Un mes atrás, cuando en la sección de Sociedades y Avisos Judiciales del Boletín Oficial salió publicada una convocatoria para renovar la conformación del directorio de la sociedad anónima Mercado de Liniers, dos preguntas se dispararon en la redacción de Bichos de Campo: ¿qué fue del destino de aquel histórico predio que en la mañana del 13 de mayo de 2022 vio realizar las últimas subastas de novillos antes de su traslado definitivo al nuevo mercado de Cañuelas? ¿Y cómo es que esa sociedad aún sigue viva?
Ejercitar la memoria sobre la historia de aquellas 32 hectáreas, que albergaron a 450 corrales de venta y más de 2.500 metros de pasarelas aéreas, es casi tarea obligada para responder a esas preguntas (además de la excusa perfecta para hacer un breve racconto histórico).
Nacido a causa de la convivencia cada vez más difícil entre la actividad ganadera y una ciudad que crecía –curiosamente el mismo hecho que motivó su cierre-, el Mercado de Liniers buscó convertirse en el nuevo centro neurálgico de la comercialización y faena de hacienda destinada al abastecimiento porteño, que por la década de 1870 se realizaban en lo que hoy es el barrio porteño de Parque Patricios.
Su habilitación oficial se dio el 1° de mayo de 1901 bajo la denominación de “Mercado Concentrador y Matadero Municipal”. Para la década del 20, la faena dentro del establecimiento se prohibió y su rol quedó anclado a la venta de hacienda. Eso hizo que el Frigorífico Municipal Lisandro de la Torre, instalado en terrenos vecinos, tomara relevancia.
El gran volumen de negocios que manejaba lo convirtió en poco tiempo en una referencia pública del valor de la hacienda en Argentina. Tal fue la importancia que adquirió que en 1950 un decreto de Perón (el 8445) decidió su traspaso a la órbita nacional al considerar que tenía carácter de “mercado central”.
Esa norma, que ordenó transferir a la Nación los inmuebles, edificios, instalaciones, máquinas y demás bienes afectados, inauguró un movimiento que se replicaría durante los años: los cambios en su administración y tenencia. Sucede que tanto el gobierno porteño como el nacional tenían intereses distintos sobre ese espacio.
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El crecimiento urbano se encargaría de introducir otro debate que terminó llegando hasta la época reciente: el interés por trasladar el mercado fuera de la Ciudad. La discusión inició durante la presidencia de Arturo Frondizi y para los años de la dictadura militar ya se hablaba de Mercedes como posible lugar para la relocalización. Con Alfonsín, la lista de ciudades potenciales sumó a Brandsen y Chascomús.
Los argumentos eran más o menos similares: a la cabeza estaba la cuestión sanitaria y logística, por el movimiento de una gran cantidad de animales a través de una zona ya urbanizada.
El gran cambio llegó con la reforma de Carlos Menem: el Decreto 2476/90 declaró al Mercado “sujeto a privatización” y el 2515/91 autorizó la licitación de las instalaciones y de su actividad. Allí apareció Mercado de Liniers S.A., que desde 1992 quedó a cargo de la administración, conservación, mejoras y comercialización de hacienda. Y como la puja por el traslado no cesaba, esa firma compró unas 360 hectáreas en San Vicente, aunque nunca llegaron a utilizarse.
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El 9 de agosto de 2001, la Legislatura porteña sancionó la Ley 622, una pieza fundamental para entender los siguientes veinte años. Ella instalaba la prohibición del ingreso de ganado vacuno en pie a la Ciudad, salvo para exposiciones, ferias u otras actividades específicas, que comenzaría a regir una vez concluido el traslado total del mercado.
Pero la crisis económica impidió que se realicen las obras necesarias tanto en San Vicente como en otros potenciales lugares, por lo que inició una cadena de prórrogas que duraría 2 décadas.
El paso decisivo llegó el 29 de junio de 2018, cuando se firmó el boleto para comprar el campo donde se construiría el nuevo mercado en Cañuelas, junto a la Ruta Provincial 6. Para desarrollar la iniciativa se conformó el Mercado Agroganadero (MAG), del que participaron distintas firmas consignatarias.
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El proyecto terminó ocupando una superficie de 110 hectáreas, muy superior al predio porteño, y requirió una inversión en torno a los 20 millones de dólares, según fue informado. Pandemia mediante, el cierre definitivo se dio el viernes 13 de mayo de 2022.
Ahora bien, ¿qué ocurrió con ese predio ubicado en el barrio de Mataderos? Una ley de la Legislatura porteña aprobada a finales de 2019 dispuso que se instale allí un parque temático relacionado a la ruralidad, acompañado de un polo gastronómico. Pero nada de eso sucedió.
Ante el temor de que pudiera ser ocupado hasta tanto se concluyeran las obras, el Ministerio de Justicia y Seguridad se hicieron cargo de él para mantenerlo en actividad y lo convirtieron en algo que pocos preveían: un depósito de autos y motos abandonados o judicializados.
“En verdad, los terrenos se hallan en una especie de limbo, dado que son propiedad de la Nación pero están ocupados por el Gobierno de la Ciudad. Y ¡gracias a Dios que es así!, ya que, de no serlo, estarían usurpados. Existen negociaciones entre los gobiernos mencionados e interés del de la ciudad para obtenerlos. Una versión es que los recibiría en parte de pago de la deuda por coparticipación”, dijo a Bichos de Campo Orlando Falco, actual director del Museo Criollo de los Corrales.
Falco es quien hoy se encarga de mantener el Museo Criollo ubicado en la “recova sur” del edificio que albergaba a la administración del antiguo matadero público, que le dio “origen, identidad criolla y nombre al barrio”.
“La edificación, una central con la torre del reloj con dos recovas laterales, mantiene desde 1979 la condición de “monumento histórico nacional” por lo que cuenta con protección”, indicó el director, que añadió que actualmente está siendo puesta en valor por el gobierno de la Ciudad, mediante una obra de restauración.
En cuanto al mencionado depósito, forma parte del Programa de Descontaminación, Compactación y Disposición Final de Automotores (Procom), que cuenta con custodia de la Policía de la Ciudad. Avanzar con otra iniciativa para reconvertir ese predio implicaría, en los hechos, trasladar a todos esos vehículos que, ya en 2023, superaban los 3.000.
En cuanto a la vigencia de Mercado de Liniers S.A., una fuente consultada del sector consignatario indicó que tiene que ver con aquel campo de San Vicente que nunca se convirtió en la nueva sede del MAG.
“San Vicente se desarrolló con los barrios privados y la zonificación no permitió avanzar. El campo se vendió y parte de esa plata fue para construir el nuevo mercado. Quedó una parte como activo y por eso es que la S.A. sigue viva, aunque no operativa. No tiene empleados ni opera como mercado”, aclararon a Bichos de Campo.
Aclaración: Para esta nota se utilizaron herramientas de investigación de IA con la correspondiente revisión del redactor
Fotos actuales del predio: Gonzalo Colini, Diario La Nación. Fotos del Museo: Orlando Falco.
Agro & Campo
¿Se acuerdan de las vacas? A 4 años de su cierre y sin iniciativas para reconvertirlo, el ex Mercado de Liniers se luce como un depósito de autos judicializados y un freno contra los “ocupas”
Fuente: Bichos de Campo