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“Ojalá que Dios toque y cambie a los que mataron a mi hijo”, dijo la madre del joven asesinado por motochorros.
“Era muy alegre, muy chistoso. Siempre te sacaba una sonrisa, y siempre estaba pensando en ir para adelante, en avanzar”. Analía Vázquez habla de su hijo menor, David Elías, asesinado por motochorros que robaron su moto en José C. Paz. Tenía 23 años. La mujer se apoya en su fe religiosa para seguir adelante pese a la terrible pérdida. “Ojalá que Dios toque y cambie a los que mataron a mi hijo, pero si no, ellos siguen haciendo las mismas cosas. La Justicia hará lo suyo, pero de mi parte sí, yo los perdono a los dos”, dijo a LA NACION mientras despedía los restos de su hijo. ”Era un nene muy positivo. Siempre estaba proyectando, siempre estaba buscando diferentes negocios. Tenía un montón de contactos, que ni sé dónde los sacaba. Capaz que estaba en casa dos minutos y después se iba, volvía y así. Una de las cosas que quizás nosotros vemos ahora como familia es el tema de poder reconstruir más bien el tiempo de unidad, porque a veces con tantas cosas que tenemos todos para hacer no tenemos esos tiempos de familia o son muy pocos o cortos. Él era muy alegre, muy chistoso. Siempre te sacaba una sonrisa, y siempre estaba pensando en ir para adelante, en avanzar", comentó la madre de la víctima de otro sangriento robo en el conurbano. Y agregó: “Hablaba con Ezequiel, que tiene 28, y con Sabrina, que tiene 25 (sus otros hijos), y estamos orgullosos de la vida que él tuvo. Uno tenía la esperanza en su momento de otras cosas, pero hasta acá llegó. Todo lo que él fue haciendo fue bueno. Vos hablás con los amigos, hablás con los vecinos, hablás con cualquiera y siempre van a hablar bien de él, no te van a decir nada malo. Él era así: amable, compañero, ambicioso en el sentido de que siempre quería progresar todo el tiempo. Fue lo mejor que nos pasó haberlo tenido estos 23 años”.Recordó, entonces, el momento en que llegó el aviso menos esperado. “Estaba en lo de una amiga cerca, me dicen ‘está hospitalizado, no sabemos qué le pasa’. Voy hasta mi casa y antes de llegar una voz me dice que esto no es para muerte, es para eternidad. Parecerá una locura, pero cuando entro en mi casa, al ratito me llaman y me dicen que había muerto. En ese momento no entendí. Al otro día mi hermano me muestra el video. Yo lo había visto, pero no le había prestado atención. Lo que él dice en el último momento, que muchos interpretan mal, fue: “Disculpame, Señor”. Cualquiera que conozca a mi hijo sabe que jamás le diría eso a los ladrones porque él era un pibe que iba al frente, no se achicaba. Él le estaba hablando a Dios directamente, se estaba arrepintiendo de sus pecados en ese momento". “Haber estado 23 años con él -dijo- para mí fue un regalo de Dios. Obviamente te preguntás mil cosas, uno quisiera saber por qué pasó esto. Pero bueno, ya está, ya no sirven de nada los porqué, sino agradecerle a Dios esos 23 años que fueron tan buenos con él”. “Tengo que aprender a vivir sin él y este es el proceso difícil para mí. Existe un Dios, es real y puede cambiar nuestras vidas. No podría estar de pie si pensara que él estaba en ese cajón y terminó ahí. Estaría destruida, pero sé que lo voy a volver a encontrar y esa es mi felicidad”, señaló al explicar que se apoya en su fe para hacer frente al dolor.
Fuente: La Nación