El origen jamás contado de Frida, la estrella de ABBA nacida bajo un experimento nazi

Cuando la maquinaria del Tercer Reich capituló en Europa, el destino de miles de mujeres noruegas cambió para siempre. Entre ellas figuró Synni Lyngstad, una joven campesina que enfrentó el repudio social en el pueblo de Ballangen. Su pecado, a los ojos de sus vecinos, fue enamorarse de Alfred Haase, un soldado del ejército nazi. Y no solo eso: esperar un hijo de él. El 15 de noviembre de 1945, seis meses después del fin de la guerra, nació Anni-Frid Lyngstad, más tarde conocida en el mundo entero como Frida, la cantante de ABBA.La niña llegó al mundo como producto del programa Lebensborn, una organización creada por el líder de las SS, Heinrich Himmler. Este plan buscó la expansión biológica de la ideología nazi mediante “la reproducción de soldados con mujeres consideradas aptas racialmente”. En Noruega, cerca de 12 mil niños nacieron bajo esta premisa. Al caer el régimen, la sociedad noruega volcó su odio sobre estos menores y sus madres. El diario The Guardian documentó en sus registros históricos que el Estado noruego clasificó a estas mujeres como “psicópatas o personas con retraso mental”, lo cual justificó la internación de muchos niños en instituciones psiquiátricas y la violación sistemática de sus derechos fundamentales.El calvario de Synni Lyngstad duró dos años. El pueblo la señaló como traidora y circuló el rumor de que entregó su cuerpo a cambio de comida. En la realidad, ella padeció la desaparición de Haase, quien partió al terminar el conflicto sin dejar rastro. Ante la presión y la miseria, Synni, su madre Arntine y la pequeña Frida emigraron a Suecia. Poco después, la madre de la cantante murió a causa de una insuficiencia renal, aunque el entorno cercano atribuyó el desenlace a la tristeza y la falta de apoyo estatal. La abuela Arntine tomó las riendas de la crianza y trabajó como costurera para financiar las lecciones de piano de su nieta.La carrera artística de Frida floreció en Estocolmo. A los 16 años, su talento le abrió las puertas de los escenarios suecos. Sin embargo, ella cargó con un vacío emocional profundo. “No tenía muchos amigos, yo pensaba que todo acerca de mí estaba mal, que no había nada en mí que mereciera ser amado”, relató la artista sobre su infancia. En aquel periodo, ella creyó que su padre murió en un naufragio durante la guerra. La verdad surgió recién durante su éxito con ABBA, cuando una admiradora alemana le entregó la revelación: Alfred Haase seguía vivo.El encuentro entre ambos, propiciado por Benny Andersson, resultó una experiencia fría y mediática. La revista Pop y el semanario Bravo cubrieron el suceso. Haase, entonces un pastelero con otra familia, declaró ante la prensa: “¡Una hija de treinta y dos años! Imagina eso. ¡Nunca supe que esa niña especial en Noruega, mi Synni, que nunca respondió a mis cartas cuando regresé a Alemania, dio a luz a mi hija! Lo primero que pensé cuando me di cuenta de que era realmente cierto fue: ‘Cuán cruel puede ser la vida’”.Por su parte, Anni-Frid manifestó ante los medios: “Cuando siempre has pensado que eres huérfano, empiezas a soñar con tus padres. Intentas imaginar cómo habrían sido. Tenía un par de fotografías de mi madre, pero realmente no me identificaba con ellas. Ahora que conozco a Alfred Haase y sé que solo él puede ser mi padre no podría estar más feliz”.Con el paso de los años, Frida confesó que aquel reencuentro funcionó como una puesta en escena que le provocó una profunda depresión. A pesar de los intentos, el vínculo no prosperó y ella dejó de ver a su progenitor. Haase murió el 23 de febrero de 2009 sin admitir vínculo alguno con el programa Lebensborn. El biógrafo Tim Tate, autor del libro Hitler’s Forgotten Children, señaló que Frida procuró olvidar aquel pasado doloroso durante el resto de su vida.Su trayectoria personal continuó con hitos significativos. Tras su divorcio de Andersson en 1981, ella contrajo matrimonio con el príncipe Heinrich Ruzzo Reuss Von Plauen en 1992. La tragedia golpeó nuevamente su vida en 1998 con la muerte de su hija, Ann Lise-Lotte, en un accidente vial. Al año siguiente, su marido falleció a causa de un cáncer. Frida, quien superó el rechazo de su país natal y el trauma de ser un símbolo del nazismo, se dedicó al activismo ambiental y hoy ostenta el título de princesa Anni-Frid de Reuss, condesa de Plauen. Su historia transita de la oscuridad del experimento nazi a la nobleza europea.Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA en base a un artículo de Facundo Di Genova.

Fuente: La Nación