Economía
Las cinco razones por las que la economía no crece este año tanto como se esperaba
La economía argentina no está en recesión ni en caída, pero tampoco tiene el dinamismo que se esperaba a principios de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que publica todos los meses el Banco Central, mostró que las consultoras y los bancos que responden la encuesta esperan para 2026 un crecimiento del PBI de 2,1%, cuando a principio de año proyectaban 3,5%. Es decir, en pocos meses, el mercado recortó su estimación en más de un punto del producto. No es una novedad para el Gobierno. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, ya había admitido que la economía crece “mucho más despacio” de lo esperado.Las razones son varias y no todas pesan lo mismo. Los economistas consultados por LA NACION coinciden en que el freno del crédito y el deterioro de los ingresos explican el grueso del fenómeno, mientras que la inversión postergada, el shock energético y la debilidad de la recaudación operan como agravantes.Los ingresos no acompañanLa primera explicación está en el bolsillo y es la más sencilla de seguir, porque si el sueldo no alcanza, el consumo no empuja. Los salarios no crecieron como se preveía, en un contexto en el que la inflación mensual tardó más de lo estimado en estabilizarse por debajo de 2%. Este jueves, el Indec difunde el índice de precios de agosto, que podría ubicarse debajo de 1,8%, según los indicios que dio Bausili y los relevamientos de las consultoras.Aun así, al ingreso disponible le cuesta crecer. “Hasta abril, los ingresos reales cayeron fuerte, hicieron piso, y ahora que la inflación da debajo de dos, se recuperan, pero lento”, explicó Gabriel Caamaño, de Outlier.Contra noviembre de 2023, mes previo a la asunción de Javier Milei, los salarios registrados del sector privado todavía están 3,6% abajo, y los públicos —nacionales y provinciales—, 16,5% abajo. En promedio, el conjunto de los salarios registrados se ubica 8,2% por debajo del nivel de noviembre de 2023.A eso se suma que cada vez se destina una porción mayor del sueldo a pagar luz, gas, agua y transporte, lo que limita lo que queda para el consumo. Matías Rajnerman, economista del Banco Provincia, agregó que el salario real registrado cayó casi 5% desde agosto del año pasado y que los puestos de trabajo siguen en retroceso.El crédito, apagadoCuando los sueldos no alcanzan, hay un sustituto: las cuotas. Eso fue exactamente lo que pasó en el segundo semestre de 2024 y en el arranque de 2025, cuando el boom de préstamos personales permitió sostener el consumo aun con ingresos en caída. Ese motor hoy está apagado.La morosidad, que alcanza a seis millones de usuarios, dejó a los bancos reticentes a volver a prestar. Las tasas de los préstamos personales rondan el 64% y el stock de crédito al sector privado cae en términos reales. “Los bancos no están prestando en términos netos, más bien están cobrando”, graficó Caamaño.“Se esperaba una mayor recuperación con la baja de la volatilidad de tasas, pero quedó un arrastre muy malo de la morosidad”, señaló Santiago Bulat, economista de Invecq. Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, coincidió: “El crédito, que había sido una variable clave, está frenado por la mora”.Para Caamaño, mientras no se flexibilicen los encajes —la porción de los depósitos que los bancos deben mantener inmovilizada— y se libere mayor liquidez, la actividad seguirá dependiendo del agro, la energía y la minería, sin un mecanismo que multiplique ese dinamismo hacia el resto.La inversión espera a 2027Si el consumo no tracciona, la otra vía para crecer es que alguien invierta. Y ahí manda el calendario político. Después del triunfo del oficialismo en las elecciones de medio término, se esperaba una aceleración de las inversiones, ya que el Gobierno le arrebató al peronismo la primera minoría en el Senado y aprobó leyes clave para el sector privado, como la reforma laboral y la ley de glaciares. Los desembolsos, sin embargo, no llegaron.Daniel Artana, economista de la fundación FIEL, calcula que la inversión está 11% por debajo de 2023 y que el RIGI aporta lentamente. El motivo principal es que los inversores quieren ver antes cómo le va a Milei en las presidenciales de 2027. Y que la economía no repunte en los grandes centros urbanos no ayuda. La desocupación, que a nivel nacional es 7,8%, llega a 9,7% en el conurbano bonaerense, a 8,8% en el Gran Córdoba y a 8,2% en el Gran Rosario, donde está el grueso del padrón electoral.El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella había tocado en julio el mismo nivel que en septiembre de 2025, cuando el oficialismo perdió las elecciones bonaerenses. Por eso la mejora de 6,4% de agosto se festejó en todo el Gobierno.El shock energéticoLa guerra en Medio Oriente dejó una foto contradictoria para la Argentina, porque lo que es una buena noticia para Vaca Muerta es una mala noticia para el resto del país. La disparada de los precios internacionales de la energía le dio rentabilidad al sector y divisas al país, pero encareció los costos para el resto de la economía, ya que subieron con fuerza la electricidad, el gas y el combustible para el transporte, justo cuando las empresas no pueden trasladar esos aumentos al precio final.El efecto es doble, porque también se lleva una porción del bolsillo de las familias. “Movilidad y calefacción: las dos cosas combinadas hacen que quede menos para gastar en el resto”, resumió Caamaño, que advirtió que, si bien el ingreso de divisas beneficia al sector petrolero, en términos de actividad y de recaudación el saldo es negativo.La recaudación no mejoraTodo lo anterior termina cayendo en el mismo lugar: la caja del Estado. Si se vende menos, se factura menos y se contrata menos, el Tesoro recauda menos. Y como el equilibrio fiscal es el pilar del programa económico, eso obliga a ajustar el gasto.En agosto, los tributos ligados a la actividad volvieron a dar en rojo. El IVA acumula una caída de 1,6% en el período enero-agosto, el impuesto al cheque profundizó la contracción hasta 3,7% y las contribuciones patronales cedieron 3,2%, según Invecq.Es, además, un círculo. “Menos salario y menos empleo es menos demanda interna, y eso es menos recaudación por IVA, Ganancias y aportes a la seguridad social. Obliga a reforzar el ajuste del gasto si el Gobierno quiere preservar el superávit”, planteó Rajnerman.El resultado es una economía de dos velocidades. “Con los motores de la minería, la energía y el agro, podés crecer aproximadamente 1,5% del PBI, pero el resto de los sectores está estancado. Hoy los que crecen son esos tres sectores, que son justamente los exportadores, y no mucho más. Por eso está muy pesada la economía”, sintetizó Sigaut Gravina.El economista de Equilibra tampoco ve margen para una mejora rápida, porque no espera que el Gobierno atrase las tarifas ni que monte, con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses, un plan agresivo de financiamiento al consumo. Su mirada ya está puesta más adelante: “Ahora la discusión es cuánto vamos a crecer en 2027. Hay un piso de 1,5% del PBI más o menos garantizado, pero si hay tensión cambiaria, porque no está tan claro que el Gobierno gane en primera vuelta, podés tener de nuevo un año de crecimiento cansino”. Equilibra proyecta 2,5% para el año próximo, aunque admite que la cifra puede quedar holgada y que 2027 termine pareciéndose bastante a 2026.
Fuente: La Nación