General
Milei gana tiempo, pero no cambia el juego
Donald Trump le volvió a dar a Javier Milei lo que necesitaba con urgencia: un respiro, mientras el agua seguía subiendo en su sótano. Y el presidente argentino volvió a aferrarse rápido a ese nuevo salvavidas que acaba de lanzarle el amigo americano, mucho menos concreto y efectivo, pero no menos efectista.Esta vez no se trató de un salvataje financiero como el del 9 de octubre del año pasado, aunque sí tuvo protagonismo un Caputo, que supo captar la oportunidad, aprovecharla y potenciarla. La causa Malvinas, hasta hace cinco días casi tan alejada en los dichos y en los hechos del centro de las preocupaciones del oficialismo libertario como la distancia que separa a Puerto Argentino de Londres, apareció como una luz en medio del cielo gris que dominó este invierno del Gobierno, en lo climático, pero sobre en todo, en lo político.Cuadernos de las coimas: ya declararon más de 100 testigos y los acusados no lograron derribar los dos pilares de la causaAsí, Milei logró algo imprescindible en estos días: una transfusión de tiempo, en varias dimensiones: políticas, económicas, sociales y electorales. Sin embargo, eso no implica (y difícilmente lo sea) un cambio de juego inmediato y definitivo para el oficialismo, contra el desmesurado optimismo de un colaborador mileísta, que se animó a pronosticar que “la reelección ya está” después de la patriotera cadena nacional. Todavía queda un largo camino por recorrer hasta octubre de 2027 y mucho por mejorar para lograr ese objetivo.Un estudio del impacto en redes sociales de la cadena nacional realizado por la consultora Methodo muestra que la reacción de Milei tuvo una fuerte repercusión para ubicarse como la segunda acción de Milei que más conversaciones generó en el año. Sin embargo, el 54% de las opiniones fueron negativas. La mayoría lo considera un giro por conveniencia. Similar es la apreciación mayoritaria en una encuesta efectuada por la consultora Managemente & Fit. La autenticidad de Milei, uno de los atributos que lo llevaron a la Presidencia, quedó en cuestión. MILEI BASE NAVALLo que sí le da al Gobierno la palanca malvinera, usada por Trump para presionar al gobierno laborista británico (que poco y nada tiene que ver con el interés argentino), es una herramienta para relanzar y ordenar una gestión que venía complicándose en muchos planos, internos y externos.Milei encontró en su tardía reivindicación de la soberanía nacional sobre el archipiélago un enemigo externo capaz de aglutinar apoyos y construir un orden. El tiempo que aún falta para las elecciones presidenciales, la ausencia de una oposición interna con potencial electoral realmente amenazante, que oscila entre el vacío y la condición de blanco móvil, y la suma de malestares por los efectos negativos o la demora en el despegue del proyecto económico habían empezado a fisurar los pisos de apoyo del oficialismo.En lo inmediato, ese ordenamiento se estableció en la propia tropa libertaria, donde desde hace meses imperan la guerra de facciones, arrestos de emprendedurismo político-electoral, diferencias profundas que se hacen públicas, más un fastidio presidencial que lo sumió en el aislamiento y el enojo.En ese reordenamiento lo primero que se observa es la recuperación de la influencia de Santiago Caputo, protagonista central de la retórica y la estrategia de malvinización mileísta, asistido por el canciller Pablo Quirno. Sin que ello implique un avance o una reconquista de posiciones perdidas ante su rival interno, Karina Milei. Casi un restablecimiento del viejo equilibrio perdido, aunque el triángulo de hierro del poder siga siendo una figura oxidada. Otra vez, una ganancia de tiempo, antes que un cambio de juego.El gurú no solo se reposicionó como influyente consejero del líder en la mesa de decisiones, también obtuvo fondos contantes y sonantes para una de sus áreas más preciadas, como es la SIDE, además de la promesa de concreción de uno de sus objetivos más deseados, como es el Consejo de Seguridad Nacional anunciado por Milei. La convergencia de áreas estratégicas, como las de seguridad interna, defensa, relaciones exteriores, que incluye la reunión de información e inteligencia, implica la creación de un superorganismo dotado de facultades extraordinarias y controles escasos. La sombra de las grandes tecnológicas que reúnen datos y prestan servicios o suplen tareas de los estados se proyecta con más fuerza.El Mago del Kremlin puede dejar de ser una gran novela sobre el poder actual, aunque en la Argentina la grandilocuencia de las aspiraciones suele contrastar con la modestia (o la chapucería) de las realizaciones. De todas maneras, no estaría nada mal hacer un service de los frenos y contrapesos republicanos antes de que sea tarde. “Los vientos de cambio” a los que se refirió Milei podrían hacer realidad algunos sueños. Y convertirse en pesadillas democráticas. Promesas y manta cortaEsta reconfiguración de prioridades amenaza con abrir una nueva puja distributiva de los recursos estatales. El aumento de partidas para las nuevas urgencias fijadas por el Gobierno, como los gastos en Defensa e Inteligencia, se da en medio de una sostenida caída en la recaudación, con acumulación de pagos postergados e incumplimientos de sentencias judiciales que demandan la ejecución de erogaciones en áreas sensibles como la previsional, la educativa y la sanitaria. Sin contar con el sostenido retraso de los ingresos de trabajadores estatales de sectores esenciales. En simultáneo, la “más sagrada de las causas nacionales”, como la redescubrió Milei, también puso en el congelador otras discusiones que se dan en el equipo presidencial. Las disputas entre reactivadores y ultrafiscalistas o los recurrentes arrestos diferenciadores de algunas figuras, como Patricia Bullrich, entraron en el freezer. A ellos también les dirigió Milei su sentencia: “Este tema demanda una pausa, demanda que hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo, como nación y como sociedad. Porque hay causas que están por encima de cualquier diferencia política”. No hay lugar para el disenso cuando se combate un enemigo externo, a riesgo de ser traidor a la Patria.Los debates sobre la marcha de la economía y el impacto en la vida cotidiana de la mayoría de los argentinos se asumen desde el jueves con menos apremio, aunque con el beneficio de la oportunidad para abordarlos fuera del primer plano y hasta para intentar algunas respuestas no tan apegadas al dogma libertario sin que se note, pero que produzcan algún alivio, con probables efectos electorales.En la Casa Rosada creen, confían o se ilusionan con que las disonancias, menores o mayores, que existen al respecto y que incluyen al propio Presidente, no están sometidas a la necesidad de ofrecer señales urgentes de soluciones económicas ante una demanda creciente de cada vez más amplios sectores de la sociedad. La capacidad de cálculo está puesta a prueba. La realidad de los ingresos de los ciudadanos, de la producción y del empleo no cambió por más cualidades performáticas que pueda tener la palabra presidencial, a la que Milei acaba de adosarle el sufijo Malvinas.La conjunción de reclamos, que se ha venido dando desde distintos sectores por la evolución de “la economía real” alcanzó solo un día antes de la cadena malvinera una cima que hasta ahora no se había hollado.El vaciamiento que el Gobierno le hizo a la celebración del Día de la Industria tuvo como respuesta un fuerte reclamo, pero también un agudo, al mismo tiempo que mesurado, diagnóstico crítico, con propuestas concretas para mitigar daños y encontrar soluciones para el sector, formulado por el titular de la UIA, Martín Rappallini. Pero la novedad no fue esa, sino que el líder de los industriales estuvo acompañado por los titulares de las principales entidades empresarias del país. No faltaron ahí algunos que se han definido como amigos del Presidente y actúan en sus organizaciones como referentes del oficialismo. Nicolas Pino, de la Sociedad Rural, y Mario Grinman, de la Cámara de Comercio, dieron el presente en el acto que el gobierno ninguneó.Lo hicieron, además, en una locación que no tuvo nada de casual. Fue en la planta de los laboratorios Elea, uno de cuyos accionistas principales es el empresario Hugo Sigman, que se ubica en las antípodas del pensamiento libertario y está imputado en una causa judicial que investiga presuntas irregularidades en la contratación y producción de vacunas contra el Covid-19. Además, Elea es parte de la cámara de laboratorios nacionales que dan batalla a las medidas desregulatorias del Gobierno y combate artículos de la nueva ley de patentes que exige el acuerdo comercial con los Estados Unidos para no quedar en desventaja frente a los laboratorios extranjeros.Pero todo puede cambiar con los nuevos vientos. Dos días después, casi los mismos dirigentes de las mismas organizaciones del empresariado, reunidos en el G6, emitieron un documento de apoyo a la cruzada soberanista lanzada por Milei. Otra exhibición del tiempo ganado por el Gobierno.El espejo del pasadoTal vez en un exceso de traspolación histórica, algunos opositores quisieron encontrar allí un paralelismo que expone la fragilidad de algunos eventos que pueden parecer definitivos. En cenáculos peronistas, del radicalismo antimileísta y de la izquierda se recordó que el 30 de marzo de 1982 la dictadura militar enfrentaba un masivo paro general dispuesto por la CGT y una multitudinaria movilización, que terminó en una feroz represión. Pocos días después, la central obrera emitió un comunicado titulado “Primero la Patria” en el que apoyó el desembarco del 2 de abril en Puerto Argentino y el 10 de abril convocó a una movilización en apoyo a la acción militar. Tras la debacle en el campo de batalla, volvió a situarse en la oposición contra el régimen hasta su caída. Sic transit gloria mundi.A la luz de ese cortometraje mira ahora la oposición perokirchnerista los acontecimientos, con cierto desconcierto. La reno
Fuente: La Nación