Mariela, de GH: sus 30 años con el Turco García, los celos y la bailarina que su marido nunca había visto

Mariela Prieto es mucho más que la pareja de Claudio “Turco” García. Dueña de una vida que la llevó a trabajar en numerosos rubros, hizo un extenso recorrido que la llevó a participar de Gran Hermano. En una charla con LA NACION, Mariela habló de su experiencia en el programa, se refirió a su relación con el futbolista y repasó varios de los momentos más importantes de su juventud.–¿Cómo estás tras la salida de la casa de Gran Hermano?–Estoy feliz con haber llegado a finalista. Estoy muy contenta con la oportunidad que me dio Telefe. –¿Qué fue lo que más disfrutaste y qué fue lo que más te costó del encierro?–La adaptación al encierro no me costó mucho porque me acomodo bastante a las situaciones. Gran Hermano dice algo muy importante: “Lo que te enoja, te domina”. Y eso lo adopté ante situaciones de conflicto y me gustó mucho aprender a resolver y a seguir, porque si no te quedás enroscada con el odio, con el resentimiento. Me gustó tener que adaptarme a vivir con veinticinco personas desconocidas, cada uno con sus mambos. Estoy súper feliz con la experiencia, esa casa es mágica. De afuera es muy difícil saber lo que nos pasa adentro a cada uno. Me encantó darme cuenta que con mi edad puedo seguir en competencia. Mi mensaje para las mujeres de mi edad es que si alguna está deprimida o siente que ya no puede esperar nada de la vida, que se levante, que se puede estar viva, ser joven y se pueden hacer cosas para estar feliz con una misma.–En el juego decís que “lo que te enoja, te domina”, ¿pero en tu vida qué te enoja? –La injusticia es algo que no me gusta, por eso traté que mi juego sea noble, que la gente me conociera, que no hacía falta dar golpes bajos ni que el juego fuera a desplazar al otro siendo jodida. Quise jugar con inteligencia. –¿Cómo fueron tu infancia y tu adolescencia?–Mi adolescencia fue muy feliz, soy una mujer que gracias a Dios no tuvo complejos. Siempre acepté mi cuerpo, mi personalidad, soy de Flores. Lo que me caracteriza es que siempre tuve mucha seguridad. Soy bailarina y deportista desde los seis años. Manejé motos toda la vida, me crie en el bajo Flores, jugué en Naom, en San Lorenzo. Sigo teniendo amigas de la infancia, son las chicas que conozco desde los 11 años. La vida la viví y mi infancia fue muy feliz. Mis padres me dieron mucho cariño, aprendí a ganarme el mango de muy chica y soy muy independiente.–¿Cuáles fueron tus primeros trabajos? -Fui modelo, trabajaba en el TC (Turismo Carretera). Hice desfiles, gráfica, publicidad, trabajé en programas. De muy chiquita mi mamá me llevaba a hacer castings. Dios me dio algunas condiciones físicas y las supe aprovechar muy bien. Eso sí, fui un poco indisciplinada en la escuela. Mi mamá me mandaba a hacer ochenta disciplinas, era una loca linda. –En la actualidad y relacionado a las chicas jóvenes, ¿cómo ves hoy esos mundos en los que te movías cuando eras más chica?–Yo fui muy despojada, había épocas que me vestía muy jugada. Nunca me importó mucho la mirada del otro, a mí me gustaba estar divina. Pero en todos los tiempos hubo situaciones machistas. Nosotras no teníamos mucha educación sexual, aunque en la escuela sí se hablaba, aunque eran temas muy tabú. La juventud de hoy es lo más lindo que nos puede pasar, está muy adelantada en un montón de cosas. Los chicos saben lo que quieren, y las mujeres saben decir que no es no. Estamos en una etapa de ganadoras, de salir adelante. Estoy muy contenta que en la final del certamen fuéramos seis mujeres muy distintas, todas con nuestras personalidades pero todas luchadoras. Le digo a las mujeres que luchen, que lo den todo y que en realidad lo más lindo es el amor, que puedan empatizar con los hombres. Creo que ellos están muchísimo mejor, nos respetan mucho. –¿Te pasó alguna vez de tener que ponerle un freno a alguien?–No, por mi carácter y por mi personalidad no se animaron. No tuve grandes temas conflictivos ni con hombres ni con mujeres. Soy solidaria, me crie en el deporte y eso te enseña mucho a compartir, a convivir. Tuve una vida muy plena y muy feliz. –¿Cómo es ser mamá?–Para mí, la maternidad es tocar el cielo con las manos. La viví con Claudio (“Turco” García), que siempre me acompañó en todo. Soy mamá de Yamil García, futbolista, y también voy a ser abuela. Mi hijo es mi vida, es mi persona favorita. Me dediqué mucho a su carrera, como lo hizo mi mamá conmigo. Yamil es muy tranqui, muy distinto a Claudio y a mí. -¿Cómo está todo ahora con el Turco?–Estoy con él. Claudio es una persona que siempre me dejó ser. Fue uno de los primeros que me dijo que entre a la casa y la rompa. Lo que pasa es que es un hombre, tiene 63 años y siempre me vio desde un lugar más de mamá, porque cuando lo conocí, yo ya estaba un poco retirada. Con el tiempo me dediqué a mi familia y en un momento quise priorizarme y él me apoyó en todo. El tema es que con la danza me expreso a mi máxima potencia y quizá apareció un poco el celo de una pareja. Hace treinta años que estamos juntos y nunca me vio bailando. Yo soy muy hot, muy jugada, voy siempre al límite. Creo que me respeta, y respeta mis decisiones. –¿Quizá en algunas cosas él es más chapado a la antigua?–Claro, y pasa que la mente del fútbol es más así, chapada a la antigua, pero él es un hombre sumamente respetuoso con las mujeres. A mí jamás dejó que me falten el respeto. Creo que la exposición es muy fuerte en Gran Hermano más allá de que él haya hecho varios realities. Entonces creo que vio a otra Mariela que él no conocía. Y al ver a esa Mariela jugada, desenfrenada, eso un poco lo descolocó del lado de la pareja, no del lado del machismo. No puedo hacer un juicio de valor cuando nosotros tenemos plena libertad en nuestro matrimonio. Y las cosas que nos han pasado durante estos treinta años es porque pensamos el amor. Quedó demostrado que soy libre y tengo plena libertad para hacer y deshacer. No tengo que pedir permiso para hacer lo que me gusta, que es bailar y ya. Él me priorizó para que yo tenga mi lugar, y eso es lo más importante porque no se merece tampoco cualquier tipo de maltrato. Creo que lo que hizo fue resguardarme y que me permita ser yo al cien por ciento.

Fuente: La Nación