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Ella Fontanals-Cisneros: “A veces compro obras que no son de mi agrado, pero son piezas clave para mi colección”
Tiene una de las colecciones de arte más grandes del mundo, con más de 3000 obras significativas. La empresaria Ella Fontanals-Cisneros es una de las personalidades más influyentes del coleccionismo y la filantropía cultural. Además, es una adelantada capaz de romper con el tradicional secretismo del arte, construyendo también en redes sociales una comunidad digital que la sigue. Su presencia desde la cuenta de Instagram @ellafontanals (con más de 430 mil seguidores) la posiciona como un “ojo amigo” que ofrece claves esenciales para comprender el arte y el coleccionismo.Adiós a las historias de superación: la discapacidad y los cuerpos no normativos entran a museos, teatros y cines por la puerta grandeNacida en Cuba, criada en Venezuela y ciudadana del mundo, para usar una frase típica pero que bien la define, no ha tenido una vida común, algo que se refleja en las 352 páginas de su libro Ella soy yo (2024), una biografía ficcionalizada en la que a sus propias vivencias -donde aparecen Andy Warhol, Fidel Castro y Donald Trump, entre otros- agregó aspectos que trascienden el número de piezas que tiene, los nombres propios o el valor económico de su colección, y que refleja lo que, según dice, le ha sido siempre más importante: la posibilidad de educar.Desde que compró su primer cuadro, La Quema, del pintor venezolano Tomás Golding en la década de 1970, tanto su colección personal como la de Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO) se han formado uniendo pintura, fotografía, video, instalación, documentación de performance, dibujo y escultura. Hoy, los historiadores del arte coinciden en que su colección personal constituye uno de los acervos más fuertes de abstracción geométrica latinoamericana, arte conceptual y prácticas contemporáneas experimentales.A Ella Fontanals-Cisneros se debe el descubrimiento, el acompañamiento o la revalorización de actuales referentes del arte, no solo latinoamericano. En su colección destacan obras de la cubana Carmen Herrera, Ana Mendieta, Gego y Jesús Soto, al igual que de figuras internacionales como Andy Warhol, Marina Abramović, Ai Weiwei , Jenny Holzer, León Ferrari y Damien Hirst. Su acervo se ha exhibido en prestigiosas instituciones como la Tate Modern en Londres, el Museo Reina Sofía en Madrid, el Met en Nueva York, los Museos de Bellas Artes de Boston y Houston, y el Pérez Art Museum de Miami, entre otras.Ha dicho: “El arte latinoamericano no necesita que lo compadezcan; necesita que lo estudien, lo expongan y lo pongan al mismo nivel que el arte europeo o norteamericano”. También: “Si una obra te genera rechazo al principio, pero no puedes dejar de pensar en ella, ten por seguro que ahí hay algo importante”.-Usted es una importante coleccionista de arte y un gran mecenas del arte latinoamericano que se ha animado a las redes sociales. ¿por qué lo hizo?-Un coleccionista no tiene por qué sentir la necesidad de conectar al público con el arte; existe otra forma de coleccionar, más privada y también está bien. En mi caso, tras tantos años en contacto con artistas emergentes y conocidos, instituciones y con el arte mismo -siendo esta mi gran pasión-, me siento casi en la obligación de compartir lo que aprendí. Mi intención es formar nuevos coleccionistas y despertar el interés público en el futuro del coleccionismo. Pienso mucho en los jóvenes, que a veces no tienen la oportunidad de vivir ese contacto a través de las instituciones, los colegios o, incluso, la familia. El arte transforma la vida de la gente de muchas maneras y hace que los lazos sean duraderos. Coleccionar es, también, una forma de construir futuro y dejar un legado; algo que, con los años, inspire a otras personas a cuidar su cultura, su arte y a sus artistas. -El mercado del arte actual puede resultar abrumador para alguien que está empezando. Más allá de dejarse llevar por las tendencias o el valor de inversión, ¿cuál es el consejo fundamental que le daría a un nuevo coleccionista para desarrollar un “ojo” propio y una colección con identidad?-Coleccionar no tiene nada que ver con la presión; es algo personal, es un camino, es aprender y tener la oportunidad de ver el mundo de otra manera. No necesariamente significa que se deban coleccionar grandes piezas o comprar muchas obras. Un buen consejo es aprender, investigar sobre el artista que se quiere coleccionar o se colecciona. Los artistas tienen una visión muy diferente a la de un político o a la de una persona común. Fíjate que son casi siempre ellos los que permiten entender la cultura de un país, los primeros en detectar lo que pasa a nuestro alrededor, los grandes cambios, si se avecina una guerra, si hay un conflicto social. Creo que hay que partir desde ese punto y no desde la simple posesión. Aunque a menudo se reduce al estatus, existen dos formas de adquirir arte: la del coleccionista, movido por la curiosidad de entender el proceso, y la del comprador, guiado por la inversión, la tendencia social o la decoración.-Está su colección personal y la de CIFO (Cisneros Fontanals Art Foundation) -CIFO fue creada en el año 2002 y representa mi faceta filantrópica, orientada a ayudar a los artistas latinoamericanos, y responde a una visión completamente distinta a la de mi rol como coleccionista. Tiene su propia colección e identidad. Su misión es, más bien, acompañar a creadores de la región a tener una visión más global de su entorno, brindándoles la oportunidad de viajar a otros países, conocer gente nueva y conectar con galeristas, través de becas, trabajos comisionados, exhibiciones y publicaciones bilingües.Mi colección surge de mi pasión por la abstracción una inclinación que desarrollé a través del conocimiento de la pintura y del arte en general, y que define mi tendencia personal. Esta búsqueda, por supuesto, echó raíces dentro del arte latinoamericano y es fundamental tanto para mí como para mi colección privada, pero insisto en que es algo muy personal. -A la hora de incorporar una nueva obra, ¿cómo equilibra la reacción visceral y emocional del primer impacto con el análisis frío de cómo esa pieza dialoga con el resto de su acervo?-Al principio era muy visceral; ahora lo soy menos y tiendo a reflexionar más. A veces compro obras que no son completamente de mi agrado, pero entiendo que son piezas clave para cierta parte de la colección; a este nivel, eso es fundamental. Pero, aun así, tengo mis momentos impulsivos en los que me intereso por una obra y ya no pienso en el conjunto de la colección, sino en lo que la pieza transmite, en lo que representa el artista, y la compro de igual manera. Ahora, al tener una colección tan importante, debo pensar con más detenimiento cómo cerrarla o qué piezas adquirir para que ese círculo que he creado a través de tantos años llegue a su fin.-Con la irrupción de nuevas plataformas digitales y cambios en los circuitos de ferias, las dinámicas de compra están cambiando. ¿Cómo se adapta una coleccionista de su trayectoria a estas nuevas formas de descubrir y adquirir arte sin perder la esencia del encuentro físico con la obra?-A lo mejor me acerco a una obra a través de lo digital, pero para mí es fundamental poderla ver físicamente antes de comprarla. Me cuesta mucho trabajo comprar una obra, a no ser que conozca mucho al artista, su trayectoria, sus tendencias y sus diferentes etapas de trabajo.-En Ella soy yo dice que el libro es mitad ficción y mitad verdad. ¿Qué tan difícil fue decidir qué partes de su vida real mantener intactas y cuáles transformar a través de la literatura?-Al escribir, me empecé a dar cuenta de que tenía que ser ficción para poder contar ciertas vivencias de las que me acordaba o que, a lo mejor, no experimenté en carne propia pero que eran totalmente válidas para la época. En el momento en que decidí hacer esta novela, tenía muy en mente a la generación de mis nietas; pensaba en cómo podían ellas volver atrás para ver lo que yo viví y pasé. También quería plasmar otras tantas cosas que yo no viví, pero que sí vivieron las mujeres de mi época; cosas por las que lucharon y tuvieron que pasar para que ellas ahora, dos generaciones después puedan disfrutar de ciertos privilegios que nosotros no tuvimos.-¿Cómo ve el impacto de los libros de investigación para situar el arte latinoamericano en el lugar global que hoy ocupa?-La edición de libros especializados es una de nuestras tareas. A través de la fundación y de la colección, hemos tratado de hacer no solo catálogos que acompañen a las exhibiciones, sino también libros más extensos sobre temas que hemos expuesto y que consideramos importantes herramientas de registro histórico. Mientras que una exhibición física cuenta con inevitables limitaciones de espacio y artistas, el formato libro nos permite profundizar sin restricciones. Así lo demuestran publicaciones como Pulsos de abstracción en América Latina (1930-1970) -un estudio vital basado en mi colección personal- o Adiós utopía, un volumen exhaustivo que rescata la historia del arte cubano entre 1950 y 2014, publicado en inglés y español, que acompañó la exposición en todas sus sedes.-El gran dilema de todo gran coleccionista es el futuro de su acervo y toda gran colección plantea eventualmente la pregunta por el futuro. -Mi colección ya es demasiado grande y abarca muchos aspectos y diferentes caminos. Mi prioridad hoy es definir cuál es la parte más importante que debe conservarse para el público, y estoy tratando de descifrar cómo, de qué manera y dónde lograrlo. Creo que voy a tener que hacer un slim down, como dicen los americanos: reducir el volumen de la colección, quedarme con lo más importante y desprenderme de obras. Son decisiones complicadas y muy difíciles, sobre todo cuando tu familia te dice: “Mamá, adoramos lo que haces, nos parece muy lindo, es tu sueño y tu pasión, pero no es la nuestra”. No puedo pedirles a ellas ni a las siguientes generaciones que se hagan cargo. Llevo años pensando qué hacer y cómo lograr que la colección, de alguna manera, deje un legado par
Fuente: La Nación