¿Cuáles son los 9 límites que ya cruzó la humanidad? El agrónomo y periodista uruguayo Eduardo Blasina publicó un libro clave sobre cambio climático y nosotros compartimos un capítulo

Nadie puede decir que Eduardo Blasina no provenga del “riñón del agro”. Nacido en Montevideo y recibido como ingeniero agrónomo en la Universidad de la República, con los años se convirtió en uno de los principales periodistas especializados en el agro de Uruguay y toda la región. Actualmente dirige el programa Tiempo de cambio en Radio Rural.
Desde esta pertenencia clara, Blasina acaba de publicar un libro fundamental para entender y debatir los desafíos climáticos que enfrenta el planeta. Avisa en la contratapa: “La humanidad tiene ante sí un camino que se bifurca: elegir entre un callejón evolutivo sin salida, que conduce a la degradación de su único hogar, o continuar la senda de una evolución inteligente, capaz de restaurar un planeta dañado”.
Le hemos pedido permiso a Blasina, que es amigo de Bichos de Campo, para publicar un capítulo de su libro “El filtro de la evolución”, porque creemos que también es necesario propiciar este debate en el agro argentino. Elegimos el capítulo 10, que habla sobre “los límites cruzados y los puntos de no retorno”.

Límites cruzados y puntos de no retorno
El riesgo ya no es un cambio climático gradual. El riesgo es la desestabilización del sistema terrestre.
johan rockström
Nada es tan doloroso para la mente humana como un cambio grande y súbito.
mary shelley
Hemos descrito las causas y las consecuencias del deterioro de la biósfera y la atmósfera. ¿Cuánto deterioro es mucho? ¿Cuánto es demasiado? ¿Cuánto riesgo e inestabilidad podemos aceptar? ¿Dónde están los límites? ¿Dónde las líneas amarillas que ya hemos cruzado y dónde las líneas rojas por cruzar? Cuando determinados límites de deterioro se cruzan, las complicaciones se hacen más frecuentes y grandes.
Hubo un tiempo en que la humanidad tenía menos población, menos tecnología, menos consumo y el planeta parecía infinito. Vivíamos con lo que el planeta tenía para ofrecernos. Antes de que James Watt desarrollase la máquina a vapor, hacia 1775, cuando despegó la Revolución industrial, la humanidad no podía percibir un cruce de límites. Aunque ya había provocado extinciones de animales, ya había talado selvas y bosques, el crecimiento poblacional generaba presiones, todavía vivía dentro de los límites de la naturaleza de una manera que, estabilizada, era sostenible.
La invención de máquinas capaces de usar la energía almacenada durante 500 millones de años en el subsuelo generó un crecimiento económico, poblacional y de consumo sin precedentes.
La humanidad no tenía hasta hace algunas décadas el conocimiento científico suficiente que le permitiera entender el funcionamiento de la atmósfera y el planeta. Las consecuencias de talar bosques, quemar leña y carbón y depositar en la atmósfera gases no se conocían. Había ya inundaciones y sequías, pero no una trayectoria definida de deterioro tan marcada como la que se da en el presente.
La variabilidad climática existía dentro de parámetros manejables y cada muchos años ocurrían fenómenos extremos e incendios naturales. El impacto de la actividad humana sobre el clima era todavía pequeño. La frecuencia de eventos climáticos extremos era más baja que en el presente y la temperatura tendía levemente a la baja. Ríos que hoy fluyen todo el año, como el Támesis de Londres, a principios del siglo xix se congelaban en invierno. Los londinenses patinaban y se divertían en las llamadas frost fairs (ferias de hielo) que se celebraban en sus aguas congeladas, la primera organizada en 1608 y la última en 1814.
Las emisiones de gases a la atmósfera y la sustitución de áreas silvestres crecieron gradual, pero aceleradamente,  durante el siglo xix: leña quemada, carbón… Esa lógica se acentuó en el xx con el petróleo y el gas natural, protagonista del siglo xxi. Pero eso es solo uno de los aspectos de un problema más amplio: lo que se deteriora es el conjunto. El cambio climático es el principal de los límites que estamos cruzando, no el único. Y es además el que se conoce desde hace más tiempo, sin que logremos revertirlo.
Los sistemas vitales clave del planeta son nueve (los detallaremos a continuación) y fueron explicados por primera vez, en 2009, por un grupo de 28 científicos, liderado por Johan Rockström de la Universidad de Estocolmo. Este método de análisis del funcionamiento del planeta evalúa y mide el impacto que las actividades humanas tienen sobre su funcionamiento.
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En 2023 la evaluación concluyó que seis de los nueve se han transgredido. El sistema planetario, como nuestro propio cuerpo, es capaz de tolerar un desequilibrio de determinada magnitud, durante un período de tiempo. Pero eso no es ilimitado ni puede ser permanente. Cruzar estas fronteras aumenta el riesgo de generar cambios abruptos o irreversibles a gran escala. Los impactos no son necesariamente inmediatos ni drásticos, pero indican que vamos ingresando en un umbral crítico de riesgos para la biósfera de la que formamos parte y, por lo tanto, para la sociedad. Cuanto más se superen, con más certeza derivarán en problemas graves que pueden retroalimentarse, como un efecto dominó o un castillo de naipes.
Estos sistemas planetarios son interdependientes. La estabilidad del clima durante los últimos 10.000 años, que permitió el desarrollo y la prosperidad de las sociedades  humanas, proviene de las complejas interacciones de los procesos biofísicos dentro del sistema terrestre. Esto significa que no podemos considerar los límites planetarios de forma aislada. Las acciones que afectan a un proceso aumentarán los riesgos de los demás. Solo respetando los nueve límites podremos mantener un espacio operativo seguro para la humanidad.
La era industrial trajo el uso de fertilizantes, la expansión de las áreas agrícolas y otras transformaciones. Los límites planetarios muestran que el calentamiento global y los cambios climáticos resultantes son apenas algunos de los tantos desequilibrios en la salud del planeta.

A lo largo del tiempo varias advertencias fueron hechas sobre la necesidad de tomar en cuenta esa finitud planetaria para preservar los equilibrios fundamentales, de modo que la vida humana pueda seguir aspirando a la estabilidad y felicidad.
La comprensión de la necesidad de cuidar los límites tiene antecedentes que incluyen la ciencia económica. En los años 1980 se publicó Los límites del crecimiento y se formó el Club de Roma, que intentó advertir el riesgo de transgredir las fronteras de lo que el planeta tiene para ofrecernos. Hasta 2025 ninguna advertencia se ha escuchado.
De modo que el calentamiento global y el cambio climático son apenas la parte visible de algo más vasto que abarca desde la erosión a la contaminación con plásticos, la pérdida de biodiversidad, la alteración de los ciclos de ciclos biológicos y otros aspectos de un proceso de deterioro múltiple cada vez más insostenible.

A pesar de la perspectiva sistémica intrínseca del marco y la naturaleza potencialmente sinérgica de las transgresiones de límites, el nivel de deterioro para un límite planetario determinado generalmente se cuantifica sin tener en cuenta el estado alterado de los otros.
Los límites que los científicos monitorean
De los nueve límites fundamentales, ya se han cruzado seis.
1. El primer límite: el aumento de la temperatura planetaria a 1,5 ºC
Es el más notorio, el más importante cambio de la temperatura media global en superficie desde la era preindustrial (1850-1900). Ese límite se venía rozando a partir de 2020, y por primera vez se traspasó en 2024. Esa es la línea amarilla. No puede afirmarse que estructuralmente hayamos cruzado el 1,5 ºC, pero ya haberlo superado en un año es una señal alarmante. Una alteración de 2 ºC nos haría entrar a una zona roja, algo que se creía que sucedería alrededor de 2050, pero dada la aceleración ocurrida en 2023 y 2024 podría estar más cerca.
El exceso de temperatura es una consecuencia de otros límites cruzados; deberíamos retornar a la atmósfera a un contenido de dióxido de carbono por debajo de las 350 partes por millón. En 2024 estaba por encima de 420 partes por millón. El riesgo se vuelve extremo por encima de 450 partes por millón, a las que llegaremos en breve. El récord de temperaturas volverá a superarse probablemente en 2026 y 2027.
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2. Deterioro de la biósfera
La pérdida de biodiversidad es otra tendencia acelerada. Más de un millón de especies de las ocho millones que existen, entre plantas y animales, están en peligro de extinción. Las especies domésticas dominan una proporción creciente de la superficie del planeta y se modifica el entorno para su alimentación. El límite de la biósfera es uno de los que todavía no están bien cuantificados, pero según los investigadores del centro de Estocolmo todo parece indicar que ya lo hemos cruzado. Estamos en plena sexta extinción masiva de especies, algo que ocurre cada decena de millones de años.
Este deterioro tiene un componente genético, de pérdida de la biodiversidad, y otro componente funcional. Por ejemplo, ecosistemas más débiles que normalmente protegerían la calidad de los cursos de agua, al quedar debilitados, no pueden cumplir esa función, y de esa manera el agua se contamina más rápidamente con nitrógeno y fósforo, acelerando el deterioro de otro de los límites planetarios.
A mayor diversidad biológica, mayor estabilidad de la biósfera que habitamos. Y viceversa.
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3. Cambios en el uso del suelo
Este límite se relaciona con el anterior. La pérdida de biodiversidad más radical ocurre cua

Fuente: Bichos de Campo