Atentados del 11-S: cómo cambió la amenaza terrorista para EE.UU. y las decisiones de Trump que despiertan alerta

Si a fines de 2001 alguien preguntaba quién era Osama ben Laden, casi cualquier persona sabía la respuesta: el líder de Al-Qaeda, la poderosa organización terrorista detrás de los atentados que cambiaron Estados Unidos y el mundo para siempre el 11 de septiembre de ese año. Si alguien pregunta hoy quién es Saif al-Adel, el líder de Al-Qaeda desde 2022, las chances de encontrar a alguien que sepa responder son muchísimo más bajas.El contraste resume cuánto cambió la amenaza terrorista contra Estados Unidos desde el atentado con aviones comerciales contra las Torres Gemelas, el Pentágono y en una zona rural de Pensilvania que dejaron casi 3000 muertos.Un cuarto de siglo después, Al-Qaeda ya no representa la misma amenaza para los norteamericanos, hoy más preocupados por el terrorismo doméstico que por el externo, ni para la Casa Blanca, que bajo el mando de Donald Trump tiene como prioridad para la seguridad la lucha contra los cárteles latinoamericanos por sobre el jihadismo, una decisión que algunos especialistas cuestionan, sobre todo en el marco de las nuevas guerras en Medio Oriente y el desmantelamiento de las estructuras antiterroristas. “Estados Unidos conmemora el aniversario del peor atentado terrorista perpetrado en su territorio con una alarmante falta de preparación para hacer frente a nuevas amenazas cada vez mayores y a otras antiguas que resurgen”, señalan Bruce Hoffman, profesor de Georgetown y exmiembro de la comisión independiente del Congreso que revisó la respuesta del FBI después del 11-S, y Farah Pandith, exdiplomática, en un artículo en el Council on Foreign Relations.Después de 2001, Al-Qaeda se debilitó a golpe de ataques norteamericanos y vio surgir desde sus entrañas a Estado Islámico (o ISIS, por sus siglas en inglés), que tuvo su auge a mediados de la década pasada, con la creación de un califato en Siria e Irak, y se convirtió en su principal rival. Hoy ambos grupos están en una posición más frágil, con sus cúpulas debilitadas, y descentralizados en filiales, especialmente fuertes en África, Medio Oriente y el sur de Asia. Sus objetivos parecen ser más modestos que cuando querían vengarse de Occidente, aunque los especialistas en terrorismo destacan la resiliencia de estas organizaciones jihadistas, que pueden volver a sorprender. “Sus ambiciones globales no desaparecieron”, advierte a LA NACION Suat Cubukcu, profesor adjunto especializado terrorismo de la American University, en Washington.En su último reporte anual, de marzo pasado, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos alertó que pese a que Al-Qaeda e ISIS están más débiles, todavía representan una amenaza para Estados Unidos, especialmente por su capacidad de radicalización online. Y menciona que algunas de sus filiales, como Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), en Yemen, y las ramas de ISIS en el sur de Asia (ISIS-K) y en Siria, “son probablemente los grupos con mayor probabilidad de apoyar complots en el extranjero”. Además, según el informe, el grupo creado por Ben Laden cuenta con hasta 18.000 miembros en todo el mundo, e ISIS, con hasta 28.000.Sajjan M. Gohel, doctor en Historia Internacional de la London School of Economics, explica que, si bien “ninguna de esos grupos tiene actualmente la capacidad de planificar y ejecutar ataques a gran escala”, el terrorismo opera “por ciclos”, por lo que no hay que perderlos de vista. “Si se baja la guardia, estos grupos aprovechan la oportunidad para recuperar impulso; encuentran margen de maniobra y desarrollan métodos para crecer y reorganizarse”, advierte en diálogo con este medio.Actores solitarios En este escenario, los informes de inteligencia ponen en el centro de la preocupación posibles ataques de los llamados “actores solitarios”, aquellas personas que pueden cometer ataques inspirados por la ideología jihadista o de otro tipo de extremismos.La radicalización online de los “lobos solitarios” fue un cambio fundamental del último cuarto de siglo. Los jihadistas sofisticaron el uso de las redes sociales para reclutar, aprovechando los algoritmos, las herramientas de inteligencia artificial, y una audiencia cada vez más cautiva, sobre todo en los jóvenes. ISIS fue el ejemplo más claro de cómo se puede aprovechar la tecnología para hacer piezas de propaganda que llegue incluso a quienes no lo buscan.“Los actores solitarios son difíciles de identificar, ya que pueden tener poco o ningún contacto directo con una organización establecida. Asimismo, pueden utilizar métodos fácilmente accesibles, como armas de fuego, vehículos, explosivos improvisados ​​o incluso drones armados”, dice Cubukcu, quien dijo que estos ataques inspirados representan el escenario “más probable” dentro de Estados Unidos.Según el Índice Global de Terrorismo del Institute for Economics and Peace (IEP), en Occidente, donde hubo 57 muertes por terrorismo en 2025 –una cifra mayor a la del año anterior, pero muy por debajo de las 194 de 2016-, el 93% de los ataques terroristas mortales durante los últimos cinco años fueron llevados a cabo por actores solitarios. Además, los niños y adolescentes representaron el 42% de todas las investigaciones por terrorismo en América del Norte y Europa el año pasado, tres veces más que en 2021, uno de los fenómenos que más alerta a las autoridades.El 1° de enero de 2025, un hombre inspirado en los mensajes de ISIS embistió con un camión a varias personas en una fiesta de Año Nuevo de Nueva Orleans y dejó 14 muertos. Así comenzó un año sangriento en Estados Unidos, el país occidental más golpeado por el terrorismo, según el IEP, con 28 fallecidos en 13 incidentes, la cifra de muertos por terrorismo más alta desde 2019. Esta estadística combinó ataques con inspiración jihadista con un preocupante crecimiento de la violencia política, como el asesinato del activista conservador Charlie Kirk hace un año, señala el informe del IEP. Ese episodio tuvo una fuerte repercusión en la opinión pública: según una encuesta de Reuters/Ipsos, un 33% de los norteamericanos considera que la mayor amenaza hoy viene del “terrorismo interno”, mientras que el 20% optó por el terrorismo extranjero y el 42% señaló actos de violencia aleatorios, como los tiroteos masivos.El factor IránLa radicalización en las redes sociales encontró un mensaje renovado con las guerras en Medio Oriente, como las de Israel contra Hamas y Hezbollah, y la de Estados Unidos contra Irán, en la que se embarcó este año Trump, quien solía criticar las “guerras interminables” de sus antecesores.“La operación militar conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán aumenta considerablemente el riesgo de futuros actos terroristas”, advierte el reporte del IEP.Aun debilitados, Irán y la red de grupos terroristas que patrocina, especialmente Hezbollah y Hamas, también representan una amenaza para Estados Unidos, como indica el informe de la comunidad de inteligencia norteamericana de este año.“La Guardia Revolucionaria de Irán ha colaborado con grupos de delincuencia organizada para perpetrar ataques de baja intensidad y escasa complejidad tecnológica, no solo en Estados Unidos sino también en Europa. A menudo, estas acciones se presentan bajo la apariencia de actividad delictiva común; sin embargo, al analizar la situación, resulta evidente que están orquestadas por Irán con el objetivo de generar inestabilidad social”, señala Gohel.DesmantelamientoEn mayo pasado, la Casa Blanca publicó su Estrategia Nacional de Contraterrorismo, la primera desde 2018, que expone un cambio conceptual clave: establece como prioridad la lucha contra los cárteles de drogas de América Latina, pese a las dudas de que entre en la definición de terrorismo, ya que los miembros de los cárteles actúan motivados por el dinero y no por ideología.Así, quedó relegado a un segundo lugar el foco sobre “los grupos terroristas islamistas que poseen la intención y la capacidad de ejecutar operaciones externas contra Estados Unidos”, una subestimación que despertó alerta por parte de la comunidad de inteligencia. En tercer lugar, figuran los “extremistas violentos de izquierda, incluidos anarquistas y antifascistas”, sin considerar la otra punta del espectro, muchos de ellos cercanos a Trump.“Hoy Estados Unidos corre el riesgo de experimentar la misma disminución de la importancia del terrorismo y la lucha antiterrorista como prioridad de seguridad nacional que tuvo lugar en los años previos a los atentados del 11-S”, señalan Hoffman y Pandith, que recuerdan que la lucha contra el terrorismo ocupaba el séptimo lugar entre las prioridades globales enumeradas por el demócrata Joe Biden en su Estrategia de Seguridad Nacional de octubre de 2022 y que bajó aún más en la de Trump de año pasado, superado por la seguridad en el hemisferio occidental y la competencia con China.Entre otras decisiones, cuestionan el desfinanciamiento de programas antiterroristas -según Trump, porque se utilizaba con fines políticos- y el impacto de la crisis de las relaciones de Trump con sus aliados en la cooperación para prevención de atentados. Colin Clarke y Clara Broekaert, del Soufan Group, también ponen bajo la lupa ese documento en el libro 25 años después del 11-S: el futuro del movimiento de la jihad global, y critican que se enfoca únicamente en los grupos que deliberadamente apuntan contra Estados Unidos, aun cuando hay otros que, sin hacerlo, actúan como nodos para la organización de planes terroristas; y que solo menciona bombardeos para eliminar la amenaza, y no en una estrategia para contrarrestar la ideología jihadista.En el mismo libro, Aaron Zelin, doctor en Estudios Bélicos y fundador del sitio Jihadology, también critica el desmantelamiento “sistemático de gran parte de la arquitectura antiterrorista que construyó tras los atentados del 11 de septiembre”, lo cual fue “una consecuencia indirecta de campañas de recorte presupuestario, purgas de personal y la reasignación de recursos de seguridad hacia el control migratorio y la lucha contra el narcotráfico”. Una

Fuente: La Nación