Afrontó el peor diagnóstico, superó tres cánceres y se recibió de médica a los 65 años: “Lo peor que podemos hacer es no intentarlo”

El camino hacia la medicina suele requerir años de dedicación constante, pero para María Ángeles Iossi, la ruta hacia el título profesional superó cualquier expectativa convencional. A sus 65 años, logró concretar un anhelo que germinó décadas atrás, marcado por tres diagnósticos oncológicos y la pérdida de familiares fundamentales. Su historia no admite dudas: la perseverancia vence las barreras de la edad y las adversidades físicas. Iossi recibió su diploma de médica recientemente tras un recorrido que, lejos de ser lineal, exigió un despliegue de fuerza vital ante cada escollo detectado en sus controles médicos rutinarios.La curiosidad de la nueva médica por el cuerpo humano surgió durante sus años de formación secundaria en el Colegio Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Allí, la materia Anatomía capturó su atención por completo. En aquel entonces, su madre, a quien definió como una mujer visionaria y dotada de una inteligencia superior, detectó en ella aptitudes para el ejercicio médico. Sin embargo, los 16 años de la joven pesaron más ante la perspectiva de cursar una carrera de siete años. Frente a ese panorama, optó por el profesorado de enseñanza primaria, donde completó sus estudios en apenas dos años y medio. A pesar de seguir la docencia, su vínculo con la salud persistió. Durante años, asistió como oyente a diversos cursos en hospitales. Según afirmó, su intención era aprender sobre temas médicos, aunque carecía de la habilitación legal para ejercer. “Era solo para mí, pero yo quería enterarme más”, explicó a LA NACION al recordar sus primeros pasos “informales” en el ámbito de la salud.La vida personal de Ángeles también atravesó transformaciones profundas, donde su primer matrimonio con Hugo, un hombre mayor, se fundamentó en el diálogo y la honestidad. La pareja decidió voluntariamente la ausencia de descendencia tras una conversación abierta sobre los tiempos de crianza y las responsabilidades compartidas. “Él no me sometió a nada, fue algo mucho más simple, una conversación”, aclaró. Tras la muerte de su esposo, la vida le presentó un nuevo desafío. Unos meses después, recibió el diagnóstico de su primer cáncer de mama. La noticia, que llegó en pleno proceso de duelo, obligó a la mujer a reconfigurar su realidad económica y personal de manera inmediata. Hugo representaba el sostén del hogar y su ausencia, sumada a la enfermedad, marcó el inicio de una etapa de resistencia extrema: “Ahí empezó mi nueva vida de aprender a seguir adelante”.El amor después del amorEl destino, no obstante, le reservaba otra oportunidad sentimental: el reencuentro con Roberto, un novio de juventud con quien consolidó un vínculo de 18 años caracterizado por la complicidad. Él se transformó en su compañero incondicional, un pilar que la impulsó hacia el sueño postergado. A los 55 años, Ángeles tomó una determinación definitiva. Con el respaldo constante de su pareja, se inscribió en el Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires. El miedo a las matemáticas, una asignatura que ella describe como su punto débil, no logró frenar su entusiasmo. La inscripción, realizada en la sede de Agronomía, se tradujo en una alegría inmensa, especialmente al compartirla con su madre. “Ver su alegría, eso fue inolvidable, no lo olvidaré jamás”, relata sobre aquel episodio que marcó el inicio de su carrera oficial.La enfermedad, sin embargo, volvió a hacerse presente mientras cursaba los primeros tramos universitarios. Siete años después del primer episodio oncológico, los controles detectaron un segundo cáncer de mama. Lejos de la parálisis, se centró en la logística de su recuperación. “Le pregunté al oncólogo cuándo podría volver a las clases”, reveló. Tras una cirugía y el tratamiento hormonal pertinente, retomó sus estudios en menos de dos semanas. Roberto coordinaba sus traslados diarios y sus compañeros de estudio colaboraban en la entrega de materiales. La red de apoyo fue vital: “Nunca pensé en abandonar; al contrario, sentía más cerca lo que realmente soñaba”. El ingreso formal a la Facultad de Medicina en la calle Paraguay se convirtió en un hito inolvidable. La estudiante se mimetizó con sus compañeros jóvenes, donde afirma que “absorbió” su vitalidad mientras completaba las materias con una dedicación que no conocía pausas.Un nuevo cáncer en medio de la carreraEl año 2022 trajo el tercer diagnóstico, y esta vez, el proceso fue distinto. La formación teórica acumulada le permitió interpretar con mayor precisión los cambios en su propio organismo. “Era bastante fuerte, interpretar lo que sucede en el propio cuerpo no es fácil de sobrellevar”, comentó. A pesar de ello, Ángeles mantuvo su foco en el objetivo académico. La cirugía con vaciamiento axilar y los tratamientos posteriores no fueron motivos para desertar. En este tramo, el dolor se volvió protagonista con la muerte de su madre y, poco después, la de Roberto. Su compañero, que atravesaba un tratamiento contra el cáncer de esófago, recibió sus cuidados constantes mientras ella preparaba finales. La pérdida de sus dos mentores representó un golpe devastador, pero ella encontró en el estudio el tributo necesario para ambos. “No podía defraudar a Roberto, quien me dio mucho impulso”, sostuvo.Las últimas dos materias, Medicina Familiar y Toxicología, marcaron el cierre de su etapa universitaria. El 13 de mayo, en el Hospital de Clínicas, rindió su final oral ante la mirada atenta de sus amigos y sus hermanos. La noche siguiente, el festejo en la Plaza Houssay reunió a más de 60 personas, quienes celebraron el fin de un ciclo de ocho años cargado de simbolismos. “Ya soy médica, aunque a veces me cuesta caer en la realidad”, aseguró con emoción contenida.En la actualidad, la profesional transita las Prácticas Finales Obligatorias mientras espera la matrícula definitiva para iniciar su ejercicio asistencial. Su visión médica se aleja de la frialdad diagnóstica y prioriza la contención, la escucha activa y la empatía. “Quiero ser la médica que me hubiera gustado encontrar a mí”, puntualizó, tras haber experimentado el sistema sanitario desde ambos lados del escritorio.Ángeles insiste en la vigencia de sus capacidades cognitivas a pesar del paso de los años. Según la flamante graduada, la disciplina y el deseo actúan como motores fundamentales que ignoran el paso cronológico. Su experiencia refuta la idea de que los sueños tienen fecha de vencimiento. “Lo peor que podemos hacer es no intentarlo; quedarse con la duda de qué habría pasado es peor”, enfatizó. El trayecto recorrido no solo arroja un título habilitante, sino que reafirma la resiliencia como una virtud construida mediante la acción cotidiana.Su futuro como médica recibidaLa profesional se prepara para su nuevo rol hospitalario con el convencimiento de que la medicina requiere, por encima de la técnica, una mirada humana. El impacto de sus vivencias se traduce en una práctica centrada en la persona, donde cada paciente encuentra un espacio seguro ante sus propios temores y preguntas. El cierre de esta etapa universitaria marca el inicio de una misión donde la dedicación académica se pone al servicio de la salud colectiva. La voluntad, dice, logra abrirse paso incluso en las circunstancias más adversas. La historia de Ángeles Iossi invita a cuestionar los límites impuestos por el entorno y propone, en cambio, la apuesta por la vocación.La médica se encuentra hoy en la antesala de su vida profesional, lista para aplicar sus conocimientos y su experiencia personal en la atención directa. El camino, aunque extenso y accidentado, validó el propósito original de aquel deseo de juventud que su madre supo detectar. Los años de estudio, la superación de los diagnósticos y el acompañamiento durante los duelos conforman ahora la identidad de una profesional que mira hacia adelante con esperanza. Cada clase presenciada, cada libro leído y cada examen aprobado constituyen un peldaño más en la construcción de su objetivo final. La facultad, las aulas, los hospitales y los amigos del camino son testigos de este proceso de transformación.Ángeles continúa su formación con el compromiso de mantener la esperanza y la compasión como los ejes centrales de su trabajo diario en el ámbito público de salud. Sus próximos pasos incluyen la rotación definitiva en servicios donde su enfoque humanista pueda brindar alivio a quienes hoy transitan sus propias batallas contra la enfermedad. La médica afirma que la edad carece de relevancia cuando existe la convicción clara de avanzar hacia el sueño personal. El esfuerzo sostenido, la organización de las prioridades y el apoyo incondicional de sus seres queridos fueron los componentes esenciales que permitieron el éxito de su proyecto universitario.La nueva médica se propone ahora transformar sus vivencias en herramientas de sanación, en la búsqueda de la cercanía con el paciente y el entendimiento profundo de sus necesidades individuales. La conclusión de la carrera representa, en definitiva, la victoria sobre los pronósticos adversos que la rodearon durante la última década. La vida, para ella, continúa entre la práctica, el aprendizaje y la atención constante a las necesidades de quienes demandan asistencia médica. La perseverancia, lejos de ser un concepto abstracto, aparece en su relato como una práctica diaria necesaria para alcanzar cualquier meta planteada por el individuo. La lección queda clara para quienes observan su trayectoria: el intento es el paso fundamental para vencer cualquier obstáculo.

Fuente: La Nación