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Mr. T, la estrella de Brigada A: de su difícil infancia al ocaso de su fama y el diagnóstico que le cambió la vida
Si bien su carrera no es demasiado extensa, es indudable que Mr. T es una de las figuras más emblemáticas de los años ochenta. Rival de Rocky en la tercera entrega de esa franquicia y conductor de la legendaria camioneta de Brigada A, este actor fue dueño de una enorme popularidad que lo llevó a ser cara de dibujos animados, campañas publicitarias y decenas de productos de todo tipo. Sin embargo, ese subidón de fama pronto se desmoronó y Mr. T se convirtió en aquel ídolo que era más un consumo nostálgico que un presente de gloria. Y esa es la historia en la que hace foco Al descubierto: Mr. T, el documental en el que el propio protagonista repasa su vida y revela varios de sus secretos mejor guardados. 1. Un violento episodioLaurence Tero, el verdadero nombre Mr. T, era un joven oriundo de un barrio de Chicago, en donde convivía con la delincuencia. La economía familiar era muy frágil, lo que lo obligó a trabajar desde muy chico. En el medio de esa delicada situación, un llamado telefónico cambió su perspectiva de vida: “Mi hermana llamó a todos mis hermanos. Mi madre había cobrado un cheque de ayuda social, unos matones la vieron entrar al edificio, uno se subió al ascensor en el primer piso, otro en el segundo, luego pararon el ascensor y uno le dijo: ´Dame el dinero, zorra, o te corto el cuello´. Yo tenía una escopeta calibre 12, la puse en mi auto, manejé hasta allá y a uno le rompí los dientes con la culata de la escopeta”. Luego de esa experiencia, la futura estrella consideró que debía ser una suerte de escudo para proteger a la gente que amaba y eso lo llevó a concluir que debía dedicarse justamente a ese negocio: el de ser guardaespaldas. Poco a poco, Mr. T se labró una gran fama en ese rubro, convirtiéndose en guardaespaldas de grandes estrellas como por ejemplo de Michael Jackson. 2. El origen del apodoEn el barrio, todos lo conocían como Laurence, pero él sabía que para convertirse en un guardaespaldas necesitaba tener un nombre especial. Y por eso decidió comenzar a llamarse a sí mismo Mr. T. “Vi que mi hermano, que había vuelto de Vietnam, era llamado ´muchacho´. Por eso me puse ese nombre, para que todos me dijeran señor. Esa era una muestra de respeto que mi padre nunca había llegado a obtener, así que al decirme a mí “Señor T”, también ibas a estar hablándole a mi padre, a mi tío, a mis hermanos y a otros hombres negros que empezaron desde abajo y a quienes nunca les tuvieron respeto”. Para Mr. T, ese respeto era una pieza clave en la construcción que él quería hacer de sí mismo y la ambición que tenía para una exitosa carrera que él no dejaba de presagiar y que eventualmente supo materializar. 3. Su vínculo con StalloneA comienzos de los ochenta, Rocky era una franquicia de enorme popularidad, que contaba con dos películas en su haber. Y con la intención de continuar con el negocio adelante, su estrella principal, Sylvester Stallone, puso en marcha la filmación de una tercera entrega, que debía enfrentar al púgil con un nuevo adversario digno de su fuerza. “Estaba buscando un rival para Rocky porque un héroe se mide por la calidad de sus villanos. Y pensé que sería interesante incluir a un verdadero luchador, traerlo a la película y enseñarle algo de actuación”, aseguraba Stallone al momento de buscar un contrincante para su nuevo film. En esa instancia, Sylvester recordó que había escuchado hablar de un hombre feroz, que había hecho algunas apariciones en televisión y al que apodaban Mr. T. Poco después, el director de casting de Rocky III lo llamó y lo convocó a hacer una audición para el papel de Clubber Lang, un boxeador de Chicago. Mr. T se presentó a la prueba muy confiado en su capacidad y sorprendió al propio Stallone, que rápidamente lo confirmó para el proyecto. En 1982, cuando la película llegó a los cines del mundo, la popularidad de Mr. T se disparó y la comunidad afroamericana de los Estados Unidos aplaudió la representación de un boxeador tenaz, que llegaba a atemorizar al imbatible Rocky. Finalmente, Laurence Tero concretaba el primer paso hacia la fama con la que tanto había soñado.4. Un look totalmente particularA medida que Mr. T se hacía más y más famoso y que comenzaba a frecuentar programas y era entrevistado en los late night más exitosos de la televisión, muchos repararon en su atuendo. Él solía utilizar botas militares, collares de oro, ropa camuflada y plumas, entre otros muchos accesorios llamativos. Y justamente en una charla con David Letterman, Mr. T explicó el porqué de su look: “Mi peinado no es punk ni de los mohicanos. Hay una tribu africana que se llama a sí misma ´los guerreros mandinga´; ellos llevaban el cabello así y usan aros y diamantes de oro. Y yo estoy orgulloso de ser su descendiente. Por eso me visto así. Las cadenas de oro simbolizan mi lucha, porque cuando trajeron a mis antepasados, ellos tenían el cuello y los tobillos encadenados. Entonces yo convertí esas cadenas en oro y eso ofende. La gente me pregunta si me pesan, pero nadie les preguntó a mis antepasados si a ellos las cadenas también les pesaban”.5. La relación con su hijaUno de los aspectos menos señalados de la vida del astro tiene que ver con su vida romántica. Poco se sabe sobre los romances de Mr. T, aunque el documental destaca la importancia de su hija, Erica Clark. Ella nació cuando su padre aún no era famoso: “En mis primeros años de vida, mis padres estaban en pareja, pero no vivían juntos. Mi papá estaba muy enfocado en su carrera”. Erica solía estar lejos de su papá y nadie le creía que fuera hija del célebre Mr. T, aunque ella sentía su afecto y el tiempo que pasaban juntos trataban de aprovecharlo de la mejor manera posible. Cuando el actor estaba en su mayor pico de fama gracias a Brigada A, ella recordó: “Mi papá fue a la escuela una vez y todos se tomaban fotos con él. Ahí me di cuenta de que él era famoso. Pensaba que solo era famoso en Chicago, pero fuimos a un montón de países. Fue una locura”. 6. Un duro diagnósticoA mediados de los años noventa cuando Mr. T comenzaba a ser desconocido por las generaciones más jóvenes; él se enfrentó a una lucha más difícil que la pérdida de fama. En 1995, Mr. T se sintió unos bultos en su espalda y el doctor le dijo que tenía un raro tipo de cáncer en la sangre. Al recordar esa época, el actor asegura: “El cáncer puso todo en perspectiva porque si no logré dejar una huella, no soy más que un viejo artista. ¿Qué impacto causé en la sociedad? De eso se trata todo”. Para Mr. T sentir que forjaba un legado era algo clave porque nunca dejó de sentir que estaba llamado a una tarea superior: la de inspirar a jóvenes que vieran en él un camino atravesado por la autosuperación y el triunfo. 7. Entre la fe y el autoboicotUno de los aspectos más críticos del documental, tiene que ver con quienes aseguran que Mr. T comenzó a priorizar el dinero por sobre su carrera. Por ese motivo, él comenzó a elegir roles en proyectos mediocres, pero que le pagaban bien, a la vez que se encaprichaba con exigencias frívolas para todas sus giras. Eso pronto derivó en que dejara de ser alguien requerido por la industria y eventualmente, que su presencia mermara en pantalla. Quizá por eso él encontró un camino en la fe y comenzó a ser un ferviente creyente. Al día de hoy, Mr. T es alguien icónico para una generación de espectadores que lo vieron en Brigada A, cuando eran unos niños. Y que el documental concluya con el actor encontrándose con sus fans es la mejor muestra de que a pesar de ser una estrella que brilló durante pocos años, su legado es imborrable.
Fuente: La Nación