“No hicimos nada con el recurso más barato”: Experto en semillas forrajeras, Martín Zingoni afirma que, solo con mejorar el manejo del pasto, Argentina podría llegar a tener 80 o 90 millones de bovinos

Martín Zingoni lleva más de 35 años trabajando con semillas. Empezó desde la producción, después tuvo que aprender a venderlas y más tarde salió a recorrer el mundo en busca de genética. Desde 2020 esa experiencia desembocó en Zinma Seeds, un semillero que trabaja fundamentalmente con pasturas, alfalfa, sorgos, cultivos de servicio y otros materiales que no siempre están en el centro de atención de las grandes multinacionales.
Pero cuando Bichos de Campo se cruzó con él en el congreso de Aapresid, la conversación rápidamente fue desde las semillas hacia algo mucho más elemental: el pasto. 
Porque Zingoni está convencido de que si la Argentina quiere aprovechar una posible nueva etapa de crecimiento de la ganadería, antes tiene que revisar la manera en que produce el alimento más barato que tiene disponible. Algo parecido nos había dicho hace unas semanas el especialista Juan Elizalde.
Juan Elizalde, uno de los hombres que ayudaron a importar el feedlot a la Argentina, advierte que hoy se invierte casi nada en lo que realmente engorda: el pasto

“Yo arranqué la profesión y agarrabas cualquier campo: 50% agrícola y 50% ganadero. Hoy tenés 90 y 10, u 80 y 20 si querés”, describió el empresario.
En definitiva, la agricultura avanzó durante décadas y las pasturas fueron perdiendo terreno. Pero para Zingoni el problema no pasa solamente por la cantidad de hectáreas que quedaron destinadas a la ganadería. Su planteo es que todavía existe muchísimo margen para producir más sobre esa misma superficie.
“Si nosotros, con la misma superficie que tenemos hoy, aplicamos fertilizante y cosas de manejo, pasamos de 50 millones de cabezas a 80 o 90 millones con manejo”, afirmó. La suya no se trata, entonces, de una proyección basada en ampliar la frontera ganadera sino de hacer producir más el suelo que ya se utiliza para alimentar hacienda.
Y allí apareció una de las definiciones más contundentes de Zingoni: “Pastura no fertiliza nadie, y hay que fertilizar”. Por supuesto que no quiso decir literalmente que nadie lo haga. Existen productores que ya trabajan de esa manera, aunque considera que todavía son pocos. “El que lo hace es porque ya lo midió y lo sabe”, afirmó.
Según su mirada, esa falta de inversión resulta especialmente llamativa porque el pasto sigue siendo el recurso más económico para producir carne o leche. “No hicimos nada. Es el recurso más barato que vos tenés”, resumió.
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Zingoni incluso utiliza como señal de alerta lo que sucede con otro rubro que abastece a los mismos productores: las fábricas de alimentos balanceados. “Tengo amigos que tienen fábrica de balanceado y crecen, crecen. Y hoy les digo a los chicos: ‘Esta es nuestra competencia’, porque el tipo le ha vendido un producto al mismo cliente” de quien compra semillas forrajeras, explicó.
La diferencia es evidente. Quien compra balanceado recibe el alimento terminado. En cambio, cuando compra una semilla forrajera todavía tiene por delante todo el trabajo necesario para convertirla en comida para los animales. 
“Nosotros vendemos un alimento. La única diferencia es que el productor lo tiene que sembrar, lo tiene que producir y después lo tiene que cosechar. El otro se lo da directamente”, comparó.
“La exportación te estabiliza el negocio”, dice Alfredo Abboud, el empresario que montó una procesadora de fardos de alfalfa en Córdoba para vender “pasto de calidad” a los países árabes

Esa misma discusión aparece, según Zingoni, alrededor de la alfalfa, un cultivo sobre el que asegura llevar tres décadas dando charlas sin observar cambios tan profundos como los que esperaba. Para el semillero, tanto en alfalfa como en sorgo todavía existe una brecha importante de manejo. Y marcó una diferencia respecto de los grandes cultivos agrícolas.
“Hay cosas que ya no se discuten en el mundo. Vos le preguntás a cualquier productor cómo hace un maíz y te dice ‘lo tengo que hacer así’, y no le falla. En alfalfa lo piensa más con el bolsillo”, sostuvo.
Parte del problema, según explicó, es que muchas veces al productor ganadero le resulta más difícil ponerle un número preciso al pasto que cosechan sus animales y, por lo tanto, determinar cuánto cuesta realmente ese alimento.
Incluso señaló que ya existen casos en los que, cuando se comparan los costos con una producción forrajera de pocos kilos por hectárea, puede terminar resultando más conveniente comprar el pasto que producirlo. “Eso se ve mucho afuera, donde el que hace tambo no genera su propio alimento, va y lo compra. Acá en la Argentina, lo que años atrás nosotros no veíamos, hoy se está viendo”, indicó.

El planteo de Zingoni coincide además con otro fenómeno que observa desde el negocio de las semillas: la necesidad de volver a tener los suelos ocupados durante una mayor parte del año. Allí entran los cultivos de servicio. Zinma trabaja con vicias, rabanitos, avenas, trigos y centenos, entre otras especies, y está probando nuevas leguminosas para ampliar las alternativas disponibles.
Pero Zingoni considera que también en ese terreno la Argentina tiene mucho por aprender. “En el mundo se hacen mezclas, no se siembra nunca un solo cultivo. En la Argentina sembramos uno o a lo sumo dos. En el mundo entero se hacen cuatro, cinco o seis”, explicó sobre las praderas multiespecie.
La diversidad, señaló, permite reducir la dependencia de una sola especie. Si una enfermedad afecta al centeno, por ejemplo, el sistema no queda atado exclusivamente a ese cultivo. Lo mismo podría ocurrir con la vicia. 
Para graficar esa necesidad de mantener los lotes produciendo, puso como ejemplo a Brasil. “Vos vas a Brasil, con suelos de peor calidad que los nuestros, a los que hay que ponerles mucha más plata, y tienen cultivos todo el año, nunca los dejan sin trabajar”, comparó.

La postal que observa en la Argentina es diferente. “Yo voy de Pergamino a Buenos Aires por la ruta, o agarro la 188 al oeste, y veo un montón de lotes en barbecho, sin ningún verde arriba después de la soja. Todo eso creo que no le hace bien” a los campos, indicó. “Necesitamos tener el suelo ocupado, el suelo en actividad y aparte tenemos que meterle nitrógeno”, enfatizó.
En ese contexto, Zingoni cree que la ganadería podría volver a darle impulso a un universo de pasturas, forrajeras y semillas que durante años quedó relegado frente al crecimiento agrícola. Considera que ahora hay un factor adicional que podría empujar ese proceso: los altos precios para la carne. “Yo nunca he vivido una situación como la de hoy, que te digan que por los próximos tres años la carne es un producto que va a valer”, afirmó.
A eso le suma el reconocimiento que, según observa en sus viajes y negocios en el exterior, conserva la carne argentina. “Todo el mundo quiere comer carne argentina, tomar un vino o sabe que jugamos bien al fútbol. Nos tienen catalogados afuera por un excelente producto”, sostuvo.

Para los semilleros nacionales de especies forrajeras puede abrirse allí una oportunidad. Pero Zingoni sabe que no alcanza con tener genética o tecnología disponible. “Tiene que traccionar el mostrador, como decimos nosotros. Para que la tecnología fluya. Si no, es muy difícil”.
En el caso del pasto, esa tecnología no parece demasiado sofisticada. El desafío, según su diagnóstico, comienza bastante antes: medir, fertilizar y manejar mejor un recurso que la ganadería argentina tiene desde siempre, pero al que todavía no termina de tratar como un verdadero cultivo.

Fuente: Bichos de Campo