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Comenzó el juicio contra los “sanadores egipcios” de Traslasierra
CÓRDOBA.- Comenzó el juicio contra Álvaro Aparacio Díaz y su esposa Carolina Laura Cannes, líderes de la secta de los “sanadores egipcios”, acusados de trata laboral y de abusos sexuales. Aparicio, quien se hacía llamar Ahú Sari Merek, negó los hechos ante el Tribunal Oral Federal N° 2 y manifestó, entre otras cosas, que la causa “estaba toda armada” en contra suya y de su pareja. Los acusados, que estuvieron detenidos durante un tiempo, llegaron en libertad a esta etapa del proceso.Aparicio aseguraba a sus seguidores que era maestro de las artes curativas para el cuerpo y la mente de la milenaria ciencia de las pirámides de Egipto. La causa pasó primero por la Justicia provincial y después pasó al fuero federal.La historia comenzó para la Justicia en marzo de 2020 cuando en un megaoperativo en San Lorenzo, en el Valle de Traslasierra, en el oeste cordobés, se desarticuló la “Fundación Académica Sêshen”. Las víctimas denunciantes son 11.La fiscal de Villa Cura Brochero, Analía Verónica Gallaratto, había elevado a juicio la causa, en la que estaban detenidas también las que hoy son consideradas víctimas. El juez de Control José María Estigarribia decidió que el expediente debía pasar a la Justicia federal y el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja ordenó la liberación de las víctimas.El tribunal que juzga a los “sanadores” está integrado por los jueces Enrique Lilljedahl, María Noel Costa y José Fabián Asís; el fiscal Carlos Casas Noblega está a cargo de la acusación en el debate.Según la investigación, Aparicio y su pareja captaban a personas en estado de vulnerabilidad emocional. Él se presentaba como un especialista de larga trayectoria en la prédica de la egiptología; vendía viajes para realizar “posgrados de medicina tradicional egipcia y psicología Sêshen” para “maestros de su escuela” y cursos de meditación.Decía que, gracias a ese saber milenario, les había curado el cáncer a sus pacientes y también la depresión, que había logrado reunir a parejas separadas y que asesoraba a políticos, por lo que cobraba millones por su particular trabajo.Las víctimas le pagaron miles de dólares por sus servicios; para hacerlo, vendieron parte de sus pertenencias y hasta cortaron con sus relaciones afectivas previas. Cannes, su pareja, era la encargada de dar los turnos, cobrar las consultas y chequear lo que cada uno de los seguidores publicaba en las redes sociales.Comercializaban, por caso, el curso de “Kábalah Ciencia Egipcia”, presentado como una “magnífica obra literaria en la cual el Licenciado Sahú Ari Merek desarrolla un profundo estudio acerca de las letras de la Kábalah Tradicional y Científica, demostrando la unión energética existente entre los jeroglíficos egipcios y las letras hebreas”. Otros eran “La Flor de la Vida: Meditando en las Dimensiones de la luz” y “Geometría Sagrada Jeroglífica del Antiguo Egipto”.“Abuso psicológico”Los peritajes realizados durante la investigación dan cuenta, por ejemplo, de que la Fundación Sêshen está en la línea de los “grupos de abuso psicológico” o “grupos de manipulación psicológica”. Incluso consideraron “más adecuado” hablar del uso de la “persuasión coercitiva”, ya que el “sustantivo persuasión se refiere a la dinámica de captación y el uso de sus técnicas concretas”. Las víctimas fueron captadas, en general, en un periodo de “vulnerabilidad a nivel personal y emocional”.A inicios de 2020, con la explosión de la pandemia del Covid-19, Aparicio Díaz pidió a un grupo de “elegidos” que se mudaran al campo de Pozos Azules, en San Lorenzo, para “estar protegidos del fin del mundo que se venía”. En el campo, pasaban “días sin alimentarse y sin bañarse” y trabajaban toda la jornada; ya tenían asignadas las tareas. Allí, él mostró armas para “defenderse” de eventuales ataques. Parecía un escenario postapocalíptico.Hace unos años, una de las víctimas escribió una carta a LA NACION en la que contó: “Poco a poco fui captada por sus ‘promesas’, su ‘conocimiento’; era mi ‘maestro’, mi ‘psicólogo’ y mi ‘padre’… según sus dichos, y así me hacía sentirlo. Hoy son tantas las preguntas… ¿Cómo hizo? ¿Cómo no me di cuenta? ¿Cuán sometida estaba para poner mi vida en sus repugnantes manos y que hiciera lo que su perversa mente quisiera conmigo? Pienso que su trabajo fue tan minucioso, imperceptible… durante días, meses y años”.“Logró que me alejara de mi familia, de mis amigos y hasta de mi pareja. Se quedó con nuestra economía individual y con la que teníamos en común. En el camino perdí un embarazo, lo cual me hacía más vulnerable a sus dichos y pensamientos sobre por qué me lo merecía”, relató.
Fuente: La Nación