamen
Fuente: La Nación