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Murió Jorge Ríos, el jubilado que había matado a un ladrón en Quilmes
Un mes después de matar a uno de los ladrones que habían ingresado para robarle en su casa de Quilmes, el herrero jubilado Jorge Ríos le dijo a LA NACION: “No voy a vanagloriarme de lo que hice, pero si mi vida o la de mi familia estuviesen en peligro otra vez volvería a hacer lo mismo. Es la vida de uno”.Anoche, a los 76 años, Ríos falleció en el Sanatorio Urquiza, de Quilmes. Estuvo internado tres semanas. Lo operaron de una fractura en la cadera y tuvo una decompensación cardíaca.Así lo contó a LA NACION Gabriela Ríos, una de sus hijas. “Fue un papá fuerte, hermoso por dentro y fuera. Nos crió con muchisimo amor, siempre por el camino del bien, de la solidaridad, de ser buena gente siempre. De respetar a los mayores, a estudiar, nunca bajar los brazos, y a trabajar. Esforzarse. Un gran vecino, muy querido por todos, varias generaciones tienen un poquito de Jorge. Y mis hermanos y yo lo somos por la familia que el y mi mama supieron formar”, dijo.Había nacido en Entre Ríos el 12 de enero de 1950. Quería ser ingeniero, pero tuvo que dejar de estudiar para trabajar. En Sevel, una empresa de la familia Macri, llegó a ser capataz en el sector de pintura. También trabajó en un laboratorio.La madrugada del 17 de julio de 2020 una banda de ladrones irrumpió en su casa de Ayolas al 2700, en Quilmes Oeste. Los delincuentes lo molieron a golpes. Uno de ellos le asestó varios puntazos en distintas partes del cuerpo con un destornillador. La víctima se defendió a los tiros con su pistola nueve milímetros. Uno de los ladrones, Franco Moreyra, murió.Si estuviese en juego mi vida lo volvería a hacer', dijo el herrero jubilado que mató a un ladrónEstuvo preso en la comisaría 9° de Quilmes. Cuando estaba a punto de ser juzgado fue sobreseído al considerar que se trató de un hecho de legítima defensa. La decisión judicial llegó cuatro días antes de que comenzara el juicio.“Tengo la tranquilidad de que a estas personas no las fui a buscar. Yo estaba en mi casa tranquilo, descansando. Tengo casi 71 años, no tengo la fuerza que tenía este muchacho [Moreyra]. Nunca me voy a vanagloriar de haberle quitado la vida a una persona. No nací para esto, pero sucedió“, había dicho Ríos a LA NACION en agosto de 2020 cuando se lo consutó si se arrepentía de algo.Hoy, con el dolor de la partida de su padre, Gabriela Ríos, dijo: “Siempre añoró su Entre Ríos natal, que dejó un poquito de río, arena y el amor por el folklore con su guitarra. Supo salir adelante con todas las malas que pasaron, y con el motor más importante, sus nietos y el amor de mucha gente”.
Fuente: La Nación