La paradoja del “otro agro”: pese a la baja competitividad, crecen las exportaciones de las economías regionales



Las economías regionales muestran en la coyuntura actual de los agronegocios en Argentina una verdadera paradoja: con un tipo de cambio real bajo, y precios internacionales que están cerca de un piso histórico, las exportaciones en volúmenes están creciendo, incluso con algunas cadenas en zona de récord.
Así lo señala un informe elaborado por el economista Jorge Day, del Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea. 
Allí, el investigador se enfoca en el análisis de aquellos sectores que configuran el “otro agro”; es decir, más allá de los granos extensivos -como la soja, el maíz o el trigo- o las grandes cadenas productivas históricas, como la carne o la lechería. Es decir, por ejemplo, se centra en vinos, frutas, legumbres, ajo, arroz, yerba mate, jugos, aceite de oliva y otros productos agroindustriales.
LAS ECONOMÍAS REGIONALES BAJO LA LUPA EXPORTADORA
Day parte de la base de que este “otro agro” presenta algunas diferencias importantes. En general, opera con menores escalas, se encuentra más alejado de los puertos y, en varios casos, utiliza más intensivamente mano de obra. A
demás, a diferencia de los principales granos, muchos de sus productos no son commodities: tienen distintos niveles de calidad, variedades, mercados de destino y grados de diferenciación.
Por estas características, su rentabilidad depende particularmente de sus precios de exportación y del tipo de cambio real (cuán caro o barato está el dólar).
Haciendo un repaso histórico, durante buena parte de la primera década de los 2000, estas actividades enfrentaron un contexto relativamente favorable. El dólar era caro en términos reales (en 2007, por ejemplo, equivalía a más de $2.500 a precios actuales) y, al mismo tiempo, los precios de exportación tendían a crecer.




Actualmente ocurre casi lo contrario. El tipo de cambio real es relativamente bajo y los precios de exportación, descontada la inflación de Estados Unidos, se encuentran muy por debajo de los máximos alcanzados a comienzos de la década pasada.
En el primer semestre de 2026, los precios promedio de exportación del conjunto considerado se ubican, en términos reales, aproximadamente un tercio por debajo de los registrados en 2013.




Así, para Day, esto plantea una primera pregunta. Si se trata de productos muy heterogéneos, ¿por qué los precios han disminuido en tantos casos?
“No parece haber una única explicación, justamente porque cada producto enfrenta un mercado diferente. Sin embargo, hay dos fuerzas que se repiten en varias actividades. Por un lado, el menor dinamismo de la demanda internacional, particularmente de la demanda china, cuya expansión había sido un importante impulso para numerosos alimentos durante las décadas anteriores. Por otro, el aumento de la oferta mundial, asociado tanto a mayores niveles de producción como al ingreso y crecimiento de nuevos competidores”, explica el economista.
Además, considera que parte de la caída del precio promedio puede responder a cambios en la composición de las exportaciones, hacia productos o destinos de menor valor.



Por lo tanto, aunque no exista un “precio internacional” común para estas economías regionales, en varios mercados se repite una combinación similar: una demanda menos dinámica y una oferta más abundante. Esto contribuye a explicar por qué la baja de precios ha resultado bastante generalizada.
PERO IGUAL LOS ENVÍOS CRECEN




De este manera, “la sorpresa está en las cantidades”, porque “frente a precios reales más bajos y un dólar menos competitivo, cabría esperar una reducción importante de las exportaciones. Sin embargo, los datos muestran algo diferente“, agrega Day.
Según el investigador, luego de caer durante buena parte de la década pasada, las cantidades exportadas se recuperaron con fuerza en los últimos años. En el primer semestre de 2026, el índice agregado se ubica en un nivel muy próximo al de 2013.




Esta recuperación no ha sido homogénea. El gráfico por productos muestra diferencias muy marcadas. Algunos lograron aumentar fuertemente sus cantidades aun enfrentando menores precios, mientras otros continuaron retrocediendo.




Ahora bien, ¿por qué algunos productos lograron aumentar fuertemente sus exportaciones en un contexto menos favorable?

En este caso, Day sostiene también que “no existe una única explicación”. “En algunos casos pueden estar apareciendo los resultados de inversiones realizadas años atrás y mejoras de productividad; en otros, la apertura de nuevos mercados o una mayor inserción comercial”, responde.

También -agrega- inciden condiciones particulares de cada mercado mundial, como una menor oferta de competidores —por ejemplo, por problemas climáticos en otros orígenes—, aunque este tipo de ventana suele ser más transitoria que estructural, y puede revertirse cuando esos competidores recomponen su producción.



Finalmente, una actividad puede mantener e incluso aumentar su producción durante algún tiempo aun con menores márgenes, utilizando plantaciones y capacidad instalada ya existentes. Por eso, mayores cantidades exportadas no necesariamente implican que el negocio sea hoy más rentable, y una mejora de precios asociada a un problema pasajero en otro origen tampoco garantiza que se sostenga.
LAS ECONOMÍAS REGIONALES MÁS COMPLICADAS




De todos modos, Day insiste qne que la recuperación de las cantidades no alcanza a todos. Entre los productos con peor desempeño se destacan vinos fraccionados y manzanas, que registran disminuciones en los volúmenes exportados y precios reales débiles. Cuando una situación de este tipo se prolonga, el ajuste no queda limitado a las exportaciones. Parte del menor precio recibido por el producto final termina trasladándose hacia atrás dentro de la cadena productiva.
El caso del vino es ilustrativo. Si una bodega recibe menos por el vino que comercializa, una forma de amortiguar el deterioro de su margen es pagar menos por la uva. De esta manera, parte del ajuste recae sobre el productor primario, que termina recibiendo precios muy bajos por su producto.
Algo similar ocurre en otras actividades frutícolas. Cuando el valor del producto final permanece deprimido durante varios años, disminuye el precio que puede recibir el productor por su materia prima. Si la rentabilidad continúa deteriorándose, se reducen las inversiones y comienza a salir superficie de producción.
Por eso, en algunos de los sectores más afectados, la caída de precios y exportaciones viene acompañada también por una reducción de la superficie cultivada. Es una señal más preocupante que una disminución circunstancial de las ventas externas, porque implica una contracción de la capacidad productiva.
MIRANDO AL FUTURO DE LAS ECONOMÍAS REGIONALES




Bajo todo este panorama, Day se hace la pregunta final: ¿Qué puede esperarse hacia adelante?
Por el lado del tipo de cambio, afirma que no parece razonable esperar una mejora sustancial de competitividad en el corto plazo. El escenario macroeconómico apunta a un dólar real que continuaría relativamente bajo, por lo que las economías regionales difícilmente puedan descansar en una fuerte mejora cambiaria.
En este contexto, la recuperación de precios que comenzaron a mostrar algunos productos no resulta contradictoria, aunque sí frágil. En varios casos parece responder menos a una mejora de la demanda internacional —poco probable en un escenario de mayores tensiones comerciales, aranceles y restricciones— que a una oferta más ajustada en otros países, afectados por problemas puntuales de cosecha.
“La diferencia es importante: una mejora impulsada por mayor demanda tendería a ser más persistente; una originada en faltantes circunstanciales de competidores puede revertirse cuando éstos recuperen su producción”, describe.
Sucede que todavía es temprano para determinar si estas mejoras de precio se consolidan o si se trata de ventanas puntuales que se cierran a medida que la oferta mundial se normaliza. De todas formas, constituyen un dato a seguir, especialmente luego de varios años de deterioro.
En síntesis, el escenario del “otro agro” presenta señales mixtas. Los precios reales y el tipo de cambio son considerablemente menos favorables que durante la década de 2000, pero las cantidades exportadas han mostrado una recuperación mayor a la esperada.
Las exportaciones del agro empujan con fuerza: 117 productos hicieron récord en el primer semestre

La clave es que esa recuperación no resulta homogénea. Algunos productos parecen haber logrado responder mediante mayores volúmenes, posiblemente asociados a mejoras de productividad e inversiones realizadas anteriormente. Otros, especialmente vinos y manzanas, continúan enfrentando un proceso de ajuste que ya alcanza a los precios de la materia prima y a la superficie productiva.
Con un dólar que difícilmente aporte una mejora significativa, el desempeño futuro dependerá cada vez más de la productividad, los costos, la diferenciación de los productos y la capacidad de ganar mercados en un contexto internacional que, por ahora, tampoco luce sencillo.


Fuente: InfoCampo