En Godoy Cruz, Mendoza, una antigua fábrica que durante décadas estuvo vinculada a la producción industrial hoy tiene una nueva vida. Entre las estructuras de lo que fueron los Talleres Metalúrgicos Pescarmona funciona Planta Uno, un mercado gastronómico y espacio de encuentro que recuperó parte de la identidad de aquel predio industrial y la incorporó a una propuesta completamente diferente. Pero la transformación no quedó limitada a la arquitectura: también implicó pensar cómo el paisaje podía acompañar los nuevos usos del lugar.
En agosto, De Raíz llegó hasta Planta Uno para conocer ese trabajo y recorrer junto a la paisajista mendocina Soledad Llames los espacios exteriores que forman parte de la intervención. La visita permitió conocer no solamente el resultado final, sino también parte del proceso detrás del proyecto, las decisiones que debieron modificarse durante el camino y la manera en que la vegetación existente terminó siendo uno de los puntos de partida para el diseño.
Mirá la nota:
Planta Uno ocupa un predio de 27.000 metros cuadrados. El lugar estuvo vinculado a la fabricación de componentes para la industria hidroeléctrica y turbinas y permaneció durante años sin actividad hasta que sus antiguas instalaciones fueron recuperadas para convertirse en un mercado gastronómico y espacio de encuentro.
La transformación no implicó solamente recuperar las estructuras industriales existentes. También fue necesario pensar cómo incorporar el paisaje a un espacio que iba a tener nuevos usos y una circulación cotidiana muy diferente a la que había tenido durante su etapa fabril. Para esa tarea fue convocada Llames, quien desarrolló una propuesta basada en una selección acotada de especies y en la lectura de las condiciones que ya tenía el predio.
El proyecto, además, tuvo una particularidad: fue atravesado por la pandemia y debió modificarse varias veces a medida que cambiaban las necesidades del lugar. Las transformaciones en las formas de trabajar y en las costumbres de las personas obligaron a revisar parte del programa original. Un ejemplo fue un gran módulo de oficinas que estaba previsto inicialmente y que finalmente fue eliminado.
“Presenté tres veces proyectos diferentes porque se iba, había que sacar zonas completas”, explicó Llames durante la recorrida. La frase permite dimensionar una parte del trabajo paisajístico que muchas veces queda oculta detrás de una obra terminada: el diseño no siempre avanza de manera lineal y, especialmente en proyectos de esta escala, debe adaptarse a cambios arquitectónicos, funcionales y sociales.
En Planta Uno, además, buena parte de las decisiones no surgieron solamente de lo que se quería incorporar, sino de aquello que el lugar ya tenía. La vegetación existente fue uno de los elementos considerados al momento de definir la intervención. Entre los ejemplares que se conservaron había dos jacarandás de gran porte que, aunque no son nativos de la zona, ya estaban instalados en el predio y tenían una presencia significativa.
A partir de esos árboles y de las características de la arquitectura industrial, la propuesta buscó construir un paisaje que acompañara al espacio sin competir con él. Llames define el proyecto dentro del concepto de xeripaisajismo, una forma de abordar el diseño que pone especial atención en la elección de especies adaptadas a condiciones de menor disponibilidad de agua y en la reducción de las necesidades de mantenimiento.
El objetivo no era generar un jardín pensado solamente para el momento de la inauguración, sino un paisaje capaz de sostenerse en el tiempo, con presencia durante las distintas estaciones y que pudiera integrarse a la actividad cotidiana de Planta Uno sin convertirse en una carga de mantenimiento.
La selección vegetal responde a esa lógica. Con pocas especies se construyó una composición que busca generar estructura y contraste. Las tipas aportan presencia arbórea y, con su floración, modifican la imagen del espacio durante la primavera. Los romeros suman textura, floración y resistencia, mientras que las tunas y otros cactus de porte escultórico adquieren un protagonismo particular.
En este contexto, las tunas dejan de ocupar el lugar secundario que muchas veces tienen en los jardines y pasan a funcionar casi como piezas escultóricas. Su estructura y su adaptación a condiciones secas permiten, además, establecer un diálogo entre la vegetación y las construcciones industriales que caracterizan al predio.
Los jacarandás completan la estructura arbórea y aportan sombra para los meses más cálidos. Algunos de ellos ya formaban parte del lugar y fueron incorporados como elementos centrales de la nueva composición, una decisión que refleja una de las premisas del proyecto: antes de intervenir un paisaje es necesario entender qué existe allí y qué elementos pueden convertirse en puntos de partida para el nuevo diseño.
La intervención de Planta Uno muestra así cómo el paisajismo puede acompañar la recuperación de un espacio industrial sin intentar borrar las huellas de su pasado. Los antiguos galpones, las estructuras originales, los árboles existentes y las nuevas plantaciones forman parte de una misma escena y permiten que el predio conserve parte de su identidad mientras adquiere una nueva función.
El resultado es un paisaje que acompaña la transformación de una antigua fábrica y que demuestra que intervenir un espacio existente no significa necesariamente empezar de cero. Muchas veces el diseño comienza justamente por observar qué quedó, qué vale la pena conservar y cómo esos elementos pueden convertirse en parte de una nueva historia.
Agro & Campo
De Raíz: De fábrica de turbinas a espacio urbano, el paisajismo de Planta Uno en Mendoza
Fuente: Bichos de Campo