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Carlos Mellino: del desencanto de los ideales de juventud y los años de Alma y Vida al éxito de “Juntos para siempre” y el retiro
Carlos Mellino nació en San Telmo, en el seno de una familia de inmigrantes italianos dedicada a la industria del pescado. Se crio en un petit hotel de tres plantas ubicado en Constitución. “Era una época de bonanza y nosotros gozábamos de una vida acomodada”, recuerda. Al crecer, lo suyo podría haber sido el mundo de los negocios o del comercio. Pero no, desde pequeño mostró una fuerte inclinación hacia la música y sus padres lo alentaron a seguir su vocación. “En mi casa teníamos uno de los primeros tocadiscos del país, y escuchábamos de todo: fundamentalmente tango y música clásica. Y en cada fiesta que organizaban yo era el que cantaba. A los cinco años me hacían subir a una mesa y emulaba a Joselito (el niño prodigio de la canción y del cine español de aquel entonces)”. Luego, esa misma demanda se trasladó al colegio primario, pero con un poco más de presión. “Yo era el que interpretaba en cada acto escolar el “Only You” de Los Plateros, que era el hit en inglés de la época”. A partir de ahí aprendió a tocar la guitarra y el contrabajo y se enamoró del jazz. Eso, claro, hasta que aparecieron los Beatles. “Aquello fue una conmoción a escala mundial, lo que nos cambió la cabeza a todos. Me entusiasmé tanto con esa onda que me puse a componer canciones como loco y no paré más”, relata.Hoy, a los 78 años, Carlos Mellino asegura que no se arrepiente del camino elegido. Mal no le fue: en los 70 formó parte del recordado Alma y Vida (junto a Juan Barrueco, Alberto Hualde, Bernardo Baraj, Carlos Villalba y Gustavo Moretto), uno de los grupos fundacionales del rock nacional, que se caracterizó por aunar el rock con el jazz (como las bandas norteamericanas Chicago y Blood Sweat & Tears); donde se lució como cantante, tecladista y coautor (junto a su hermano Esteban Mellino) de clásicos como “Salven a Sebastián” y “Como el gemido de un gorrión”. Luego, emprendió una carrera solista que tuvo su mayor pico de popularidad en los 90, al componer con Alejandro Lerner el tema del programa La banda del Golden Rocket: “Juntos para siempre”.Hasta el año pasado se mantuvo activo, ofreciendo shows en Capital y en el interior del país. Ahora, a punto del retiro, recibe a LA NACION en su hogar de Olivos –Fernet con Coca en mano- para revisitar el pasado, rememorar anécdotas y saldar cuentas.-¿Cómo fue tu comienzo profesional, en los 60? ¿Empezaste cantando en inglés?-Sí, con Alejandro Medina (más tarde parte de Manal) integrábamos el grupo beat The Seasons. Él tocaba el bajo y yo la guitarra eléctrica. Allí componíamos y cantábamos en inglés. Yo no quería cantar en castellano porque no existe una mejor pronunciación que la del idioma inglés. También hacíamos algunos temas de los Beatles y nos vestíamos como ellos. Actuábamos, fundamentalmente, en el Gran Buenos Aires. Duramos dos años. En el museo de The Beatles en Londres hay una foto nuestra junto a las 600 bandas que hacían y hacen covers de ellos.-¿Cómo fue la génesis de Alma y Vida? ¿Es verdad que nació de un desmembramiento de la banda que acompañaba a Leonardo Favio?- Sí. Yo, después de la disolución de The Seasons había largado la música y me había dedicado a pintar; pintaba al óleo, hacía arte clásico. Hasta que un día me llama Hugo López, que luego fue representante de Luis Miguel, y me convence para acompañar a Favio en su lanzamiento como cantante. ¡Nos pagaban fortunas! En su banda toqué el órgano y la guitarra durante dos años. Estábamos Bernardo Baraj, Carlos Villalba, Alberto Hualde, Mario Salvador y yo. Luego, cuando Leonardo se fue a filmar Juan Moreira, nos quedamos sin trabajo y decidimos armar un conjunto. Bernardo tiró el nombre Alma y Vida y ahí quedó. A partir de entonces fue como si Dios nos hubiera tocado con su mano: desde el principio convocamos la misma cantidad de público y conseguimos el mismo dinero que Favio. Fue todo una locura.-¿Por qué esta vez aceptaste cantar en castellano?-¿Sabés quién nos convenció? Mi mamá. Ella le dijo a Bernardo que yo tenía que cantar en castellano porque ya estaban Los Gatos, Almendra, Manal, Vox Dei, Arco Iris... Todos estaban en esa y no podíamos negarnos. Yo, hasta ahí, sentía que si cantaba en castellano traicionaba a los Beatles. Pero al final del 69 acepté y empecé a componer en nuestro idioma; primero solo, luego con Bernardo y más tarde con mi hermano Esteban (el también actor, conocido en los 80 por interpretar el personaje del Licenciado Lambetain).-En los comienzos de Alma y Vida, ¿eran conscientes de que integraban un movimiento? ¿O, aún más, que estaban fundando uno, el del rock nacional?- Sí, sí, sí. Todos éramos conscientes de eso y estábamos consustanciados con un montón de cosas. Pero no éramos un movimiento unificado. Digamos que había discrepancias de tipo político, había algunas cosas con las que no comulgábamos mucho, aún dentro de nuestro propio grupo había diferencias al respecto. Por eso siempre tratamos de no hablar de política. Y de priorizar la música.-No obstante, para algunos Alma y Vida era una banda politizada. Como para otros, un grupo netamente comercial. ¿Cómo te llevás con ambas definiciones?-Lo de comercial... había tipos que pensaban que el rock era otra cosa, por eso decían eso de nosotros. Tal vez lo hacían por envidia, porque vendíamos muchísimos discos. Mientras que la mayoría de los grupos vendían 10.000 discos, nosotros vendíamos 90.000. Por eso decían que éramos comerciales. ¿Y qué? Pero nosotros no hacíamos música comercial, no hacíamos nada adrede para vender más, simplemente hacíamos la música que nos surgía. Por suerte la gente nos aceptaba y compraba nuestros discos. En cuanto a lo de politizada, cada uno tiraba para su lado, pero la magia del grupo lo tapaba todo.-Digamos que en repertorio convivían “Hoy te queremos cantar” con “Vamos hermano americano”.-En su momento discutimos mucho acerca de cómo iba a ser la letra de “Hoy te queremos cantar” y no nos pusimos de acuerdo. De todos modos, yo la canté y se convirtió en un himno. Pero uno cambia con los años, y no pensás lo mismo a los 20 que a los 40 o a los 78, como tengo ahora. En la última reunión de Alma y Vida me planté y les avisé: “Yo no la canto más”. Y así hice, nomás.-¿Por qué?-Porque yo no estaba de acuerdo con lo que nos hicieron creer cuando teníamos 25 años, con lo que nos dijeron que era verdad. La canción fue gestada en un momento histórico de mucho triunfalismo. -¿Te referís al regreso de Perón a la Argentina?-Sí. A mí no me gustó cuando Perón se encontró con los Montoneros. Ahí empecé a entender los artilugios de la política. Cuando tenés 20 años sos un idealista. De hecho en ese tiempo yo pensaba que el Che Guevara era un héroe, después entendí que era un asesino de mierda. En algún punto sentí que en ese momento todos los jóvenes habíamos metido la pata por culpa del marxismo. Desde entonces la política me da asco. La detesto.-Se te nota afectado por el tema...-¿Sabés lo que pasa? Tengo 78 años y en todo este tiempo me di cuenta de muchas cosas, entre ellas de cómo me cagaron. De cómo nos cagaron. Todos, uno tras otro. Yo, para tener esta casa que ves acá... ¿Sabés quién hizo esta casa? Yo, solito, poniendo ladrillo sobre ladrillo. Nadie me ayudó, ningún gobierno lo hizo. Comprendí que toda la política es puro verso y corrupción. Y no me hagas hablar más del tema porque puedo estar horas ofreciéndote pruebas.-Ok. Volvamos a la música. ¿Tus canciones favoritas de Alma y Vida son necesariamente las más famosas?-Todos los temas de Alma y Vida son buenísimos, no sólo los más populares. En ningún álbum del grupo hay un tema de relleno. Por algo los temas de Alma y Vida han sido tan versionados, fundamentalmente “Cadenet”, “Del gemido de un gorrión”, “Salven a Sebastián”, “Para mí no hay jaula”, “Mujer, gracias por tu llanto” y “Niño color cariño”.-¿Creés que Alma y Vida tuvo y tiene el reconocimiento que se merece?-En cierto modo el reconocimiento está claro: no sólo por los discos vendidos, sino por la cantidad de recitales que hemos hecho. Ahora, como pelotudos hay en todas partes... Vuelvo con el tema de la envidia. Si nuestros detractores tuvieran razón, Alma y Vida no hubiera vuelto todas las veces que lo hizo y yo no hubiera subsistido todos estos años. Lo que pasó con Alma y Vida es que hubo mucho prejuicio. Aún hoy son muchos los que no se animan a decir que el grupo les encanta.-¿Por qué se separó Alma y vida en 1976?-Nos separamos porque ellos se querían ir a España y yo no. Yo me estaba terminando de construir mi casa –esta casa que ves, la de siempre- y mi mujer estaba embarazada. Obviamente no me iba a ir. Ellos se querían ir a España porque estaba de moda ir para allá, y porque para algunos integrantes del grupo no había guita que alcanzara... Así que quedamos en hacer shows hasta finales de los carnavales y listo. ¿Y qué pasó después? Al final nos separamos y ellos nunca se fueron.-Antes de la separación, ¿vos ya tenías la idea de debutar como solista?-No, para nada. No me quedó más remedio que convertirme en solista para sobrevivir. Y terminar de construir la casa, claro. Más allá de que muchos siempre me decían “Alma y Vida sos vos”, si hubiera sido por mí, yo hubiera seguido en el grupo. Pero no pudo ser, así que tuve que empezar de cero, componer otros temas y armar una banda. Mal no me fue, ¿no? De todas maneras, más adelante nos volvimos a juntar y Alma y Vida regresó varias veces a pedido del público. Hasta que el asunto no dio para más, no podíamos seguir despidiéndonos permanentemente como Los Chalchaleros.-¿Cómo nació, ya en tu etapa solista, la relación con Alejandro Lerner y la composición de “Juntos para siempre”, en los 90?-Un día me encuentro con Alejandro en un almuerzo al que me habían invitado en la Costanera. Yo justo venía del estudio de grabación, donde había estado pergeñando algo. Como ya nos conocíamos y nos respetábamos, se me ocurrió preguntarle si no quería venir otro día a casa a escuchar lo que estaba armando. Me dijo que sí y al domingo siguiente apareció
Fuente: La Nación