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Cata Raybaud: de la huella de Alanis Morissette a su amor por Colombia y su conmovedora experiencia en Noruega
Encontrar el término adecuado para bautizar a su último y más reciente álbum no debe haber resultado una tarea demasiado complicada para Cata Raybaud. Es que Cotidiano, tal su título, resume perfectamente el espíritu apacible, íntimo y de cercanía que envuelve al quinto trabajo discográfico de la joven y ascendente cantautora argentina. Navegando por las aguas del bolero, la bossa nova, el vals, el folk y la balada, y atravesadas por un exquisito y marcado sabor latino, la decena de canciones que le dan vida al disco encuentra su cauce en una instrumentación de decidida tracción a sangre. Por delante de todo ese andamiaje instrumental sobresalen su guitarra acústica y su voz dulce, cálida y melodiosa para relatar diversas historias con el amor como figura estelar. En su encuentro con LA NACION, y entre otros temas, Raybaud dio detalles de su flamante obra que presentará hoy, viernes 11 de septiembre, en Lucille (Gorriti 5520) con las participaciones especiales de Silvina Moreno y Gloria Carrá en calidad de invitadas. View this post on Instagram “Este álbum vuelve a conectarme con mi esencia musical. Su búsqueda fue ciento por ciento orgánica, con todos los instrumentos sonando al mismo tiempo. La idea principal fue despegarme totalmente de Escorpio, mi disco anterior, que es un trabajo que quiero mucho y que me llevó a tocar en escenarios muy espectaculares. Pero con el paso del tiempo, necesité volver a la guitarra, a la voz y a las profundidades sensibles y naturales. Ahí es donde apareció entonces el concepto de Cotidiano”, asegura. Además cuenta sobre su proceso creativo: “Toda la vida me movió escribir sobre el amor. Compongo cuando estoy enamorada o cuando tengo una felicidad profunda. No así en la tristeza o en los dolores. En esos casos me cuesta horrores escribir. Por lo tanto, es muy común en mí cantarle al amor, a la vida y a la naturaleza. Este disco habla sobre el amor libre, sobre vivir en el tiempo presente y mantenerme en el hoy porque este momento es lo único que tenemos. Ni el pasado ni lo que vendrá”. —¿Qué es lo que te une tan estrechamente con Colombia considerando que el álbum fue grabado en Bogotá junto a invitados locales como Maréh y Laura Pérez? —Hace unos diez años fui a tocar por primera vez a Colombia por recomendación de Andrés Correa, un cantautor argentino muy amigo mío. Allí me contacté con el músico Tomás Pinzón, a quien le había encantado mi versión de “Soy pan, soy paz, soy más”, un tema popularizado por Piero. La cuestión fue que pegamos tan buena onda que tanto él como su banda terminaron tocando conmigo durante toda la gira. A raíz de esa conexión tan especial, seguimos tocando juntos en mis sucesivos viajes hasta que este verano surgió la posibilidad de grabar el disco allí y no lo dudé un instante. Colombia es como mi casa y tanto Maréh como Laura Pérez son dos artistas que no solo admiro mucho, sino que sentí que eran los indicados para participar del álbum por su energía y su rítmica tan especiales. “Empecé a tocar en vivo a las 12 años”Considerada una de las voces femeninas más destacadas de la escena independiente nacional, con participaciones en festivales de la talla de Cosquín Rock, Rock en Baradero e Isoca y sumando más de una década de trayectoria, Raybaud nació hace 40 años en Buenos Aires y desde muy chica sintió fascinación por la música. A los 7 años tuvo su primer contacto con la guitarra y desde entonces se tornaron compañeras inseparables. “Todo comenzó escuchando la radio y también muchos discos. En mi casa, por un lado sonaban la bossa nova y el jazz y por otro, mucho rock nacional y folclore. La música me acompaña desde que tengo uso de razón y siempre fui muy ecléctica, aunque debo reconocer que la música brasileña la siento muy fuerte”, confiesa Raybaud. Y sigue: “Me acuerdo de que de adolescente descubrí a Alanis Morissette y me encantó. Y después llegaron Sandra Mihanovich, Hilda Lizarazu, Fabi Cantilo, Caetano Veloso y Marisa Monte. Empecé a tocar en vivo a las 12 años como guitarrista y cantante de un grupo escolar que hacía covers de los Beatles y que se presentaba en fiestas y desfiles. Pero fue recién a los 15 que di mis primeros pasos como solista interpretando temas de Pappo, Ratones Paranoicos, Fito Páez y Pedro Aznar. —¿Cómo llegó la posibilidad de grabar Detrás de lo que vieran, tu álbum debut, en 2011? —A los 22 años me fui a vivir sola y alquilé un monoambiente muy chiquito, pero que tenía una terraza enorme. Allí me sentaba todas las tardes con la guitarra y, entre mate y mate, comencé a escribir de manera desenfrenada. Sentí que se había abierto una puerta y que no podía parar. Así se juntaron un montón de canciones y empecé a averiguar cada instancia del proceso de grabación por mi cuenta: desde el estudio más adecuado hasta el ingeniero de sonido. Y cuando todo estuvo definido, entré a grabar un primer disco que resultó ser muy fresco, ingenuo y que en un punto se relaciona con Cotidiano. View this post on Instagram Su experiencia en Noruega—Después aparecieron Deja que corra el agua (2014), Tribu (2017), Escorpio (2022), colaboraciones con Kevin Johansen y Ana Prada y con ello la oportunidad de recorrer varios países de Latinoamérica y Europa, como España y Noruega. ¿Cómo resultó esa experiencia considerando tu condición de artista independiente? —Tocar en el exterior fue increíble, pero lo de Noruega resultó una locura y algo totalmente impensado. Participé en un festival en Oslo cantando en castellano. Y lo más sorprendente fue encontrarme con una cantidad enorme de latinoamericanos viviendo allí, que se conectaron con sus raíces a través de mis canciones y que después del show se acercaron a saludarme y agradecerme. Sin dudas, fue una sensación muy conmovedora que me puso la piel de gallina. Para mí, viajar con la música es de las experiencias más enriquecedoras que existen y no sólo desde lo artístico sino también desde lo humano. Me interesa conocer las diferentes culturas, los sonidos, los sabores y los colores de cada lugar. Es vital para mi vida, mi alma y mi música. Y al final, toda esa riqueza se ve reflejada en lo que hago. —¿Qué sensación te genera formar parte de una escena tan activa y prolífica de cantautoras argentinas surgida en este último tiempo de una manera absolutamente espontánea y natural? —En la Argentina tenemos un nivel de talento y una cantidad de grandes artistas impresionante. Levantás una piedra y te encontrás con uno. El tema radicaba en que hasta hace un tiempo la visibilidad era algo que no estaba sucediendo. Pero eso ahora cambió. Actualmente, y a pesar de que seguimos luchando por muchas cosas, las artistas femeninas conseguimos nuestro lugar y en eso tuvieron mucho que ver las redes sociales que permiten un acceso directo para que el público nos descubra. Por otro lado, me parece que la construcción colectiva, la colaboración genuina y sincera y la unión lograda por toda una nueva generación de artistas de trap potenciaron al resto de los músicos para que se interesen por nosotros y nos presten atención. —¿En qué momento profesional y personal te encuentra Cotidiano teniendo en cuenta una carrera solista que está cumpliendo 15 años? —Me encuentra en paz y muy conectada conmigo. Y eso es un montón. Por tal motivo, pude volver a mi esencia y plasmarla en este disco. Estoy tranquila, con ganas de disfrutar todo lo que venga por delante y de concretar cada nuevo proyecto que aparezca. Personalmente, creo que encontré una estabilidad emocional que no depende de nadie. Y en cuanto a mi carrera, siento que ya viví un montón de cosas, algunas muy espectaculares y otras más difíciles como la reciente pérdida de mi padre. Pero al mismo tiempo la vida es sabia y me recompensó, ya que aun siendo una artista independiente no solo empecé a trabajar hace muy poco con una productora como Pirca, dueña de una estructura que se encarga de un montón de cuestiones, sino que también logré reenamorarme de la música como el primer día y volví a adquirir esa ingenuidad de mis comienzos. Por lo tanto, ya no puedo pedir nada más. Tengo todo lo que siempre soñé.
Fuente: La Nación