Laura Esquivel y Brenda Asnicar: del recuerdo de Patito Feo al show que mostrarán en el Gran Rex

“Nunca nos fuimos”, responden casi al unísono Laura Esquivel y Brenda Asnicar cuando LA NACION les señala que “volvieron”. Pasaron cerca de veinte años desde que Patito y Antonella convirtieron sus diferencias en el corazón de un fenómeno juvenil que trascendió fronteras, pero las canciones, los personajes y el vínculo con el público permanecieron intactos. Ahora, después de reencontrarse sobre los escenarios de Atenas, Madrid, Marbella, Roma, Nápoles y Milán, las actrices y cantantes se preparan para presentar por primera vez en la Argentina Amigas del corazón, su nuevo espectáculo en conjunto. La cita será el miércoles 14 de octubre en el Teatro Gran Rex, una sala que conocen bien y a la que describen como una suerte de hogar. En una charla distendida y atravesada por las risas, Esquivel y Asnicar recuerdan la exigencia de trabajar desde tan chicas, las bromas detrás de cámaras, las diferencias entre ellas y el impacto que la serie tuvo en la vida de sus seguidores. También hablan del vínculo que conservaron durante estos años, de las lecturas actuales sobre el bullying y la belleza, del apoyo a su excompañera Thelma Fardin y de la emoción de regresar a un escenario porteño frente a un público que creció junto a ellas. —Pasaron casi veinte años desde la emisión de Patito feo. ¿Quién convenció a quién para hacer este proyecto juntas?Brenda Asnicar: —No hubo que convencer a nadie. Creo que los planetas se alinearon para que todo se diera de esta manera. Ya veníamos hacía un tiempo viendo, pensando y evaluando posibilidades de hacerlo juntas. La producción que tenemos detrás terminó de definir un poco la cuestión y nosotras también pudimos encabezar el área artística del proyecto, que era lo que más deseábamos.Laura Esquivel: —Pudimos crear el guion juntas, saber qué queríamos comunicar y qué espacios queríamos crear en el show. También conocemos mucho a la gente: durante todos estos años, por las redes sociales estuvimos en contacto con el público, con las personas con las que crecimos mutuamente. Hicimos ese mix para brindar algo nuevo y, al mismo tiempo, recuperar todo ese pasado lindo que nos conecta.Brenda Asnicar y Laura Esquivel cuentan que ganaron y que perdieron de chicas—¿Cómo fue el primer ensayo? ¿Hubo un momento en que se miraron y dijeron: “¡Volvimos!”?Esquivel: —Para mí, el momento más fuerte fue cuando hicimos el primer post en colaboración con la página del tour. Todo se mantuvo muy secreto hasta que lo comunicamos; sólo sabíamos nosotras. Habíamos tenido un par de FaceTimes o Zoom para armar el guion. Primero aparece la idea, después pensás quién la va a realizar, después vienen las fotos. Son procesos, pero lo más lindo es compartirlo con la gente, con ustedes, y poder charlarlo. Asnicar: —Fuimos lanzando de a poco esos videos y escribiendo frases misteriosas. La idea estuvo muy buena porque al principio la gente no entendía qué iba a pasar. Se veía que algo iba a ocurrir con nosotras, pero no sabían qué. Mandamos el post y yo me fui a cocinar. Laura dijo: “Bueno, listo, ya está, me desconecto”. Cuando volvimos ya tenía millones de views. Ahí sí nos dimos cuenta de que era una realidad. Fue hermoso. —¿Nunca perdieron el contacto durante estos años?Asnicar: —No nos veíamos mucho, pero nunca perdimos el contacto. A través de las redes siempre estuvimos. Yo le vengo pidiendo una colaboración hace años. ¡Hago el reclamo público! La tenemos que hacer, pero todavía no tuvimos la oportunidad. Soy fan de Laura.Esquivel: —Tenemos que pensar de qué queremos hablar en esa canción, porque podríamos hablar de tantas cosas... Asnicar: —Tiene que ser algo muy arriba. Yo voy para arriba y ella propone algo emocionante. Ahí está nuestra conexión y nuestra desconexión al mismo tiempo. Ella tiene una dulzura y una ternura muy lindas. Creo que somos un muy buen complemento.—Si Patito y Antonella se encontraran hoy, ¿serían amigas?Esquivel: —Sí, para mí sí. De hecho, terminaron siendo amigas. Los arcos de las historias de los dos personajes, tanto Antonella como Patito, hicieron que llegaran a modificarse entre sí y a tener la relación que terminaron teniendo. Asnicar: —Patito logró ablandar a Antonella y Antonella también la volvió un poco más fuerte. Patito se fortaleció con Antonella. —¿Ustedes eran amigas cuando las cámaras se apagaban?Asnicar: —Nos llevábamos espectacular, pero había muy poco tiempo para desarrollar realmente una amistad. Estábamos todo el tiempo juntas, nos respetábamos y éramos muy buenas colegas, pero el momento del encuentro era el set. Después había que hacer la tarea y dormir. No quedaba tiempo para muchas cosas por fuera.Esquivel: —Además, teníamos edades diferentes. Había un grupo de chicos de 12 o 13 años y después estaba el grupo más adolescente, en el que estaba más Bren [Asnicar]. Estábamos justo divididas por esa línea tan sutil entre la preadolescencia y la adolescencia. Pero tenemos muchas anécdotas.Brenda Asnicar y Laura Esquivel hablan sobre el bullying—¿Quiénes eran los más bromistas del elenco? ¿Había rivalidades?Asnicar: —Santiago Talledo y Camila Salazar eran insoportables [risas]. Ellos hacían muchos chistes. Yo tenía muchísimas escenas y no podía jugar tanto; ellos, a veces, tenían que esperar y hacían chistes de todo tipo. Eran los encargados de nutrir todo el material de backstage con las bromas que se hacían entre ellos. Era muy divertido, muy creativo.Esquivel: —¿Rivalidades? No. Alguna que otra pelea, como en cualquier ambiente de trabajo, sólo que éramos todos chicos. Asnicar: —Yo no vi competencia. Lo nuestro era un servicio militar: tenías que alinearte con lo que había que hacer, llegar con la letra sabida y cumplir. A veces tocaba filmar escenas de frío y había que hacerlas. Éramos actores.—Cuando miran aquella época, ¿qué sienten que ganaron y qué perdieron por alcanzar la fama de tan chicas?Esquivel: —Creo que resignificamos mucho esa idea de sentir que una pierde o gana cosas. Todos los niños y todos los seres humanos vivimos situaciones diferentes a lo largo de la vida; no podríamos compararnos con la vida de otros. Obviamente, empezamos a trabajar de chicas y tanto nosotras como nuestras familias depositamos tiempo en el trabajo y en nuestras pasiones. Pero creo que, al revés, ganamos muchas cosas. Con el tiempo libre, cada una hacía lo que quería. También teníamos grupos de amigos por fuera de la serie. Yo iba al colegio y pasaba mucho tiempo con mis papás y con mi perro. Cuando era más chica sentía que había perdido muchas cosas, pero una no se da cuenta hasta que crece. Hoy pienso que no perdí nada. Asnicar: —A veces te lo meten en la cabeza: te dicen que, como trabajás de chica, debés estar perdiéndote algo. Aprendí en terapia que no me arrepiento de nada. Hablar de nuestras oportunidades artísticas desde un lugar de carencia sería injusto: siento que la bendición fue absoluta. Es muy pequeño el porcentaje de personas que logra trabajar de lo que le gusta. Obviamente, a veces te perdés el cumpleaños de un familiar. Pero quizá es más importante estar presente con una llamada o una carta que ir a un cumpleaños y arruinarlo. Trato de compensarlo con tiempos de calidad junto a mis familiares y amigos. Hoy no veo un “lado B” de aquella adolescencia. A la gente le pasan cosas buenas y malas todo el tiempo. Es difícil imaginar el trabajo de un niño como algo que no sea tremendo o terrible; la familia tiene que adaptarse y cambian muchas cosas. En nuestro caso, gracias a la vida fue una experiencia positiva.—¿Tuvieron miedo de quedar encasilladas en sus personajes?Esquivel: —A veces me preguntaban: “¿No tenés miedo de que te encasillen?”. Y, al final, era la propia pregunta la que me encasillaba. Asnicar: —Realmente no siento que me hayan encasillado. Sí siento que el personaje sigue muy vivo, y eso significa que hicimos un muy buen trabajo. También tengo ganas de explorar otras cosas y, por suerte, hoy tenemos gente que nos da la posibilidad de decidir qué queremos hacer. Para este show tenemos una banda increíble y bailarines increíbles. No puedo decir que el personaje me encasille. Tampoco tenía una bola de cristal, claro. Pero son esas preguntas las que más te llevan a pensarlo.–Al mirar la historia desde la adultez, ¿les hace ruido la división entre “lindas” y “feas”?Asnicar: —Hablo de “feo” entre comillas. Creo que no tiene nada de malo decir que algo no te gusta o que algo es feo: puede referirse a una actitud, no a lo estético. Podés decir “qué fea esa persona” por su forma de ser o “qué feo cómo me trató”. El problema es que, dentro del contexto de la serie, sí tenía una connotación vinculada con lo estético. Era la época de Betty, la fea: las trenzas, los brackets, los anteojos. Hoy me pongo anteojos y me veo súper sexy.Esquivel: —En el show actual estamos uniendo en lugar de dividir. Fue algo que tuvimos en la cabeza desde que nos sentamos a armar el guion y a decidir qué queríamos contar. Cambiamos algunas palabras y también una parte de “Fiesta”. Ya no queremos estar divididas. El mérito es de Bren: desde el primer día fue difícil hacer entrar una melodía nueva con una letra que significara algo para la gente. Un día llamó y propuso una frase. Nos encantó y empezamos a hacerla así. Las ideas a veces caen como del cielo.Sobre Thelma Fardin: “Apoyamos a nuestra compañera desde lo más profundo del alma y desde el momento uno”. —¿Algún fan les dijo que Patito Feo lo había hecho sentir mal con su cuerpo o, por el contrario, que lo había ayudado?Asnicar: –Nos dicen que los ayudó mucho. Y no sólo en un plano estético o de imagen: también por las realidades que vivían en sus casas, porque la serie les permitía escapar un poco o liberarse. Nos pasó con muchas personas respecto de su sexualidad: “Me ayudó muchísimo a decir en mi casa que soy gay”, o a poder decir “me siento único”. Nunca nos pasó que alguien dijera: “La serie fomentó el bullying en mi colegio”. El bullying existía desde mucho antes y quizá la ficción sirvió para exponerlo, para decir: “J

Fuente: La Nación