Jennifer es tercera generación de contratistas y revela sus secretos: “La clave hoy es la información”

“Lo que más nos puede potenciar a los contratistas es tener información, poder procesarla, entenderla y usarla para obtener una ventaja, el negocio cambió, los números están más ajustados y necesitamos ser cada vez más profesionales”, dice, convencida, Jennifer Simone, tercera generación en una familia que lleva la prestación de servicios en la sangre.
Sucede que es nieta de Alberto, quien trabajó en el campo desde muy chico:primero como maquinista de otros hasta que pudo comprar sus propios equipos y se independizó. Y es hija de Fredy, actual presidente de la Federación de Contratistas de Maquinaria Agrícola (FACMA).
Jennifer, después de hacer los primeros palotes en la diaria administrativa, hoy ocupa un rol más de gestión, estrategia y planificación, para detectar qué conviene y qué no para terminar la campaña siendo rentables.
Se crió en Chivilcoy, entre fierros, en el galpón, en la quinta y “yendo al campo” porque “gran parte del tiempo ellos estaban ahí, asique para estar con ellos, sobre todo en las vacaciones, acompañábamos cada vez que podíamos”.

CONTRATISTA QUE “CREA”
Durante la secundaria, Jennifer creyó que su vida profesional estaría ligada a la psicología. Sin embargo, después de un test vocacional (que hizo por sugerencia de su padre) todo confluyó hacia la administración. Por eso, hoy, llena de orgullo, después de ser mamá joven, está terminando Administración de Pymes. Además, se ocupa y disfruta de sus dos hijos, Tomás y Manuel y está casada con Nicolás.
Y, si bien ama y disfruta su trabajo, la planificación, “sentarme frente a la planilla y pensar cómo y por dónde avanzar”, encuentra en la danza un espacio de cable a tierra y reseteo.
Hasta hace poco presidió el CREA Contratistas sin fronteras, un grupo que surgió en pandemia, conformado por nueve empresas distribuidas en diferentes puntos del país: desde Las Lajitas en Salta, hasta Mar del Plata. En Catamarca, Mendoza, Alto Valle, La Pampa y Córdoba.
-Te criaste entre fierros, yendo a jugar al galpón donde tu abuelo Alberto y papá “Fredy” tenían las máquinas. ¿Qué recordás de esa infancia? ¿Cerrás los ojos y qué sensaciones se te vienen?
-Si bien hoy en día la vida del contratista es sacrificada, tengo el recuerdo de que cuando era chica mi papá y mi abuelo pasaban mucho fuera de casa, lejos. También es acorde a que el modelo de negocio de la empresa cambió, y hoy no nos desplazamos tan lejos entonces mi papá vuelve casi todas las noches. Pero cuando era chica la realidad era otra y pasaban muchísimo tiempo en el campo y la forma de estar con ellos era ir a verlos ahí.

-¿Qué te acordás de esa época?
-Y, cuando sos chica el campo es una aventura. Jugábamos en la casilla, en los carretones, en la cosechadora, era toda una experiencia hermosa. Y mi familia siempre tuvo el galpón al lado de la casa de mi abuela y donde está ese galpón está la quinta de verano de la familia, entonces estábamos todo el tiempo ahí conectados. Y eso está bueno porque a pesar de que ellos pasaban mucho trabajando, podíamos compartir mucho tiempo también.
-Te imagino en el galpón, rodeada de esas máquinas gigantes. ¿Qué eran para vos en ese momento?
-Tengo el recuerdo de la cosechadora, el “tablerito” de ese momento, bien distinto al de ahora pero que ya me llamaba la atención con su tecnología. Me deslumbraba la cosechadora, me gustaba andar, el asiento que subía y bajaba, y la casilla, que para mí era una “casita” para jugar.
-Llegó el momento de estudiar y elegiste administración. ¿Tenías un plan b?
-Hice todo el secundario diciendo que iba a ser psicóloga, me gustaban libros de psicología, leía mucho, y sentía que iba por ahí. Pero cuando estaba terminando la secundaria, mi papá, que creo que me veía y sabía que no iba por ahí, me llevó a hacer un test vocacional. El resultado fue que no tenía nada apuntado a esa rama, la cosa iba por el lado de la administración de empresas, recursos humanos, etc… Entonces empecé a estudiar administración agropecuaria, pero quedé embarazada de muy chica, entonces no seguí y empecé a trabajar en la empresa familiar, y ahí dije “sí, es esto”. Eso sí, de más grande, dije, voy a volver a estudiar, y hoy estoy cerquita de recibirme, contenta porque encontré lo que me apasiona.
-Está bueno lo que relatás, porque no tenías pensado desembarcar en la empresa cuando sentías que iba por el lado de la psicología, lo de seguir en la empresa familiar fue algo que surgió después.
-Sí, y también esto de que cuando era chica, la imagen que tenía de una empresa de contratistas, por el modelo de entonces, era que si no andabas en un tractor o en una cosechadora sólo podías ir a la casilla a cocinar y no mucho más. Entonces yo, que siempre me gustó el campo pero no esa parte más de acción en el campo, sentía que no tenía lugar. Cuando la cosa se empezó a profesionalizar se abrió una puerta para la administración y ahí entré yo.

-En Simone Agro han desarrollado una idea cooperativa de hacer socios a los empleados. ¿Cómo funciona ese sistema?
-La primera experiencia de sumar o asociarse con colaboradores que trabajaban hacía muchos años en la empresa fue en 2007, yo todavía no había terminado el secundario. Lo plasmaron mi abuelo y mi papá. La verdad es que es muy fructífera la experiencia y algunas sociedades que se formaron en ese tiempo continúan hasta hoy. El sistema tiene que ver con que hay gente muy capaz, que tiene ganas de prosperar, pero en una empresa familiar chica como la nuestra es difícil incorporarlos en un organigrama. Entonces, está bueno que se sumen para que puedan desarrollar un capital propio, a su vez, puedan asumir responsabilidades y empezar a conocer otras realidades. Porque no es lo mismo lo que se vive estando arriba de la cosechadora que si además sos socio. Tenés que tomar decisiones, desarrollás una mirada más general. Al final, al que se suma le das la oportunidad de crecer profesional y personalmente.
-¿Por dónde creés que pasa la clave de una empresa de prestación de servicios hoy? ¿Diversificación? ¿Más máquinas? ¿Más tecnología? ¿Hacer más hectáreas? Donde no hay que pifiar para andar bien.
-Desde mi mirada, la clave hoy es la información. Para que la empresa crezca, prospere, tenés que conocer los números. Si me voy a diversificar, tengo que entender dónde puedo tener un nicho. Conocerlo. Lograr algo que me de una ventaja. “Tengo esta ventana de tiempo que no estoy haciendo nada, ¿Qué puedo hacer para obtener un ingreso extra y reducir los costos fijos?”. Yo no soy de hacer más hectáreas por hacer, hay que conocer los costos y no es lo mismo si agarro un trabajo para cosechar 500 hectáreas a 50 kilómetros de Chivilcoy que a 500, porque ya tengo otro costo. Hoy en día lo que más nos puede potenciar a los contratistas es tener información, y más allá de tenerla, poder procesarla, entenderla y usarla para obtener una ventaja.
-¿Cómo fue tu incorporación a la empresa creada por tu abuelo y continuada por tu padre? Porque los tiempos cambiaron, me imagino que vos entraste con tu impronta y con esta idea de profesionalización.
-Yo cuando entré hacía sólo lo administrativo, pagos, cobros, el día a día de la administración, y con el tiempo, mi papá y mi abuelo, me fueron dando un lugar. Es una bendición trabajar con ellos, porque siempre fueron abiertos y validaron mi palabra o mis propuestas con la misma importancia de lo que sabían ellos que tenían muchísima experiencia y conocimiento del negocio. Siempre me sentí respetada y escuchada. Eso fomentó que yo quiera hacer mejor las cosas para darles más información a ellos. Mi papá tiene más conocimiento de la cartera comercial y mi abuelo de las máquinas, y vamos poco a poco encontrando la sinergia y el respeto por la mirada del otro.
-¿Cómo está hoy el negocio contratista?
-Creo que el contexto económico en el que estamos nos llevó necesariamente a ser más profesionales, porque el margen de rentabilidad es cada vez más ajustado, también les pasa a los productores. Por otro lado, financiarte hoy es caro. Antes vos podías hacer negocio financiándote, porque terminabas pagando créditos por debajo de la inflación. Hoy si querés financiarte tenés que pagar intereses y es difícil. Y las máquinas empezaron a tener valores muy elevados. Entonces, invertir, requiere hacer un gran esfuerzo y planificarlo es clave. El negocio cambió y necesitás ser profesional para poder ganar plata. Por otro lado, los contratistas nos movemos en un mercado en donde no siempre podemos imponer nuestros costos y cotizaciones, porque hay un precio de mercado que marca cuánto se va a pagar una labor. ¿Qué puedo hacer yo entonces? Y bueno, reducir mis costos, ver mis números.

-¿Qué creés que es lo más difícil o complicado de ser contratista hoy?
-Si lo miro desde mi costado, ¡lo más difícil es ese cambio de paradigma! Veo que los contratistas son super profesionales en el campo y los fierros, pero necesitamos ver cómo podemos ganar tranqueras afuera. Hoy, si un proveedor te hace un descuento grande, sacar un pago en tiempo y forma hace la diferencia, y te hace ganar plata de la misma manera que tu sembradora haga el trabajo en el campo. Si vos tenés un buen manejo de los cobros y los pagos y podés usar alguna herramienta sencilla, fondo común, plazo fijo, y que esa plata te genere más plata también es importante. Entonces creo que hoy hay un cambio en el paradigma que tenemos que empezar a entender para llevar nuestras empresas a otros niveles.
-Contame del CREA Contratistas sin fronteras, del que fuiste presidenta hasta hace un tiempo. ¿Qué rol y funcionalidad tiene el grupo? ¿Cómo funciona? ¿Qué desafíos se proponen?
-Nosotros ingresamos en CREA con la formación de este grupo. Cuando presenté la empresa, que te toca una vez por año, al escuchar a otros descubrí otra forma de ver los negocios, te nutrís de las otras experiencias. También podés ayudar desde lo tuyo a otros. Sobre todo en CREA que es un espacio donde se busca que las empresas sean cada vez más profesionales. Y más allá de

Fuente: InfoCampo