El debate por los pastizales llegó a Diputados, pero cayó en terreno poco fértil: Admiten que la agenda ambiental está paralizada y que es un “contexto difícil” para estas discusiones

La declaración del 2026 como el “Año Internacional de los Pastizales y los Pastores” por parte de Naciones Unidas es una invitación a llevar a cabo actividades como la que hubo ayer en Diputados, pero además a discutir iniciativas y legislaciones como las que desde el propio Congreso aseguran se ha vuelto difícil proponer.
“Es como un cumpleaños de los pastizales, una propuesta para elevar la imagen y reivindicar este ecosistema, que se contrapone con la relevancia que han tenido los bosques durante los últimos años”, explicó en la apertura de la jornada de este martes Manuel Jaramillo, director general de la Fundación Vida Silvestre.
En conjunto con el diputado nacional cordobés Maximiliano Ferraro, con la embajada de Alemania y con funcionarios y legisladores provinciales, la entidad convocó a un encuentro que colmó el auditorio de Diputados y puso sobre la mesa algunas de las contradicciones que enfrenta el sector. En el campo, pero también en los pasillos de la “Casa de la Democracia”.

Se estima que no menos de la mitad de la superficie global corresponde a los pastizales, una importante fuente de absorción de carbono y albergue de flora y fauna. Pero, a la vez, un ecosistema al que el “glamour” de los bosques ha puesto en segundo plano, y que la ONU llama a mirar con mucha atención ante el avance no planificado de la frontera agrícola y las ciudades.
Contrario a la imagen que normalmente evoca el ambientalismo, la discusión a nivel global -también librada desde ese sector- es que producción y conservación no se repelen, y que en el caso específico de los pastizales la salida será necesariamente productiva.
Lo dijo el propio director de Vida Silvestre este martes. “Hay que romper estos dogmas que nos enfrentan con la producción”, señaló Jaramillo, en una jornada que hizo referencia a cómo la ganadería -por ejemplo- es la salida que hoy prevé el ambientalismo para los pastizales. Los cuales, cabe señalar, ya fueron “convertidos” en ciudades o lotes productivos en casi un 80% a nivel nacional.
Pero recién ahora, a propósito de la declaración de la ONU y la convocatoria de la fundación, esta discusión se escucha dentro de Diputados. Expone lo que también ocurre con otras agendas, como la agropecuaria, que resuenan puertas afuera pero naufragan cuando se trata de legislaciones o acuerdos políticos.

“La Cámara de Diputados tiene la obligación de abrir las puertas, de poner este tema en agenda y generar un espacio de conversación entre los distintos actores”, señaló el diputado de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro, uno de los que convocó al encuentro de este martes por la tarde.
Pero, más allá de lo ocurrido el auditorio del subsuelo de Diputados, lo que importa es lo que ocurre varios pisos más arriba, en cada uno de los despachos y salas del Poder Legislativo. “Es un contexto bastante difícil”, observa Ferraro, que incluso es miembro de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano y asegura que hoy se ha vuelto prácticamente imposible impulsar estas agendas en la política.
“Hay motivos para preocuparnos, porque mientras vemos cómo avanza el conocimiento científico, las experiencias de producción sostenible y las herramientas de conservación, la agenda ambiental en el Congreso está totalmente paralizada y ha tenido antecedentes totalmente regresivos”, señaló el diputado, que citó el caso concreto de la Ley de Glaciares y los intentos de modificar la Ley de Tierras.
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La de Ferraro es una descripción certera de lo que ocurre en los espacios de toma de decisión locales, que tienen al frente a un presidente que directamente niega la existencia del cambio climático. Pero es parte, además, de un clima de época y un marco aún mayor.
“Es un momento difícil para la agenda climática y ambiental a nivel internacional”, señaló el propio Raimundo Ruiz von Dessauer, oficial de la embajada de Alemania, que percibe réplicas similares en todo el mundo.
“Hay cada vez más voces que cuestionan la existencia del cambio climático y parece ser cada vez más difícil también en el foro internacional encontrar consensos sustanciales para poder abordar esta problemática”, lamentó.

La observación es compartida desde las provincias que concentran la mayor producción agropecuaria y, por ende, intentan discutir también las alternativas para producir y a la vez conservar uno de los ecosistemas más relevantes.
“Ojalá el problema fuera presupuestario, son muchos los desafíos que tenemos”, afirmó el ministro de Ambiente y Cambio Climático de Santa Fe Enrique Estévez, que supo ser miembro de esa cámara de diputados y hoy se ve librando las mismas discusiones pero desde el Ejecutivo.
“Este es un contexto hostil”, coincidió, por su parte, Tamara Basteiro, subsecretaria de Política Ambiental bonaerense. Y lo dice desde un ministerio que fue creado hace apenas 5 años y que hoy está descubriendo muchas de esas discusiones.
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De seguro que muchos de los dogmas que hoy el sector ambientalista insiste en dejar atrás ayudaron también a que ganen terreno nuevas agendas. Pero lo interesante es escuchar cómo el propio sector insiste una y otra vez en tener en cuenta a la producción agropecuaria en la baraja de soluciones, y en vencer viejas dicotomías.
“Hay que mejorar la eficiencia en la producción, y hasta implementar la intensificación sustentable, para poder producir más y mejor sin necesidad de avanzar aún más sobre los ecosistemas”, expresó Jaramillo al cierre de la jornada.
Lo propio hizo Ferraro, que con ánimos de cerrar filas pidió “no caer en la trama de simplificaciones y encontrar la manera de compatibilizar la conservación y producción”, incluso también en la discusión política.
“Hay que tratar de saltar el falso debate que se nos propone en este contexto”, observó el legislador.

Fuente: Bichos de Campo