Elina Costantini posa con Kahlo. La muestra del año, otro bebé, los 80 de Eduardo y una declaración: “Si me provocan…"

Faltan pocos días para que abra sus puertas una nueva edición de la Semana de la Alta Costura Argentina (SAC) y Elina Costantini (36), fundadora y directora general del proyecto, asegura estar viviendo un sueño. En el marco de la cuarta edición de SAC y de los festejos por los 25 años del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), fundado por su marido, Eduardo Costantini (79), desembarcará por primera vez en Sudamérica “Viva Frida”, una exposición histórica impulsada por la mismísima Elina junto con el Museo Frida Kahlo de México. Curada por Circe Henestrosa, la muestra reúne 365 piezas originales, entre ellas ropa, joyas, fotografías, cartas, documentos y objetos personales de la artista, una de las más influyentes del siglo XX. “‘¿Vos dimensionás que tu primera muestra es sobre Frida Kahlo? Entraste por la puerta grande’, me dice Eduardo. ¡¡Y yo, la verdad, todavía no puedo creerlo!!”, admite Elina. Para la modelo y emprendedora, además, el acontecimiento adquiere una dimensión personal: no sólo admira a Frida Kahlo, sino que comparte la pasión con Eduardo. Tan presente ha estado la artista mexicana en la vida de la pareja que, cuando nació su primera hija, decidieron llamarla Kahlo en su honor. “Admiro a Frida como artista, pero, sobre todo, admiro su fortaleza. Su energía me ha inspirado y me ha acompañado siempre. Nunca imaginé que, admirándola tanto iba a terminar haciendo una muestra sobre ella”, dice.–Muchos podrían pensar que tu admiración por Frida surgió a partir de tu relación con Eduardo...–A Frida la admiro desde que soy chica. En la computadora que me había regalado mi abuelo paterno, me la pasaba buscando información: leía sobre espiritualidad, sobre transformación, sobre mujeres fuertes… Siempre me inspiraron las personas como mi marido que, por convicción, disciplina y trabajo, logran abrirse camino solas desde abajo. Así como descubrí la vida de Juana de Arco o la de María Félix, la descubrí a Frida. A los 20 años tuve la oportunidad de viajar a México para desfilar en el Mercedes-Benz Fashion Week. Llegué un sábado y al día siguiente fui a Coyoacán, donde está la Casa Azul [donde la artista nació, vivió y murió y que desde 1958 funciona como museo]. ¡Si sos sensible, estar en ese lugar es mágico! Volví tantas veces que terminé conociendo a las personas que trabajan allí. –¿Qué te conmovía?–Su fortaleza es lo que más me conecta con ella. Ella atravesó situaciones muy dolorosas y, aun así, siguió adelante. Me marcó mucho su cuadro Las dos Fridas, porque habla de algo que creo profundamente: por más que nos pase cualquier cosa en la vida, siempre nos tenemos a nosotros mismos. Y Frida hizo justamente eso. Encontró en su creatividad una manera de seguir, de transformar el dolor en belleza, en arte, en creación. Era una mujer revolucionaria y contestataria, pero también dulce y hospitalaria. Me identifico bastante con eso: puedo ser dulce, pero, a la vez, tengo un fuerte sentido de la justicia. Soy contestataria cuando me provocan. Así que Frida estuvo presente desde las primeras charlas que tuvimos con Eduardo. Cuando me contó que era su amor platónico, le pregunté por qué, entonces, había elegido comprar una obra de Diego Rivera y no una de Frida. ¡Él ignoraba que yo era tan fanática y que seguía su vida y su obra desde hacía tantos años!

Fuente: La Nación