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Milei navega los vientos del mundo
El mundo está recorrido por los vientos de la historia, que tienen algo que ver con la intervención humana y mucho que ver con el azar. El presidente Javier Milei, en estos días, navega una escena internacional que le es ajena a la Argentina pero que le ha dado al oficialismo la posibilidad de recuperar la iniciativa discursiva, una obsesión de los estrategas de marketing de los gobiernos. Esos estrategas consideran que un activo muy importante de quien posee el poder es condicionar los temas sobre los cuales se está hablando, aún cuando esa agenda le juegue parcialmente en contra o sus argumentos no sean del todo convincentes. Que se hable de lo que el oficialismo quiera que se hable le otorga centralidad. En esta oportunidad, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ya le había hecho un extraordinario e inigualable favor a Milei con la extensión de una ayuda financiera en un momento en que la Casa Rosada se encontraba acorralada en el campo financiero, produce ahora una novedad que, con toda rapidez, Santiago Caputo, el “mago del Kremlin”, utilizó para construir una escenografía para el Presidente. Se trató de la declaración ambigua del presidente norteamericano sobre las islas Malvinas.El editorial de Carlos Pagni (07/09/2026)Trump, al ser consultado sobre si en EE.UU. estaban dispuestos a abandonar la estricta neutralidad que mantuvieron siempre en relación al conflicto alrededor del archipiélago, dijo: “Yo estoy acostumbrado a revisar siempre mis posiciones”. Antes siquiera de tener tiempo para revisar esa misma afirmación, el Gobierno le tomó la palabra y montó un enorme experimento de comunicación, cuya culminación se evidenció el jueves con la cadena nacional del Presidente sobre Malvinas, la explotación de los recursos cerca de las islas y la necesidad de militarizar el Atlántico Sur para reivindicar la soberanía, avances que contarían con el apoyo de Trump.El aprovechamiento de la escena por parte de Milei le permite al mismo jefe de Estado volver a tomar las riendas, aunque sea por un tiempo, de una escena política que le viene siendo esquiva desde la crisis de Manuel Adorni. Lo hace a partir de una causa, definida por el mismo Caputo en un tuit como “sagrada”, como Malvinas, que es transversal en la Argentina. Es difícil que alguien pueda oponerse a aquella reivindicación, que adquiere dimensión nacional.Milei protagonizó un discurso con varias novedades. Lo que él presenta como un hecho político propio, en realidad es la consecuencia de un partido que se está jugando en otro lugar y por otros motivos. Entre los vientos del mundo, sobresale la vocación de Trump -y también de los Estados Unidos- de modificar algunos criterios de política internacional. Es el telón de fondo sobre el cual se inscribe la discusión en torno al archipiélago. Está asociada a un hecho traumático extendido en el tiempo: el conflicto en Irán.En el mes de marzo, la administración Trump reclamó al gobierno laborista del Reino Unido la utilización de una base militar en la isla Diego García, en el Océano índico. La isla tiene soberanía británica, pero las instalaciones son norteamericanas. Hay una peculiaridad: Estados Unidos, para utilizarla, debe tener la aquiescencia del Reino Unido. Trump quiso usar la base para atacar a Irán desde el Índico y el entonces primer ministro Keir Starmer le negó la solicitud. Justificó su decisión en que las instalaciones solo pueden ser empleadas en términos defensivos, y consideró: “Estados Unidos no está bajo ataque”. Fue un doble agravio hacia Trump, originado en el mayor aliado histórico que ha tenido EE.UU. en materia militar en la historia contemporánea.A partir de allí, como narró inteligentemente Jorge Liotti para LA NACION en su momento, se filtra un cable del Pentágono, más ligado a la defensa, lo bélico y militar que a la diplomacia, donde se sugiere que los Estados Unidos podrían revisar su neutralidad en el conflicto por Malvinas. Trump presiona además para que los socios europeos de la OTAN aporten el 3% de su PBI para el sostenimiento de la alianza, algo que Inglaterra negó hacer también. Es entre estos inesperados e inusuales malentendidos que resurge la cuestión Malvinas. Los dichos de Trump sobre el archipiélago fueron tomados por el Gobierno como definitivos y motivaron una serie de anuncios que sitúan a Milei al frente de una campaña de “malvinización” que hasta ahora no había existido en su gobierno. Es siempre propio del poder presentarnos lo que a veces es producto del azar como una estrategia deliberada. El poder describe la historia como un curso que funciona en favor de quien lo ostenta. El Gobierno argentino abona esa premisa. Lo que parece una carambola entre Gran Bretaña, Irán y Estados Unidos, se transforma en un plan. Caputo asegura que “todo marcha de acuerdo al plan”.Así comienza un programa que esconde tanto paradojas como novedades. Primero, establece sanciones para las empresas que realicen negocios con el gobierno kelper, sobre todo en el sector de los recursos naturales y especialmente en el rubro petrolero. El lunes por la tarde, el canciller Pablo Quirno, sostenido por el Procurador del Tesoro Sebastián Amerio, avanzó en una denuncia penal en contra de un par de empresas que realizan una exploración -que pronto será explotación- en el área de Malvinas, que la Argentina reivindica como propia. Se trata de concesiones que ofrece el gobierno del archipiélago. La administración Milei, por su parte, asegura que quien incurre en esa actividad no solo infringe la ley sino que se verá impedido de hacer cualquier tipo de negocio en la Argentina.Aquel proyecto petrolero, denominado Sea Lion, está siendo ejecutado por un consorcio compuesto de dos empresas: la isrealí Navitas (75%) y la inglesa Rockhopper (35%). Es una situación incómoda para Milei que se trate de una compañía israelí ya que está ligada a un país con el cual el Presidente tiene su vínculo más estrecho.Pero hubo otros movimientos inesperados previos. Yair Netanyahu, el segundo hijo del primer ministro israelí, emitió un tuit en el mes de septiembre del año pasado que no pasó inadvertido. Decía que las Malvinas eran argentinas. Su comentario estaba ligado al reconocimiento del Reino Unido del Estado palestino. La publicación fue una especie de respuesta a aquella postura, con la intención de molestar al Reino Unido en sus intereses en el Atlántico Sur. Esta línea, en la actualidad, continúa. La tensión entre Israel y el gobierno laborista del Reino Unido se mantiene. Sin ir más lejos, el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, -quien es un aliado de derecha de Netanyahu pero no pertenece a su partido- le pidió al primer ministro que reconozca la soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas. Pide además sanciones contra Gran Bretaña por la ocupación del archipiélago. Parece casi un ministro argentino. Milei tendría derecho a decir que su política exterior, basada en el alineamiento con EE.UU. e Israel, está rindiendo frutos en esta materia, aún cuando dichos resultados fueran retóricos o casuales.Hay más paradojas. Alrededor de las declaraciones de Trump y la “malvinización” del oficialismo, aparece un dato que se conocía desde 2017, cuando lo publicó en Clarín Natasha Niebieskikwiat, pero ahora adquiere más relieve. Jorge Liotti, en su columna del domingo para LA NACION, recuerda que uno de los empresarios argentinos más ligados a Milei, Eduardo Elsztain, empezó en 2017 a ser accionista de la compañía de las Falklands Island Holding -que cotiza en Londres- que es la controlante de Falklands Island Company, la empresa que administra los negocios de las islas. Al tirar de esa piola, es posible advertir que los negocios de Elsztain con la empresa que maneja al archipiélago son muy anteriores. Se remontarían a 2007. Inclusive habría habido gestiones en el 2008 de John Major, que fue primer ministro británico en los ‘90, para que Elsztain pudiera intervenir en aquellos negocios petroleros. Es otra situación incómoda para el oficialismo. Elsztain es, acaso, el empresario más cercano a los hermanos Milei.Las principales empresas de servicios petroleros, algo que el canciller Quirno se encargó de publicitar enfáticamente, desde Halliburton hasta Schlumberger, anunciaron que no harán negocios en Malvinas. Fue a partir de las sanciones que quiere establecer el Gobierno con una ley proyectada sin éxito por Eduardo Menem, padre del actual presidente de la Cámara de Diputados, y que luego retomaron Pino Solanas y Cristina Kirchner en 2011.¿Por qué empresas de primer nivel internacional como Halliburton o Schlumberger dan la razón a Quirno y deciden no prestarse a sanciones argentinas”? Porque hay una novedad en los últimos años: Vaca Muerta. Cualquier empresa de servicios petroleros, si debe elegir entre Malvinas y Vaca Muerta, elige Vaca Muerta. Esta es la dimensión del negocio del shale gas y el shale oil en esa formación de la provincia de Neuquén. Otra novedad que cambia la relación de la Argentina con el mundo de la energía.Alrededor de esta discusión de Malvinas hay otra innovación, y acá se ve la viveza de Santiago Caputo: con la nueva excusa, dotan de más recursos a la SIDE, que tiene que identificar a todos estos agentes británicos. $30.000 millones más para un organismo que sigue aumentando sus recursos y está bajo la órbita política de Caputo, a pesar de que no es funcionario, sino asesor.$219.000 millones a las Fuerzas Armadas. Entre otras cosas, porque ahora se debe construir una base naval proyectada desde hace tiempo en Tierra del Fuego. Una base de aprovisionamiento a la Antártida, que eventualmente cumpliría un papel importantísimo si un día, en un mundo hipotético, se desatara un conflicto entre China y Estados Unidos. Debería asistir a los barcos que pasaran por el sur en esa guerra eventual, ya que los grandes portaaviones norteamericanos no pueden pasar por el canal de Panamá. Vamos a construir esa base seguramente con algún tipo de asistencia norteamericana.
Fuente: La Nación