La otra cara del boom brasileño: Cómo la explosión agrícola de los últimos 20 años cambió el mapa, hizo crecer ciudades y puso más carne en la mesa

“El crecimiento de la producción de granos cambió Brasil para siempre”, señaló el economista Iván Ordóñez al presentar los avances del último estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC).
El suyo fue un trabajo vinculado específicamente a cómo el país vecino logró, en apenas 25 años, producir cerca de 1550 millones de toneladas adicionales de granos respecto de nuestro país, un volumen equivalente a unas 12 cosechas argentinas récord, o a 475.000 millones de dólares.
Las causas detrás de ese proceso fueron una serie de políticas de largo plazo, que oportunamente describimos en esta nota previa. Las consecuencias merecían un título aparte, porque si “Brasil cambió para siempre” es porque ese “boom” productivo provocó el nacimiento de nuevas ciudades, importantes cambios demográficos, mejoras en el consumo y hasta cambios en los índices de pobreza y alfabetización.
Un necesario repaso por algunas de esas señales que hoy devuelve el espejo brasilero.
¿Cómo hizo Brasil para sacarnos 12 cosechas de ventaja? Spoiler alert: No fueron sólo las “malditas” retenciones y el Estado tuvo mucho que ver

Desde los años 2000, Brasil multiplicó por 11 su producción de soja -hoy equivalente al total de los complejos granarios argentinos- y por casi 7 la de maíz. Fueron muchos más granos para exportar, pero también para el mercado interno, que oportunamente aprovecharon por las cadenas cárnicas.
Desde la década del ochenta hasta ahora, el sector aviar produjo 8,3 veces más, el porcino se multiplicó por 5,6 y el bovino se duplicó. Todo ello, acompañado por mejoras genéticas, sanitarias y de manejo. “Brasil pasó de ser un mercado cautivo de la carne vacuna argentina a ser el mayor exportador del mundo, dueño además de los grandes frigoríficos de carne vacuna norteamericanos”, explicó Ordóñez.
Esta claro que no fue sólo la mayor oferta de granos lo que lo hizo posible, porque hubo también todo un desarrollo interno de esas cadenas, pero fue esa su condición necesaria. El resto, lo aportó la inexistencia de las retenciones y la libertad para operar, sin “ROEs” ni otros artilugios.
“Es muy importante tener grano abundante para poder hacer el paso siguiente, pero también tener mercado. Y Argentina no lo pudo hacer porque no tuvo esta explosión de producción y porque pisó el precio de las carnes cerrando exportaciones”, recordó el economista.

En ese sentido, el trabajo del CIPPEC también señala que ese crecimiento en la producción de carne permitió que, justamente, hubiera “alimentos más accesibles para los brasileños”. Y lo demuestra la evolución que tuvo el poder de compra del salario mínimo medido en kilos de carne durante las últimas tres décadas: hoy permite comprar aproximadamente cuatro veces más carne de cerdo, tres veces más pollo y el doble de carne vacuna que en los noventa.
Ese proceso, en paralelo, acompañó la caída en los niveles de pobreza, un proceso generalizado en todo el país, pero más acentuado aún en zonas agropecuarias. Desde los noventa hasta el 2010, por ejemplo, en los estados que protagonizaron esta “revolución agropecuaria” este índice se retrajo hasta un 80%, cuando el promedio a nivel nacional era del 60%. Y en esas zonas, además crecieron mucho más los egresados universitarios.
“Todo el proceso se hizo sin tocar la mesa de los brasileños, y ahí se ven los efectos”, apuntó Ordóñez.
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Las señales también se ven con un vistazo al mapa del país vecino. Naturalmente, el crecimiento de la formación académica y el poder adquisitivo, la expansión de la frontera agropecuaria, la conquista de nuevas regiones (como el centro-oeste) y el crecimiento del PBI agroindustrial cambiaron la geografía brasileña. Y las cifras son muy llamativas.
En los últimos 30 años, la población de las regiones agropecuarias aumentó 81%, casi el triple de lo que sucedía en el resto de Brasil. Y el dato es este: 5,3 millones de personas llegaron allí por migración. Más de 5 millones de personas que quisieron irse al campo.
“Por qué? Porque había laburo”, explica el economista del CIPPEC. Y está claro: alrededor de ese agro que se expandía, se necesitaban ciudades, comercios, industrias y todo un ecosistema productivo, Por eso, Ordóñez descree de la noción del “derrame” en este caso: fue todo un proceso conjunto.

Es así como se consolidó una nueva red urbana en el interior del país: crecieron 9 grandes capitales y 6 metrópolis regionales vinculadas al agro. Además, durante las décadas de 1990 y 2000, surgieron 319 ciudades y casi 400 municipios agropecuarios aumentaron su población más rápido que el promedio nacional.
Algunos de ellos llegaron a multiplicar por 7 su población. Para tener una idea, los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires, sobre las rutas 3, 5 y 7, crecen -en promedio- a la mitad del ritmo que el resto del país.
Así y todo, aunque parece ser resultado de una gran planificación, Ordóñez aclara que todo este proceso de crecimiento fue “tan anárquico como el de cualquier otro país sudamericano”, por lo que el espejo brasileño también muestra un camino posible. “Hay que hacer un plan sensato y mantenerlo por mucho tiempo. Eso vimos en Brasil”, señala el economista.
En otras palabras, tener una política agropecuaria y una macroeconómica acordes.

Fuente: Bichos de Campo