Más eficiencia, ¿menos pensamiento?: el riesgo que corren las empresas al implementar IA

En tiempos donde la velocidad marca el ritmo de las organizaciones, la inteligencia artificial (IA) emerge como una herramienta súper poderosa capaz de resolverlo todo. La automatización de procesos, la reducción de horas de trabajo y la eficiencia que brinda a los equipos son algunas ideas que ilustran este escenario.Ahora bien, la irrupción de esta tecnología también pone sobre la mesa preguntas incómodas: ¿Qué sucede verdaderamente cuando delegamos parte de nuestro trabajo a una máquina? ¿Estamos confiando demasiado en la tecnología? ¿Cuáles serían las consecuencias de ello?El estudio When Everyone Uses AI, Companies Risk Losing Critical Skills, de Boston Consulting Group (BCG), da cuenta de estas inquietudes al revelar que cerca del 90% de los líderes C-suite de distintas partes del mundo identifica como primera señal de alerta la aceptación de resultados generados por IA sin cuestionarlos.El informe denomina dicho fenómeno como “deuda cognitiva”. Se trata del debilitamiento progresivo del pensamiento crítico, el juicio, la curiosidad y la originalidad entre quienes utilizan IA con frecuencia. Al extenderse a lo largo de una empresa, deja de ser un problema individual y se convierte en un “desaprendizaje distribuido” que puede debilitar habilidades críticas en toda la organización.En ese sentido, más de la mitad de los encuestados ya observa una pérdida de habilidades en sus compañías, y más del 60% cree que esta pérdida representará una amenaza significativa en los próximos tres a cinco años.“La deuda cognitiva aparece cuando los equipos recurren a la IA antes de formular una pregunta, aceptan sus respuestas sin examinar los supuestos y dejan de ejercitar capacidades que solo se desarrollan mediante la práctica”, comenta a LA NACION Cristian Carafí, managing director y partner de BCG. Para el ejecutivo, el principal error es adoptar la IA con foco “casi exclusivo en la velocidad y la eficiencia”, sin revisar cómo su uso modifica la forma en que las personas piensan, aprenden y toman decisiones. “La organización pierde diversidad de pensamiento, debate constructivo y responsabilidad sobre las decisiones. Por eso, no estamos únicamente frente a un desafío de talento, sino también de diseño organizacional, gobernanza y cultura”, advierte.Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, México y Uruguay, comparte esta mirada y subraya la importancia de que los equipos de Recursos Humanos lideren la implementación de nuevas tecnologías. “Recursos Humanos tiene un rol central para acompañar su adopción, rediseñar procesos y asegurarse de que la tecnología potencie el talento en lugar de reemplazar los espacios en los que las personas aportan pensamiento crítico, decisión y creatividad”, profundiza. Y añade: “No hay que perder de vista que se trata de un proceso que está en marcha con final abierto, donde hay mucho de prueba y error”. El valor de lo humanoEn este escenario, Carafí considera que las organizaciones deben fortalecer capacidades como la empatía, la escucha activa, la curiosidad, el aprendizaje continuo, la resiliencia, la flexibilidad, la autoconciencia y el liderazgo. “La curiosidad impulsa a cuestionar una respuesta, la autoconciencia permite reconocer cuándo estamos delegando demasiado y el liderazgo sostiene el debate frente a conclusiones aparentemente uniformes”, analiza. Avila suma al listado el pensamiento crítico, el criterio, el juicio y la creatividad. “No se trata solamente de reentrenar habilidades, sino también de poner en valor aquellas capacidades humanas que adquieren todavía mayor relevancia frente al avance de la IA”, remarca. Bajo esa línea, la experta señala un riesgo que toda empresa debe evitar: que la productividad se convierta en el único objetivo. “Una organización no genera valor solamente por hacer las cosas más rápido. También necesita pensar mejor, tomar buenas decisiones, innovar, desarrollar talento, construir vínculos, ser sostenible y adaptarse a contextos nuevos”, reflexiona. Transformación de trabajosTener en cuenta tales habilidades resulta fundamental no solo para no deliberar nuestro pensamiento a la tecnología, sino también porque muchos puestos serán rediseñados. De hecho, el estudio AI Will Reshape More Jobs Than It Replaces, de BCG, indica que entre el 50% y el 55% de los empleos en Estados Unidos se verán transformados por la IA en los próximos dos o tres años. En contraste, entre el 10% y el 15% podría desaparecer en un plazo de cinco años o más.El informe identifica como “roles divergentes” al 12% de los empleos analizados. En este grupo, que incluye profesiones como contabilidad, programación y redacción, las tareas repetitivas de los niveles de entrada se automatizan primero, mientras que las responsabilidades de mayor nivel persisten e incluso pueden crecer.Este cambio exigirá que los profesionales jóvenes asuman más temprano la supervisión de resultados, el manejo de excepciones y la toma de decisiones, describen desde BCG. A su vez, la fluidez con IA deberá combinarse con juicio en su campo, capacidad para validar sus resultados y competencia para desenvolverse en escenarios ambiguos.“La nueva cultura de trabajo tendrá que proteger el intercambio de conocimiento entre colegas, evitar que todos lleguen a respuestas similares a partir de las mismas herramientas y evaluar no solo qué resultado entrega una persona, sino también qué razonamiento y capacidades puso en juego para alcanzarlo”, sostiene Carafí. Por su parte, Avila opina que la discusión no debería limitarse “a cuántos empleos puede transformar o automatizar” la IA: “Tenemos que preguntarnos de qué manera convive y se potencia el trabajo humano y el de las máquinas, y a partir de eso, qué habilidades queremos seguir desarrollando en las personas y cómo diseñamos el trabajo para que la tecnología contribuya a potenciarlas”.De cara al futuro, Carafí afirma que las organizaciones más competitivas serán aquellas que entienden las habilidades humanas como “un activo renovable”. “La ventaja no estará solamente en adoptar mejores herramientas, sino en diseñar entornos donde la IA amplifique el pensamiento humano sin sustituirlo”, señala. En ese sentido, Avila resume que el foco de la discusión no se trata de elegir entre inteligencia humana e IA, sino de comprender cómo la tecnología “puede funcionar como un verdadero copiloto”.

Fuente: La Nación