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Cómo ayudar a los hijos a construir la moral de la vida diaria
Los chicos aprenden a comportarse moralmente a partir de los adultos que los rodean, observando cómo hablamos y actuamos, no solo con ellos, sino también con las personas de nuestro entorno. Se identifican y/o nos copian y, a partir de los cinco años, van armando su propia conciencia moral, o deber ser, o superyó, que empieza a guiarlos en su conducta y decisiones.Nos miran cuando pasamos los semáforos… ya sea en verde o en rojo, cuando no hablamos por teléfono mientras manejamos, cuando estacionamos en lugares autorizados y no en doble fila, cuando no circulamos por la banquina, cuando cargamos el celular lejos de nuestro cuarto a la noche, cuando vamos a la mesa sin pantallas, cuando respetamos la prioridad de paso en las rotondas, cuando decimos la verdad a pesar de que nos convendría más mentir, cuando esperamos nuestro turno sin “colarnos”, cuando hablamos con ellos y otras personas respetuosamente, etc.La ciencia explica cómo los "chistes de papá" pueden fortalecer los vínculosLas investigaciones dicen que nuestros hijos hacen entre el 80 y el 90% de lo que hacemos y solo del 10 al 20% de lo que les decimos. Es una enorme responsabilidad a la que debemos estar muy atentos durante la etapa de crianza.Y también es nuestra tarea acompañarlos en la construcción de esa moral de la vida diaria. Hace un par de generaciones educábamos en tribu, de la mano de vecinos, escuela, club, familia grande, lecturas, películas. No caía solo sobre los padres todo el peso de la educación moral; hoy, en cambio, se les imponen a nuestros chicos muchas pautas desde el mundo externo que tenemos que contrapesar: por ejemplo, era muy distinto ser un buen amigo antes de que las pantallas se introdujeran en las relaciones. Lo mismo ocurre con mirar pornografía, jugar por plata o infinidad de temas que hoy están al alcance de la mano de los chicos y que antes estaban muy lejos, por lo que no podían considerarlos ni tentarse. La sociedad entera los cuidaba: para entrar a jugar en un casino había que tener 18 años; la pornografía había que comprarla en el kiosco y el kiosquero no la vendía a menores. En temas menores aprendíamos que no nos convenía insultar a un amigo porque le veíamos la cara de dolor o porque nos sentaba de una trompada. En generaciones anteriores, la comunidad toda cuidaba a los chicos, incluso de ellos mismos y sus deseos.Hoy, en cambio, con infinidad de temas a su alcance, chicos y adolescentes no siempre tienen la fortaleza interna suficiente para escuchar las recomendaciones de sus padres y/o de su conciencia moral, ya que los estímulos que se les presentan son muy tentadores y adictivos.La vigilia atentaPor otro lado, la crianza respetuosa mal entendida hace que nuestros hijos no toleren frustraciones y busquen atajos para lograr lo que desean, y también que los padres busquemos evitarles el dolor, la frustración, el sufrimiento. La vigilancia atenta es una importante tarea para los adultos, sin enojo, amenazas, desilusión o culpabilizaciones, vigilia que impide conductas inadecuadas mientras acompaña en lo que no se puede hacer.¿Se enojó con el hermanito y quiere pegarle porque le desarmó su construcción? Acompañamos su frustración sin enojarnos y buscamos una alternativa (podría ser meterse en su cuarto para construir sin que el hermanito interfiera). ¿Se comprometieron a jugar una sola hora con la PlayStation? Hay un adulto que, al terminar ese tiempo, lo acompaña a apagar y sostiene el enojo y el dolor.¿No tiene entrada para una fiesta de quince o de egresados? Se queda en casa, no pide documentos prestados ni los “trucha” para poder entrar. ¿Quiere dejar a un buen amigo fuera de un programa? Papá y mamá lo ayudan a reflexionar para tomar la mejor decisión.¿Quiere tomar alcohol antes de la edad permitida, manejar un auto sin registro, sacarle la figurita de Messi a un compañero, mentirle a la maestra diciendo que tuvo dentista y por eso no pudo hacer la tarea? La vida nos da infinidad de oportunidades para ayudar a nuestros hijos a construir su conciencia moral. ¿Van a sobrepasar nuestras reglas y recomendaciones? Seguramente eso ocurra de cuando en cuando, pero es muy distinto hacerlo sabiendo que lo que están haciendo no está bien que hacerlo con el aval de sus padres, olvidando que la libertad de uno empieza donde termina la del vecino.Las personas que no tienen en cuenta las reglas morales y solo buscan un beneficio personal a menudo logran lo que quieren, pero recordemos que estamos educando a los futuros adultos, educadores, gobernantes, empresarios, abogados, médicos y jueces. Una moral clara junto con una fortaleza interna que tolera los contratiempos de la vida y posee recursos para transitarlos es el mejor legado que podemos dejarles.
Fuente: La Nación