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Con riesgo de ser atropellado: tiene ojos amarillos, “orejas” de plumas y apareció herida en plena Ciudad
Sus ojos amarillentos, los penachos que parecen orejas y una envergadura cercana a un metro llamaban la atención en medio del paisaje urbano. Pero el lechuzón orejudo estaba herido y no podía volar.No es extraño que personal de Defensa Civil de la Ciudad de Buenos Aires encuentre lechuzas como la que rescataron el domingo por la mañana sobre la avenida Coronel Roca, cerca del Autódromo Óscar y Juan Gálvez. El ave estaba sobre el pasto, al costado de la avenida, golpeada, desorientada y con riesgo de ser atropellada. Tras ser asistida, fue trasladada a la Reserva Ecológica de la Ciudad de Buenos Aires.“Muchas veces estos animales chocan mientras persiguen alguna presa y cualquier golpe puede dejarlos aturdidos”, explicó a LA NACION Claudio Lio, responsable del área de Fauna de Defensa Civil porteña. Y agregó: “Tenía un hematoma en un hombro y no podía volar. Lo llevamos al centro de rescate de fauna silvestre que funciona dentro del Ecoparque”.El subsecretario de Emergencias del Gobierno de la Ciudad, Néstor Nicolás, difundió en redes sociales una fotografía del ejemplar. Se trata de un lechuzón orejudo, una especie distribuida desde México hasta la Argentina y particularmente abundante en esta región del continente. A diferencia de otras especies de lechuzas, este animal de hábitos nocturnos suele preferir campos abiertos y áreas periurbanas antes que bosques densos o matorrales cerrados.Personal de Defensa Civil de la Ciudad rescató a un ejemplar de Lechuzón Orejudo que se encontraba en riesgo en la vía pública. Ya fue trasladado a la Reserva Ecológica para su cuidado. Ocurrió ayer a la tarde en Av. Roca al 5000. pic.twitter.com/veYG1xuuiD— Néstor Nicolás (@Nnicolas103) September 7, 2026Es una de las rapaces más características de América debido a los largos penachos de plumas que sobresalen de su cabeza y le otorgan una apariencia inconfundible. En la Argentina, históricamente sus registros se concentraban en provincias como Formosa, Misiones, Salta, Tucumán, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires y La Pampa. Sin embargo, ese mapa comenzó a modificarse en los últimos años.Recientemente se registraron ejemplares e incluso nidos en Chubut. Ese hallazgo extendió hasta la Patagonia el límite conocido de distribución de la especie y constituyó, además, el registro más austral del lechuzón orejudo en todo el continente americano.En general, presentan un plumaje pardo, grandes ojos amarillentos o acanelados y prominentes penachos que semejan orejas puntiagudas. Su rostro también es muy distintivo: tiene una tonalidad clara rodeada por un borde oscuro que parece delinearlo. Durante la noche emiten vocalizaciones características, registradas incluso por plataformas especializadas como eBird.Se trata de un ave de tamaño mediano. Los adultos miden entre 30 y 38 centímetros de largo y, con las alas desplegadas, alcanzan entre 80 y 95 centímetros de envergadura. También existe una marcada diferencia entre sexos: los machos pesan entre 320 y 400 gramos, mientras que las hembras pueden llegar a los 550 gramos.Su comportamiento reproductivo presenta una particularidad poco frecuente entre los lechuzones. En las pampas y los pastizales chaqueños puede construir el nido directamente sobre el suelo, oculto entre matas densas de pasto. En otros ambientes, en cambio, también se han documentado nidos situados en sectores bajos o medios de árboles y arbustos.Durante la primavera y el verano australes, cuando comienza la temporada reproductiva, los adultos se vuelven especialmente territoriales. Defienden activamente el área que rodea al nido y pueden reaccionar de manera agresiva ante animales o personas que se acerquen demasiado.Los pequeños mamíferos, especialmente los roedores, constituyen entre el 70% y el 80% de su dieta. También consume pequeños marsupiales, murciélagos y crías de liebres y conejos. A ello se suman aves pequeñas y medianas, anfibios, reptiles e insectos de gran tamaño. Por esa razón, el lechuzón orejudo cumple un papel clave como controlador natural de plagas.
Fuente: La Nación