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Por qué no te podés perder el regreso de Stomp, el fenómeno que transforma el ruido cotidiano en arte puro
Stomp. Creación y dirección: Luke Cresswell y Steve McNicholas. Elenco: Joshua Cruz, Cade Slattery, Opal Edmonds, Rob Shaw, Rhys Shone, Jamie Welch, Jasmine Joyner, Cary Lamb Jr., Sean Perham, Molly Wallace, José Antonio Filgueira, Phil Batchelor. Sala: Teatro Ópera (Corrientes 860). Duración: 100 minutos. Funciones: 4, 8, 9, 10 y 11, a las 21; 5, 6, 12 y 13, a las 18.30; 5 y 12, a las 22. Nuestra opinión: excelente.5 starsVolvió a Buenos Aires después de 16 años. Stomp es un nombre propio que se convirtió en marca y en referencia, pero cuando llega la hora de caracterizar lo que hacen, aparecen algunas dificultades: percusión urbana, teatro físico y hacedores de música con objetos cotidianos. Todo es cierto y, sin embargo, resulta incompleto para dar cuenta de lo que sucede en escena.El inicio de su historia se inscribe en 1991 de la mano de sus creadores, Steve McNicholas y Luke Cresswell, y la matriz de lo callejero está en su ADN. Fueron inspiración para muchos que vinieron después, tanto internacionales como vernáculos. En la actualidad, son una compañía transnacional que se ha presentado en un número inmenso de ciudades de lo más diversas y la base que los articula los habilita para hacerlo en un callejón o en un sitio con una infraestructura compleja que pone en tensión el universo que convocan y, sin embargo, funciona. View this post on Instagram Cuando uno se acomoda en la butaca del Teatro Ópera puede advertir una escenografía engañosa que ocupa el escenario a lo alto y a lo ancho: tachos de plástico, barriles de lata pintados, caños en altura, un juego de simetrías que se rompe de tanto en tanto y fragmentos de objetos relativamente reconocibles. Tal vez no puede nombrarse todo lo que hay, pero sin duda se comprende el mundo que articulan.La fórmula es relativamente conocida; esta nueva versión permite renovar el mecanismo sin perder nada de la potencia original; por el contrario, el elenco (uno de los que circulan en gira) está tan aceitado que parece un mecanismo de relojería. La propuesta se va modificando parcialmente sin reescribirse por completo. Y aunque el montaje coincida, el elenco no lo hace. Y el público —que es parte de la propuesta en algunos pasajes— también cambia la ecuación.La idea de hacer música con objetos ¿cotidianos? forma parte del imaginario popular (aunque no es lo mismo una caja de fósforos, que las bolsas de nylon, que una bacha de cocina con agua, que los tachos o los caños industriales o los aros inflables gigantes) es decir, cuando se observa con detenimiento los objetos-instrumentos no pertenecen a un mismo campo ni material ni signficante. Sí, puede decirse que cumplen una función equivalente: producir ritmos complejos, con una coordinación extraordinaria. Y en simultáneo se ve el objeto y nuestra percepción se tensa porque la información de la vista y el oído circulan por carriles diferentes. View this post on Instagram El cuerpo, por supuesto, también es otro objeto sonoro. Y se desafían desde la articulación colectiva —simultánea y sucesiva— y desde la escisión de un intérprete: un pie quieto, el otro en movimiento. Son tantos los detalles que se acumulan de manera interminable uno sobre otro, como se acumulan los restos de los objetos que se desgastan con los golpes: pedacitos de escobillones, el aserrín o los residuos de la madera que salta para desprenderse sobre el piso del escenario.Decía que la escenografía es engañosa porque no es tal: también deviene objeto sonoro, mientras trabajan niveles de altura y oscilan entre caminar en cuclillas y ponerse arneses.No faltan la acrobacia de latas y el embate de los carritos de supermercado, tampoco la serie de objetos-instrumentos-móviles para un músico que permanece relativamente quieto. Con todo, producen música, pero todo también se convierte en una coreografía impecable.Sin embargo, es fundamental señalar que el lenguaje escénico es potente: alcanza con revisar lo que sucede con lo lumínico. Es una puesta para un teatro que puede fundir a oscuro total para que se habilite el doble concierto lumínico-sonoro de los encendedores o que puedan jugar con linternitas frontales para invocar un concierto de ¿ranitas? que se develarán caños de pvc extensibles (o algo que se le parece).Y, por supuesto, el humor: siempre en primer plano, la sorpresa, la ruptura de expectativa, el personaje que —con algún rasgo diferenciado en el vestuario— se lleva de la mano a los espectadores para caer en la risa que suena como un instrumento más.Definitivamente apuestan por la perfección en su propio lenguaje y se comprueba que pueden hacer vibrar una sala inmensa con su trabajo en la escena.
Fuente: La Nación