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Marvin Hagler, el boxeador “Maravilloso”: cómo le habría peleado a Monzón, por qué fue actor y su muerte misteriosa
Varios detalles confluyeron en sus destinos. Campeones mundiales de los medianos entre 1970-77 y 1980-87, con muchas defensas exitosas. Poder destructor sobre los rings. Reconocimiento internacional a través de la historia. Incursión por los sets de filmación. Muertes prematuras. Hubiesen protagonizado una de las peleas que todo el planeta boxeo habría querido ver y al día de hoy resulta imposible imaginar un resultado. Se respetaban mutuamente. Cuando se retiró uno, y luego de una breve impasse, irrumpió el sucesor. Uno era de Santa Fe; el otro, de New Jersey. Carlos Monzón siempre supo que Marvin “Marvelous” Hagler hubiera sido el rival más duro de su carrera. Un adversario realmente maravilloso, como su apodo. “Cuando fui campeón me sentí muy honrado, uno de los mejores pesos medianos del mundo. Pero sentía como si Carlos Monzón, por sus 14 defensas exitosas, siguiera siendo el gran campeón. Me llevaba diez años y me habría encantado enfrentarme con él. Las 160 libras [categoría medianos, 72,500 kilos] siempre ha sido la división más difícil en el boxeo. ¿Cómo le hubiese peleado? Por mi estilo ortodoxo, probablemente habría peleado en la corta distancia, para poder entrar en su largo alcance. Monzón tenía una de las mejores manos derechas del boxeo, como Tommy Hearns. Aprendí mucho de él, creo que me ha ayudado mucho”. Hagler, el hombre que llegó a las 12 defensas, sentía algo especial por Monzón y no lo ocultaba.El propio Monzón, de una vida mucho más tormentosa postboxeo, sentenciado a prisión luego de asesinar a su segunda mujer (Alicia Muñiz) en febrero de 1988, llegó a presenciar varias de las grandes peleas de Hagler en la era dorada de los “Four Kings”, con Ray Sugar Leonard, Tommy Hearns y Roberto “Mano de Piedra” Durán. Y admitió que, sin dudas, Marvelous Marvin Hagler habría sido un contrincante durísimo por su estilo avasallante, resistencia, agresividad y, sobre todo, por su capacidad para invertirse de guardia. Si algo tenía Hagler que volvía locos a los oponentes era su habilidad para pararse como zurdo o diestro, de acuerdo con las circunstancias y/o necesidades. “¡Me impresionó! Sobre todo la pelea contra Hearns, asumiendo la ofensiva. Hagler me hubiese costado trabajo, me costaba mucho pelear con zurdos. Los enfrenté de aficionados. Ellos están acostumbrados a pelear con derechos, pero los derechos con zurdos, muy poco. Pero no hay que comparar, cada uno en su época”, relató el argentino cuando fue consultado sobre un hipotético cruce.Para Monzón, la muerte llegó a los 52 años, en un accidente automovilístico cuando regresaba de una salida transitoria a la cárcel de Las Flores, donde cumplía su condena. Para Hagler, el fallecimiento se produjo a los 66, en su casa en New Hampshire, por razones naturales, según el dictamen. Ello, pese a que Hearns, su ex rival, denunció la posibilidad de que el sorpresivo deceso se hubiese producido por efectos colaterales de una vacuna del Covid 19, lo cual generó un gran revuelo.// // //Había algo en Hagler que intimidaba incluso antes de que sonara la campana inicial: la cabeza rapada, la mirada fija, un cuerpo compacto que parecía especialmente construido para soportar golpes y la percepción de que para ganarle se necesitaba algo más que un buen golpe.Durante años fue un campeón sin demasiado glamour. No era verborrágico como Muhammad Ali, no tenía la velocidad de Sugar Ray Leonard ni la personalidad de Roberto Durán. Hagler era otra cosa: disciplina, furia, resistencia. Y cuando finalmente consiguió todo lo que había perseguido desde adolescente, se convirtió legalmente en Marvelous Marvin Hagler, campeón mundial indiscutido de los medianos y dueño de una de las épocas más extraordinarias que haya conocido el boxeo. Nació el 23 de mayo de 1954 en Newark y su segundo nombre era Nathaniel. De infancia humilde, cuando tenía 13 años graves disturbios que sacudieron Newark afectaron directamente a su familia. La violencia llegó hasta su barrio y la situación terminó provocando que su madre, Mae, se llevara a sus hijos a Brockton, Massachusetts. Brockton era una ciudad obrera y también tenía una tradición boxística enorme: allí había nacido nada menos que Rocky Marciano, el temible noqueador de los pesados.En plena adolescencia, Hagler descubrió el lugar que terminaría cambiándole la vida: el gimnasio de los hermanos Petronelli. Goody y Pat Petronelli entendieron rápidamente que aquel muchacho tenía algo diferente. En 1973 ganó el campeonato nacional amateur mediano. Abandonó la escuela y empezó a trabajar, mientras boxeaba.Hagler no tenía detrás una maquinaria promocional. Para conseguir reconocimiento tuvo que viajar a Filadelfia, donde estaban varios de los mejores medianos de Estados Unidos. Allí aprendió una de las grandes lecciones de su carrera: nadie iba a regalarle nada. Enfrentó tres veces a Willie Monroe. Peleó con Bennie Briscoe, el hombre que casi pone KO a Monzón en el Luna Park, el día que el campeón buscaba desesperadamente el reloj del estadio para ver cuánto quedaba. Combatió con nombres que, en aquella época, le podían arruinar la carrera a cualquiera. Su récord comenzó a crecer hasta que ya no pudieron seguir ignorándolo. Había algo más que una buena izquierda. Hagler podía combatir como zurdo, cambiar de guardia, presionar durante 6, 8 o 10 asaltos, según el combate. Y si era necesario, convertir una pelea técnica en una batalla.El campeónEn 1980, tres años después del retiro de Carlos Monzón tras su segunda victoria sobre el colombiano Rodrigo Valdez, le llegó la gran oportunidad, en Wembley, ante el campeón y local Alan Minter. A quien venció por KOT en el tercer round y conquistó el título mundial de los medianos. Habían sido necesarias 54 peleas profesionales para llegar hasta ese sitial. Empezaba otra gran historia de los medianos. Y Hagler tenía cómo escribirla. Su reinado terminó siendo de casi siete años y acumuló 12 defensas del título, contra las 14 que tenía Monzón. Se transformó en el campeón al que muchos buscaban evitar. Pero claro, la tentación de los grandes promotores, sumados a los millones de dólares en danza, resultaron el cebo irresistible. Y empezaron a aparecer los grandes nombres en su camino. En 1983 fue Roberto Durán. El panameño había sido campeón mundial de varias categorías, desde los livianos y enfrentado dos veces a Sugar Ray Leonard (un triunfo y una derrota, el día que se fue del ring, frustrado, en el 8° asalto) y estaba intentando conquistar una nueva categoría. Hagler era favorito, pero Durán, con un récord de 77-4, consiguió algo que parecía imposible: llevarlo hasta el último round. Fue una pelea áspera, inteligente, incómoda. Durán hizo trabajar al campeón como pocos antes. Hagler terminó ganando por decisión unánime, pero aquella noche aprendió algo importante: incluso siendo campeón, podía ser llevado hasta el límite. A falta de Monzón, en 1984 otro argentino se cruzó en el camino de Hagler: Juan Domingo “Martillo” Roldán. El cordobés, que tenía 27 años y una marca de 52-2-2, protagonizó una de las grandes sorpresas de la carrera de Hagler: en el primer asalto, lo derribó. Fue la única caída oficial de su carrera. “Llegué preparado como nunca, lo tuve al borde del nocaut, pero se me escapó. Yo había comenzado realmente bien; creo que hasta el propio Hagler se vio sorprendido. Fueron dos peleas en una, del primero al tercero, y otra, del cuarto en adelante”, contó Roldán en su autobiografía.“Hagler era muy vivo, ya que en el tercero me metió un dedazo en el ojo derecho, que enseguida se me cerró. No veía nada, él giraba para ese lado y me pegaba repetidamente en esa zona. Me lo hizo a propósito, pero era una estrella y en Estados Unidos no lo iban a descalificar por eso. Hagler era un monstruo. Fue una pelea difícil pero no imposible. De no haber existido ese maldito dedo en el ojo el resultado hubiera sido otro”.Fue victoria de Hagler por KOT en el 10°, reteniendo los títulos del CMB y FIB de los medianos. Aquella pelea también tuvo una consecuencia curiosa: Hagler empezó a ser todavía más respetado por el público argentino. Y el nombre de Monzón siempre sonaba fuerte cada vez que se hablaba de Marvin. Era la pelea imaginaria que nunca llegó.Monzón había dominado los medianos durante la década anterior. Hagler hizo algo parecido en los años 80. Ambos podían controlar una pelea durante 15 asaltos y tenían una derecha peligrosa. Además de construir reinados larguísimos.Pero tenían personalidades boxísticas diferentes: Monzón era más cerebral, dosificador de golpes y administrador de la distancia con el jab, hasta que soltaba el cross de derecha. Hagler era más volcánico: presionaba, cambiaba de guardia, buscaba lastimar. De alguna manera, Monzón marcó el camino de Hagler y Hagler le mostró cómo construir una carrera de largo alcance a su sucesor: “El Verdugo” Bernard Hopkins.El increíble round con HearnsLo que nadie pensaba después de la victoria sobre “Martillo” Roldán era que a Hagler, con 30 años, le quedarían apenas cuatro peleas. Cuatro combates pesados: Mustafá Hamsho (38-2-2), Thomas Hearns (40-1-0), John Mugabi (25-0-0) y Ray Sugar Leonard (33-1-0). Las tres primeras ganadas y la última, una derrota polémica.La de Hearns fue impactante. Se celebró el 15 de abril de 1985, en el Caesars Palace, de Las Vegas. Quisieron llamarla “The Fight” (La Pelea), pero en rigor fue “The War” (La Guerra). Se miraron largamente, casi sin pestañear. “La Cobra de Detroit” sólo había perdido con Leonard en 1981 y venía de poner KO a “Mano de Piedra” Durán. Imaginó otra pelea. “Yo salí con la idea de boxear y me encontré con otra cosa”, admitió tiempo después. El round de antologíaFue, acaso, el primer más round más frenético de la historia del boxeo. Pasaron no más de 10 segundos y Hagler desató una lluvia de golpes sobre Hearns, que inevitablemente se prendió en una lucha cuerpo a cuerpo, de golpe por golpe, casi ininterrumpidamente. Cuando iban 2m15s parecía que ya había transcurrido más de media pelea. ¡Impre
Fuente: La Nación Deportes